Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La historia de Richard James Verone no habla de delincuencia: habla de un país donde enfermar puede ser una condena económica.
EL ROBO MÁS PEQUEÑO Y LA ACUSACIÓN MÁS GRANDE
El 9 de junio de 2011, Richard James Verone salió de su casa en Gastonia, Carolina del Norte, y entró en un banco. Tenía 59 años. No llevaba una banda detrás, ni un plan para desaparecer, ni una bolsa para llenarla de billetes. Llevaba una nota. En ella pedía 1 dólar. Solo 1 dólar. Después se sentó a esperar a la policía.
La escena parece absurda hasta que se entiende. Y entonces deja de parecer absurda para convertirse en una denuncia. Verone no quería hacerse rico. Quería que lo detuvieran. Había perdido el trabajo, no tenía seguro médico y arrastraba problemas de salud que en cualquier país decente deberían abrir la puerta de un hospital, no la de una celda. Tenía un bulto doloroso en el pecho, dos discos rotos en la espalda, artritis y problemas en un pie. ABC News recogió que pidió 1 dólar para dejar claro que su motivo era médico, no económico, y que esperaba una condena de unos 3 años para recibir atención sanitaria en prisión.
Hay algo obsceno en esa lógica. No porque Verone manipulara el sistema, como él mismo admitió con una frialdad casi administrativa, sino porque el sistema ya lo había manipulado a él antes. Primero le quitó el empleo. Luego le quitó el seguro. Después le dejó el dolor. Y al final le ofreció una salida: si eres pobre y estás enfermo, quizá la cárcel sea más accesible que un hospital.
The Guardian resumió la historia con una frase que debería dar vergüenza a cualquier democracia: un hombre desempleado y sin seguro médico se hizo arrestar para poder recibir tratamiento. No fue un arrebato. Fue una estrategia de supervivencia. Cuando una persona tiene que cometer un delito ridículo para conseguir una consulta, el delito verdadero no está en el banco. Está en el modelo sanitario.
Lo más brutal es que Verone no se escondió. No huyó. No fingió una violencia real. Según las informaciones publicadas entonces, entregó la nota, pidió el dinero mínimo y esperó sentado. Casi como quien espera turno en urgencias. Pero en Estados Unidos, para demasiada gente, el mostrador de admisión tiene forma de comisaría.
EL PAÍS QUE GASTA MÁS Y CUIDA PEOR
Estados Unidos no tiene un problema de falta de dinero. Tiene un problema de reparto del dinero. La OCDE calcula que en 2024 el país gastó 14.885 dólares por persona en sanidad, frente a una media de 5.967 dólares en la OCDE. También destinó el 17,2% del PIB a salud, casi el doble del 9,3% de la media. Es decir: dinero hay. Lo que no hay es derecho universal. Hay mercado. Hay aseguradoras. Hay facturas. Hay intermediarios cobrando peaje por respirar.
La gran estafa está ahí. Se vende como “libertad de elección” lo que en realidad es una libertad bajo amenaza. Puedes elegir médico, dicen. Claro. Si puedes pagarlo. Puedes elegir hospital, dicen. Claro. Si tu seguro lo cubre. Puedes elegir tratamiento, dicen. Claro. Si antes atraviesas deducibles, copagos, autorizaciones, redes cerradas y facturas que convierten una enfermedad en una hipoteca sin casa.
Entre enero y junio de 2025, 27,5 millones de personas en Estados Unidos no tenían seguro médico, el 8,2% de la población. Entre las personas adultas de 18 a 64 años, eran 23,6 millones, el 11,6%. No son casos aislados. No son errores administrativos. Son millones de vidas colocadas al borde del abismo por un sistema que llama “cliente” a quien debería llamar paciente.
Y ni siquiera tener seguro garantiza estar a salvo. KFF señala que en 2024 el 38,6% de las personas adultas sin seguro retrasó, evitó o directamente no recibió atención médica o medicación necesaria por el coste. Entre quienes tenían cobertura privada, la cifra también era escandalosa: 17,0%. Entre quienes tenían cobertura pública, 18,8%. Esto es importante: el problema no es solo quedarse fuera del sistema. El problema es que incluso dentro, muchas y muchos pacientes siguen chocando contra una caja registradora.
KFF recoge otro dato todavía más feroz: 3 de cada 4 personas adultas sin seguro menores de 65 años dijeron haber saltado o pospuesto atención médica necesaria por el coste. En total, el 36% de las personas adultas afirmó haber evitado o retrasado cuidados en los últimos 12 meses por no poder pagarlos. Y entre quienes tenían seguro, alrededor de 4 de cada 10, el 37%, también dejaron de recibir atención necesaria por el precio. Esto no es sanidad. Es una subasta de cuerpos.
