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Un informe de CNN revela bulldozers, fosas sin marcar y personas palestinas desaparecidas en el Zikim crossing
En Gaza no hay silencio, hay arena removida. No hay paz, hay cuerpos empujados bajo la tierra. Mientras la comunidad internacional discute resoluciones, Israel mantiene un método de guerra que degrada incluso a quienes ya no pueden defenderse. CNN lo documenta en una investigación estremecedora publicada el 3 de diciembre de 2025, que muestra cómo el ejército israelí habría empujado, enterrado o abandonado cadáveres de palestinas y palestinos que buscaban comida junto al cruce de Zikim durante el verano. Lo cuenta CNN.
No hablamos de un episodio aislado. Hablamos de un patrón. Hablamos de cuerpos aplastados por bulldozers, de fosas superficiales sin marcar, de familias que llevan seis meses esperando saber si su hijo desaparecido está vivo o yace bajo la arena revuelta por una máquina militar. Hablamos del hambre convertida en trampa mortal.
“Perdóname mamá si me pasa algo”, dejó escrito Ammar Wadi, de Gaza, en la pantalla de inicio de su móvil antes de salir a por una bolsa de harina. Nunca regresó. Su familia recibió el teléfono semanas después. Nada más.
CNN ha verificado centenares de vídeos y fotografías, ha entrevistado testigos, conductoras y conductores de camiones de ayuda, antiguos soldados israelíes y personal de defensa civil. Todo apunta a un mismo escenario: disparos indiscriminados, cuerpos abandonados, bulldozers empujándolos a fosas improvisadas o cubriéndolos bajo montículos de arena.
Y sí, según el derecho internacional, esto puede constituir un crimen de guerra.
CUERPOS DESAPARECIDOS, ARENA ALTERADA, AUXILIO IMPOSIBLE
El verano en Gaza no trajo alivio. Trajo fuego. Las y los palestinos hambrientos corrían con sacos de harina mientras se oían disparos procedentes de posiciones del IDF, a una distancia de 340 metros, según el análisis acústico del experto Robert Maher. Cifras y coordenadas que no permiten eufemismos: se disparó a civiles desarmados.
Las imágenes verificadas por CNN muestran camiones de ayuda volcados, cuerpos parcialmente enterrados, perros comiendo restos humanos, zonas donde la defensa civil solo pudo recuperar 15 cadáveres porque la ambulancia no daba para más. Otros 20 se quedaron allí, expuestos al sol, la arena y la deshumanización.
Un conductor de camión de ayuda lo explica sin rodeos: “Veo muertos cada vez que paso por Zikim. He visto bulldozers israelíes enterrando cuerpos”.
Las excavadoras están presentes desde junio hasta septiembre, justo después de la apertura de la ruta de ayuda. La actividad no siempre se corresponde con despejar caminos. A veces aparecen montículos de tierra sin explicación, como el de 30 metros cuadrados a 400 metros del camión volcado donde se encontraron cuerpos días antes.
Los testigos describen Zikim como “el Triángulo de las Bermudas”. Cualquiera que cae allí desaparece. Nadie sabe nada. No hay registros. No hay marcadores. No hay duelo posible.
TESTIMONIOS DEL PROPIO EJÉRCITO: ENTERRAR PARA BORRAR
Las y los testigos palestinos no son las únicas fuentes. Exmiembros del ejército israelí han hablado con CNN bajo condición de anonimato. Dos soldados, desde diferentes unidades y momentos del conflicto, describen situaciones en las que se utilizaron bulldozers D9 para cubrir cuerpos con arena, sin identificarlos ni registrar su ubicación.
Uno recuerda nueve cadáveres alrededor de su base en el corredor de Netzarim en 2024. Dos días bajo el sol. El olor insoportable. Perros llevándose extremidades.
La orden llegó: “Cubridlos con arena”. Sin fotos. Sin geolocalización. Sin humanidad.
Otro soldado, capitán, reconoce que nunca recibió protocolos sobre cómo tratar cuerpos de civiles o combatientes palestinos. Cuando uno bloqueó una carretera, se decidió empujarlo a un hoyo con un bulldozer. Un gesto técnico, casi administrativo, carente de dimensión humana.
Estos relatos coinciden con otros episodios ya documentados en Gaza:
– Cientos de cuerpos hallados en fosas del Hospital Nasser en 2024
– Cementerios palestinos arrasados en al menos 16 ocasiones, según otra investigación de CNN
– Cuerpos desaparecidos tras ataques contra convoyes de trabajadores humanitarios
El patrón es claro. Desaparición, deshumanización, borrado.
Y el silencio de Israel sobre estos casos es tan explícito como el ruido mecánico de un bulldozer empujando tierra sobre un cuerpo sin nombre.
La investigadora Janina Dill, del Oxford Institute for Ethics, Law and Armed Conflict, lo resume con precisión quirúrgica:
“Si se mutilan o tratan los cuerpos de forma que viole su dignidad, puede constituir un crimen de guerra.”
Eso es lo que está en juego.
Mientras tanto, las familias esperan. Las madres y los padres preguntan. Las y los hermanos recorren los bordes del cruce militarizado buscando fragmentos, prendas, señales. Nada vuelve. Nada responde.
La madre de Ammar lo dice sin levantar la voz:
“Aceptamos lo que Dios ha escrito, pero queremos saber qué le pasó a nuestro hijo.”
En un territorio cubierto de fosas sin nombre, esa respuesta puede estar enterrada a pocos metros, bajo un montículo de arena removida por una máquina que nunca debió tocar un cadáver humano.
Cuando lo que desaparece ya no es solo la vida, sino la posibilidad de memoria, queda un vacío que no se llena con resoluciones. Ni con excusas. Ni con comunicados de rutina.
Queda un vacío que grita incluso cuando nadie quiere escucharlo.
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