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Mientras Ghani abandona el país, a la mayoría de habitantes de Kabul y de desplazados internos les tocará ver cómo los insurgentes se abalanzan sobre la ciudad
Lo peor que podía pasar ha pasado. Tras horas de asedio, los talibán han entrado en la capital afgana. Los líderes de los insurgentes han ordenado a los combatientes que avancen sobre Kabul para «evitar saqueos», después de que la policía local haya abandonado sus puestos.
Asimismo, los talibán han anunciado haber tomado el palacio presidencial, aunque el gobierno afgano aún no ha confirmado este punto. El presidente del país, Ashraf Ghani, ya ha abandonado el país con destino a Tayikistián.
Mientras Ghani abandona el país, a la mayoría de habitantes de Kabul y de desplazados internos, como los 120.000 que llegaron a la capital sólo durante este año, les tocará ver cómo los insurgentes se abalanzan con prácticas extremistas, sobre sus vidas, sin que su ejército ni un Estados Unidos a la fuga puedan hacer nada para evitarlo. Este es un momento amargo para muchos con lazos con el exterior, que ahora se ven privados incluso de una visa para salir del país y rehacer sus vidas.
Los radicales informaron de que las órdenes eran «mantenerse en las puertas de Kabul, no intentar entrar en la ciudad hasta la conclusión del proceso de transición». Los talibán enfatizaban en su comunicado que «dado que la capital está densamente poblada, los muyaidín del Emirato Islámico no tienen intención de entrar en la ciudad por la fuerza o con guerra, sino hacerlo pacíficamente a través de una negociación en curso, para asegurarse de que un proceso transitorio se completa de forma segura, sin comprometer vidas, propiedad o el honor de nadie, y sin poner en riesgo las vidas de los kabulíes».
Prometen los radicales que «todos los que han servido en el ejército, la policía y los sectores civiles de la administración serán perdonados y estarán seguros», confirmando sus intenciones de ser reconocidos no solo como fuerza militar, sino también como fuerza política.
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