Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
«El acto de votar no es solo un derecho, sino también una responsabilidad»
La danza caprichosa de la democracia a veces nos lleva en una dirección inesperada, arrastrados por los vientos cambiantes de la opinión pública. En un reciente giro del destino, este viento ha soplado con fuerza hacia la derecha, favoreciendo al Partido Popular (PP) en las elecciones municipales y autonómicas. Resulta desconcertante en un territorio que ha experimentado un progreso social considerable gracias a las políticas de izquierdas, manifestado en la expansión de los derechos y la elevación del Salario Mínimo Interprofesional, entre otros avances.
En su debut en la arena estatal bajo la dirección de Alberto Núñez Feijóo, el PP ha desplegado una actuación que ha superado las previsiones más optimistas. Conquistando un 31,4% de los votos, el PP ha salido victorioso de las elecciones municipales, con un aumento de casi 9 puntos en comparación con 2019.
Aunque el PSOE ha logrado retener el 28,3% de los apoyos, un descenso leve de 1,1% respecto a hace cuatro años, el PP ha conseguido desbancar a la izquierda en las Comunidades Autónomas de Valencia, Baleares, Cantabria y La Rioja.
La derecha ha logrado quitarle el poder municipal a la izquierda en bastiones significativos como Valencia, Sevilla o Valladolid. En Barcelona, Xavier Trias ha logrado la mayor parte de los escaños, aunque aún se requiere la combinación de las fuerzas de izquierdas de PSC, Barcelona en Comú y ERC para otorgar el mando al socialista Jaume Collboni.
TALANDO DERECHOS
El verdadero error, sin embargo, radica en el corto recuerdo de los votantes. ¿Cómo pueden pasar por alto los escándalos de corrupción del PP, su negacionismo climático o su política de recortes de derechos? El acto de votar no es solo un derecho, sino también una responsabilidad que exige un escrutinio cuidadoso de los candidatos y los partidos políticos. Se trata de un deslizamiento inquietante que lleva a un abismo de impunidad y erosión de la integridad política.
La pérdida de poder de la izquierda en importantes ciudades como Valencia, Sevilla o Valladolid sugiere que los votantes pueden haber pasado por alto los escándalos de corrupción. La situación en Madrid y en comunidades como Aragón y Extremadura también está pendiente de los votos de los ciudadanos. El votar sin tener en cuenta los problemas del pasado es un error. La falta de consideración por los escándalos de corrupción y las acciones que han socavado los derechos de los ciudadanos es, sin duda, un error de juicio por parte de los votantes.
En palabras del célebre escritor y filósofo George Orwell: «En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario». Pero ¿qué pasa cuando aquellos que se supone deben representar la verdad están empapados en la sombra de la corrupción?
El legado de la corrupción del Partido Popular es tan largo como escandaloso, y los ciudadanos, en su afán por un cambio, parecen haber olvidado o minimizado este hecho. La corrupción no es un pecadillo político, es un cáncer que carcome el tejido social y debilita la confianza en nuestras instituciones.
La corrupción política es, esencialmente, un robo a la ciudadanía, y debemos considerarla como tal. Cada euro malversado es un euro menos para la educación, la salud, el desarrollo sostenible o la justicia social. ¿Cómo podemos, entonces, dejar que los partidos manchados por la corrupción gobiernen nuestras ciudades y regiones, decidan sobre nuestros derechos y nuestro futuro?
¿QUÉ SE PERDIÓ EN EL CAMINO HACIA LA DERECHA?
En esta enrevesada odisea política hacia las coordenadas derechistas, parece que hemos extraviado algo esencial en la penumbra de la senda. Al igual que en la célebre metáfora de la caverna de Platón, hemos quedado ensimismados en las sombras de la corrupción y el despotismo, perdiendo de vista las brillantes luces de la transparencia y la responsabilidad.
La fulgurante subida de la derecha no es simplemente un cambio de dirección política, es más bien un desvío ominoso desde el camino pavimentado con los bloques de la decencia política hacia un sendero sinuoso, lleno de trampas y oscurecido por las sombras de los escándalos de corrupción.
En esta curva ciega hacia la derecha, hemos perdido el norte de la justicia social y la igualdad. Hemos ignorado los indicadores de desvío y hemos continuado obstinadamente por una vía que se bifurca hacia el desprecio por los derechos civiles y las políticas de igualdad.
La senda derechista, orillada con los restos marchitos de las promesas incumplidas y regada con el licor amargo de la avaricia política, parece haberse convertido en un atajo hacia un futuro incierto, dejando a la ciudadanía en una encrucijada existencial.
