Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Mientras miles de inocentes languidecen en cárceles salvadoreñas, el Gobierno libera a líderes pandilleros que fueron sus aliados en la conquista del poder.
Carlos Cartagena López, conocido como Charli de IVU, ha roto el silencio. Líder de la facción Revolucionarios del Barrio 18, uno de los grupos más sanguinarios de El Salvador, fue liberado en secreto por orden del Gobierno y ha ofrecido una entrevista con rostro descubierto a El Faro. Durante 41 minutos relató, entre sonrisas y frases en camiseta Nike, cómo las maras impulsaron la carrera política de Nayib Bukele. No es una acusación sin fundamento, es una confesión de primera mano. El ascenso del autócrata salvadoreño está manchado de sangre y pactos con asesinos.
Charli asegura que el primer contacto con el entorno de Bukele se produjo en 2014, cuando el entonces desconocido regidor de Nuevo Cuscatlán se postulaba para la alcaldía de San Salvador. La lógica era clara: “quien domina San Salvador, domina todo”. El nexo fue Carlos Marroquín, alias Slip, un artista urbano devenido en operador político. Según Charli, Marroquín alertaba de operativos policiales, llevaba obras públicas a las comunidades controladas por el Barrio 18 y servía como emisario de Bukele para ganarse la simpatía de los pandilleros.
A cambio, las pandillas debían entregar votos, intimidar a la oposición y controlar el territorio electoralmente. La democracia se transformó en una caricatura controlada por la extorsión y el miedo. El presidente, que hoy presume de mano dura, cimentó su camino a la silla presidencial abrazando las lógicas del crimen organizado. Es un hecho corroborado por investigaciones del Departamento de Estado estadounidense, que sancionó a Marroquín y a Osiris Luna, director de Centros Penales, por sus negociaciones con la Mara Salvatrucha 13 y el Barrio 18 en 2021.
Tras ganar la alcaldía y conquistar el centro histórico de San Salvador —su vitrina política— Bukele replicó el método en su camino al poder central. La promesa de reducción de homicidios, que le granjeó apoyo internacional, fue el resultado directo del mantenimiento de esos pactos. La supuesta paz era una tregua criminal encubierta. Y la guerra contra las pandillas, lanzada en marzo de 2022 tras una masacre de 87 personas, fue el resultado de la ruptura del acuerdo.
REPRESIÓN SELECTIVA Y SILENCIO CÓMPLICE
Desde esa masacre, al menos 85.000 personas han sido detenidas bajo un régimen de excepción brutal, sin derecho a defensa ni juicio, muchas por meras denuncias anónimas o tatuajes. Más de 400 han muerto en prisión. Algunas fueron torturadas, otras abandonadas sin asistencia médica. La cárcel se ha convertido en fosa común para jóvenes pobres, vendedores ambulantes, vecinos y vecinas de zonas populares. Pero a los peces gordos del crimen, el Gobierno les abre la puerta trasera.
Charli fue capturado el 21 de abril de 2022, acusado de un homicidio y 46 extorsiones. Según la revista Elementos, fue liberado minutos después y escoltado a su casa “por orden superior”. Su entrevista se publicó días después. ¿Por qué un líder con semejante historial recibe protección del Estado mientras la población empobrecida es arrojada al infierno penitenciario sin pruebas? Porque el régimen no encarcela por peligrosidad, encarcela por utilidad política.
El caso de Charli no es una excepción. Elmer Canales Rivera, alias Crook, uno de los jefes mundiales de la MS-13, también fue liberado en secreto, trasladado a Guatemala y detenido nuevamente en México en noviembre de 2023. La complicidad estatal quedó al desnudo. Más aún, CNN reveló que el hermano del presidente ofreció un 50% de descuento a la administración Trump para usar su megacárcel en la deportación de migrantes a cambio de la devolución de nueve cabecillas bajo custodia estadounidense. La cárcel, que Bukele presenta como símbolo de justicia, es en realidad una moneda de cambio geopolítica.
Mientras las cárceles se llenan de madres, adolescentes y obreros sin recursos, los verdaderos responsables del horror reciben favores, inmunidad y cámaras. Bukele ha transformado la represión en espectáculo, y el control social en campaña electoral permanente. Su guerra contra las maras ha sido —y sigue siendo— una puesta en escena donde la brutalidad se convierte en mercancía política.
Los testimonios de Charli y otro líder anónimo del Barrio 18 coinciden con investigaciones fiscales, audios filtrados, fotografías y documentos de inteligencia penitenciaria. La historia es contundente: Bukele no derrotó a las pandillas, las usó como trampolín. Las utilizó para consolidar su poder y cuando dejaron de ser útiles, las arrojó al abismo. Pero no a todas. A algunas las sigue protegiendo. A las que más saben.
El relato de Bukele como redentor del pueblo salvadoreño se tambalea frente a la evidencia. No se puede entender su ascenso sin comprender su sociedad con el crimen. No es un caudillo heroico, es un político que pactó con la sangre para gobernar con la mentira. La pregunta no es si el pacto existió, sino cuántos más fueron liberados en secreto y cuántas más muertes son el precio de su poder absoluto.
Porque no hay reforma, ni cárcel, ni megavídeo que borre el hecho de que el régimen de Bukele se sostiene sobre cadáveres y favores a criminales.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir