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Una encuesta revela el colapso ético de una sociedad que ha normalizado el genocidio como política de Estado
LOS DATOS QUE DESNUDAN EL CONSENSO DE ODIO
El 47% de los judíos israelíes estaría dispuesto a ver desaparecer a toda la población palestina de Gaza, asesinada hasta el último cuerpo. No es un titular sensacionalista. Es el resultado literal de una encuesta dirigida por el sociólogo israelí Tamir Sorek y financiada por la Universidad Estatal de Pensilvania. La realizó el grupo Geocartography Knowledge Group con una muestra representativa de 1.005 personas. Y las preguntas no dejaban margen a eufemismos: “¿Apoyaría usted que el Ejército israelí matara a todos los habitantes de Gaza?”. Casi la mitad respondió que sí.
El dato se publicó en Haaretz, uno de los pocos medios israelíes que no ha claudicado ante el fanatismo. Y entre los detalles más reveladores, otro número: el 82% de los encuestados está de acuerdo con la expulsión forzosa de toda la población palestina de Gaza. No con un muro, no con un aislamiento. Con una limpieza étnica en directo.
Y más allá de Gaza, el 56% también apoyaría echar a todas las personas palestinas que viven legalmente en Israel con ciudadanía israelí. Esto no es una disfunción de la ultraderecha. Es la sociedad en su conjunto, cruzando líneas que antes solo transitaban los rabinos supremacistas y los agitadores del odio.
La encuesta se ha convertido en una radiografía de la deshumanización: cada respuesta es un disparo contra el derecho internacional, contra la dignidad humana, contra el propio judaísmo que alguna vez sufrió la persecución que hoy justifica.
SUPREMACISMO RELIGIOSO COMO POLÍTICA DE ESTADO
El genocidio ya no es un límite moral en Israel. Es una propuesta electoral, un mensaje desde el púlpito y una conversación aceptada en sobremesas y tertulias. La raíz ideológica de este abismo se encuentra en el sionismo religioso y su lectura fundamentalista del Tanaj. La encuesta cita como justificación un versículo del libro de Josué: el exterminio completo de Jericó, incluidos niños, ancianas y animales. Hay quien lo toma como metáfora. Y hay quien exige reproducirlo literalmente.
Uno de los que lleva décadas promoviendo esa interpretación es el rabino Yitzchak Ginsburgh, líder espiritual del asentamiento ilegal de Yitzhar, al norte de Cisjordania. Su sermón de 2005, tras la retirada israelí de Gaza, ya anunciaba “una generación dispuesta a la violencia redentora”. En palabras de Haaretz, dos décadas después esa generación gobierna el país, diseña sus políticas y dispara los drones.
La izquierda laica israelí ha sido incapaz de articular una alternativa ética. Paralizada, residual, desfondada, asume como mal menor lo que en cualquier otra sociedad democrática sería inaceptable. No hay mayor fracaso político que rendirse al horror con racionalidad resignada.
Ese vacío lo han llenado los soldados. Con bombas y con balas. Y no solo sobre objetivos militares. Ayer mismo, el Ejército de Israel mató a 31 personas y dejó más de 100 heridas cerca de un puesto de reparto de comida de la Fundación Humanitaria para Gaza, según informó el Ministerio de Sanidad de la Franja. Hoy, el mismo crimen, el mismo lugar: tres nuevas muertes y 35 personas heridas esperando comida en Rafah. No es una tragedia. Es una estrategia.
Disparar contra personas hambrientas se ha convertido en un patrón de actuación. Disuadir el acceso al alimento, sembrar el pánico entre quienes hacen cola para sobrevivir, convertir los convoyes de ayuda humanitaria en dianas móviles. El hambre no es un daño colateral: es un arma de guerra deliberada, dirigida y reincidente.
Y todo esto no es nuevo. Es progresivo, metódico y documentado. Desde 2005, con la retirada militar de Gaza, la doctrina de la supremacía étnico-religiosa ha ganado espacio en las instituciones, en las sinagogas y en las casas. La encuesta solo pone cifras al odio. Y lo que muestran es que el genocidio ya no es el extremo, sino el centro del consenso político israelí.
Ese 47% que pide la muerte de todos los palestinos de Gaza no es una anécdota ni una burbuja. Es el espejo.
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Es que ustedes tambien se equivocan, el sionismo religioso no existe, es una falacia, como Israel no debe existir como entidad estatal, el sionismo usa preceptos religiosos para justificar su existencia y su genocida actuacion que no es nueva, ocurre hace mas de 80 anos y comenzon no en el 48 o 46 comenzo con el Acuerdo de Havara entre lideres sionistas y los nazis alemanes.
Diría más, comenzó antes de que llegara el encargado Sionista – inglés del Protectorados Británico q impusieron a Palestina.