¿Hemos perdido nuestra brújula moral en este recodo hacia la diestra? ¿Hemos dejado atrás los valores esenciales de la honestidad, la transparencia y la responsabilidad en el camino? Si es así, necesitamos reevaluar nuestra trayectoria y realinearla con los pilares de una sociedad equitativa, libre de corrupción.
La odisea hacia la derecha, lejos de ser un viaje enriquecedor, se ha convertido en un laberinto de espejos que distorsionan nuestra percepción de la realidad y oscurecen las imperfecciones de los líderes que elegimos. Es hora de enfrentar este engaño, rechazar las sombras en las que nos hemos sumergido y dirigirnos hacia la luz de la verdad y la integridad.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
El Financial Times retrata el Madrid de Ayuso: una capital convertida en escaparate para ricos
El Financial Times ha puesto palabras —y bastante incómodas— a lo que en Madrid se ve desde hace tiempo caminando por sus barrios: la capital se ha convertido en una ciudad de moda, sí, pero también en una máquina de triturar vida cotidiana. El diario británico, fundado en 1888 y con más de dos millones de lectores diarios, ha dedicado un amplio reportaje a la Comunidad de Madrid y a la transformación de una ciudad que ya no se vende solo como capital administrativa, sino como refugio dorado para turistas, inversores, nómadas digitales y fortunas extranjeras.
El enlace al análisis original es este: https://www.ft.com/content/8955cbef-afe8-4c9f-8381-b279c7f4c2c0
La postal es muy bonita, claro. Fachadas luminosas, terrazas llenas, museos, gastronomía, sol, barrios “vibrantes”, ese vocabulario tan de folleto para gente que puede pagar 3.000 euros al mes por vivir donde antes vivía una familia trabajadora. Pero detrás del brillo aparece la pregunta de siempre. La pregunta sucia. ¿Quién gana con este modelo y quién se queda mirando desde fuera?
Porque Madrid crece. Madrid atrae. Madrid se llena de dinero. Pero no todo crecimiento es prosperidad. A veces es simplemente expulsión con camareros sonrientes, copas caras y apartamentos turísticos.
Siempre es igual: tocar poder para cobrar más
Siempre es igual. Llegan hablando de “gasto político”, de “burocracia”, de “chiringuitos”, de “administración elefantiásica”. Llegan con la motosierra en la boca y la calculadora en el bolsillo. Pero cuando pisan moqueta, la motosierra desaparece. La calculadora, no. La calculadora sirve para otra cosa: para repartir cargos, levantar nuevas direcciones generales, abrir despachos, colocar nombres y convertir la promesa de austeridad en una nómina pública más abultada.
El segundo Gobierno de coalición de PP y Vox en Castilla y León no ha venido a adelgazar nada. Ha venido a ocupar. El 29 de junio, en un Consejo de Gobierno extraordinario que ni siquiera fue comunicado previamente, el Ejecutivo de Alfonso Fernández Mañueco aprobó una nueva estructura autonómica que rompe su propio techo: por primera vez, los altos cargos superarán el centenar. La derecha que decía venir a desmontar el “gasto político” acaba de construir una administración con al menos 105 personas en la cúpula: presidente, vicepresidenta, diez consejeros y consejeras, once viceconsejerías, diez secretarías generales, 63 direcciones generales o cargos asimilados y nueve delegados territoriales.
El PP agita el fantasma del pucherazo contra los nietos del exilio
Alberto Núñez Feijóo llamó este lunes 29 de junio “ingeniería electoral” a la llamada ley de nietos. Conviene traducirlo: el Partido Popular ha decidido presentar como maniobra oscura una vía de nacionalización incluida en la Ley de Memoria Democrática, vigente desde 2022, que permite obtener la nacionalidad española a descendientes de personas exiliadas durante el franquismo y otros periodos históricos. No hay pruebas de pucherazo. No hay una trama acreditada. No hay una manipulación demostrada. Hay, otra vez, una derecha fabricando sospecha sobre el voto cuando teme que las urnas no le pertenezcan.
La acusación no nace sola. Vox abrió el camino y el PP se colocó al lado sin demasiados remilgos. Feijóo lanzó la idea en el programa de Federico Jiménez Losantos: Pedro Sánchez estaría buscando “nuevos votantes” porque “no le salen las cuentas”. Viejo truco. Si votan los míos, democracia. Si pueden votar otros, ingeniería. El sufragio deja de ser un derecho y pasa a ser una amenaza cuando no se puede controlar políticamente.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir