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Una profesora asegura que los niños juegan en el recreo a las pruebas violentas de la trama de la serie, que está recomendada para mayores de 16 años por su violencia.
Desde su estreno el pasado 17 de septiembre, «El juego del Calamar», una violenta serie surcoreana ha ido escalando posiciones hasta colocarse en lo más visto de Netflix, con 111 millones de visionados en apenas un mes.
Dado el grado de sangre, muerte y asesinatos que se muestran a lo largo de su metraje, su visionado está recomendado para mayores de 16 años. Su trama narra la historia de diferentes personas en riesgo de exclusión que arriesgan su vida en una competición de supervivencia alrededor de tradicionales juegos de niños.
El problema es que ha conseguido colarse en los recreos de los colegios entre niños de primaria. @Piruletadementa, una profesora de niños de 9 años que ha visto a varios alumnos de su centro practicando los juegos que aparecían en la serie. «Juego con cancioncita incluida y disparos simulados a los participantes, cayéndose al suelo simulando estar muertos. Como en la serie», ha señalado la profesora.

Llevo unos días que estoy en shock. La serie "El juego del calamar" está petándolo muy fuerte entre los niños de colegio. Abro HILO ⬇️
— Piruleta de menta (@Piruletadementa) October 8, 2021
Por ello, ha querido echar una buena reprimenda a los padres a través de un hilo de Twitter: «Llevo unos días que estoy en shock. La serie «El juego del calamar» está petándolo muy fuerte entre los niños de colegio. Abro HILO».
«Nos dimos cuenta hace un par de días de que los niños de 8 y 9 años ( 3°-4° de Primaría)estaban jugando a lo que en apariencia parecía el juego de Un, dos, tres, pollito inglés. Al fijarnos mejor vimos que se trataba del juego luz roja, luz verde de la serie ‘El juego del calamar’.
«Juego con cancioncita incluida y disparos simulados a los participantes, cayéndose al suelo simulando estar muertos, como en la serie».
«Los profes que no habían visto la serie, no sabían de qué iba la historia y les parecía un juego inocente. A los que la hemos visto nos recorrió un escalofrío por el cuerpo».
«A partir de ahí, decidimos indagar hasta donde llegaba el tema y de forma aparentemente casual. Preguntamos en clase qué película o serie habían visto últimamente. Al salir ‘El juego del calamar’ y preguntar quién la había visto, más de la mitad lo había hecho…».
«Hablamos de niños de 8- 9 años. Al preguntar cómo la habían visto la mitad dijo que la había visto solos en su móvil. La otra mitad la han visto ¡CON SUS PADRES!».
«¿Qué cojones hace un niño de 8 o 9 años con un móvil con internet para poder ver lo que le da la gana a la hora que le da la gana ( alguno lo veía de madrugada)? ¿Desde cuándo es normal que un móvil sea un regalo de comunión o de cumpleaños a esa edad?».
«Y lo que es todavía más espeluznante. ¿Cómo padres y madres aparentemente normales ven lógico ver esta serie sentados en el sofá junto a su hijo de esa edad?¿Qué tienen en el cerebro?».
«¿Qué valores estamos trabajando los docentes a diario para que luego desde sus casas vean normal que niños tan pequeños vean esas escenas de violencia tan bestiales? Se nos quitan las ganas de todo».
«Y cuando ves la mierda de sociedad en la que estamos nos dan ganas de dejar la docencia, dar un portazo y decir: ¡Ahí os quedáis, que esta lucha ya nos supera!».
«Que íbamos a salir mejores, decían…».
«¡Y un cuerno! Una sociedad en la que muchos padres les dan un móvil o una tablet a su hijo para que no moleste y esté calladito.C ada vez antes. Y la educación ya que se la den en el cole, que para eso están los profesores».
«Pues os advierto que con esta situación poco podemos hacer nosotros. Luchando cada día contracorriente. Padres y madres, nos espeluzna que veáis bien normalizar la violencia. Nos horroriza y nos harta».
La profesora ha zanjado el hilo dirigiéndose directamente a los padres para que cumplan con sus deberes como progenitores: «Y no, no nos pagan para aguantar tanta estupidez e irresponsabilidad. Haced de padres y madres. Cumplid con vuestra parte. Que esto se va al carajo».
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