La enfermedad también deja deuda. KFF Health News, junto a NPR y CBS News, documentó que más de 100 millones de personas en Estados Unidos arrastran facturas médicas que no pueden pagar, una cifra que equivale al 41% de las personas adultas. No hablamos de lujos. Hablamos de ambulancias, operaciones, tratamientos, pruebas, medicamentos. Hablamos de gente que sobrevive a una enfermedad y luego tiene que sobrevivir a la factura.
Y ahí aparece otra capa de crueldad. En el país más rico del mundo, el 43% de las personas adultas declaró no haber tomado medicación como estaba prescrita por el coste: un 31% recurrió a medicamentos sin receta en vez de llenar una prescripción, un 27% no compró un medicamento recetado y un 19% partió pastillas o se saltó dosis. La farmacéutica cobra. La aseguradora filtra. El hospital factura. Y la persona enferma aprende a racionar dolor como si fuera pan en guerra.
Por eso la historia de Verone sigue golpeando 15 años después. Porque no es una rareza de 2011. Es una postal del capitalismo sanitario llevado hasta el esperpento. Un hombre pide 1 dólar no para robar un banco, sino para arrancarle al Estado una atención que el mercado le niega en libertad.
Richard James Verone no robó un banco: señaló con un dólar el precio moral de un país donde la cárcel puede parecer más humana que una aseguradora.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Taty Almeida no muere: deja una acusación eterna contra los verdugos y sus herederos
Taty Almeida murió el 14 de junio, a los 95 años, pero la noticia no puede escribirse como una necrológica amable. Sería casi una falta de respeto. Taty no fue una señora buena que “buscó a su hijo”. Fue una acusación viviente. Una mujer que convirtió el dolor en expediente político, la ausencia en pancarta y la maternidad en una forma de resistencia contra el Estado asesino, sus cómplices civiles y sus herederos ideológicos.
Su hijo, Alejandro Almeida, fue secuestrado y desaparecido el 17 de junio de 1975 por la Triple A, antes incluso del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Tenía 20 años. Era estudiante de Medicina, militante, poeta. Un joven al que le arrebataron la vida, el cuerpo, la historia y hasta el derecho elemental de tener una tumba. Ese fue el método. No bastaba con matar. Había que borrar. Borrar nombres, borrar pruebas, borrar vínculos, borrar madres. Y ahí fallaron.
Porque aparecieron ellas.
Begoña Gómez y el jurado popular: cuando la justicia se entrega a nueve ciudadanos sin herramientas suficientes
La causa contra Begoña Gómez ha dejado de ser solo una causa judicial. Hace tiempo que es otra cosa. Una pieza más en esa trituradora política, mediática y judicial donde la presunción de inocencia se convierte en estorbo, el procedimiento en espectáculo y la toga en decorado. El 15 de junio, la esposa del presidente del Gobierno compareció ante el juez Juan Carlos Peinado en una audiencia previa de carácter protocolario. Sobre la mesa, el posible juicio contra ella, contra su asesora Cristina Álvarez y contra el empresario Juan Carlos Barrabés por presuntos delitos de corrupción en los negocios, malversación, tráfico de influencias y apropiación indebida.
La fase de instrucción queda ya encaminada hacia la Audiencia Provincial de Madrid. Y ahí aparece la bomba procesal: un juicio con jurado popular. Es decir, nueve personas elegidas entre la ciudadanía podrían acabar decidiendo sobre un asunto contaminado desde hace meses por tertulias, titulares, filtraciones, bronca parlamentaria y esa mezcla tan española de ruido judicial y cálculo partidista. Qué podía salir mal.
Netanyahu sabotea el acuerdo mientras Israel sigue bombardeando Líbano
El acuerdo anunciado entre Estados Unidos e Irán tenía que abrir una rendija. No una paz justa, no una solución profunda, no el fin de la maquinaria de guerra que lleva décadas triturando Oriente Medio, pero al menos una pausa. Un freno. Algo parecido a respirar. Sin embargo, Benjamin Netanyahu ha decidido recordar al mundo quién manda cuando el militarismo se siente impune: Israel ha seguido atacando Líbano incluso después del anuncio del pacto.
Vídeo | Estrenamos reportaje contra la guerra cultural de la ultraderecha
Spanish Revolution estrena la primera parte del reportaje “¿Puede la ULTRADERECHA ganar la BATALLA CULTURAL?”, presentado por Patricia Salvador. Y la pregunta no es menor. Tampoco es una provocación para redes. Es una advertencia política en mitad de una época en la que la extrema derecha ya no necesita presentarse siempre con el uniforme completo. A veces le basta con hablar de “libertad”, “familia”, “patria”, “seguridad” o “sentido común” mientras va vaciando esas palabras de contenido democrático.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir