Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una mujer de 82 años ganó dos veces en los tribunales al hombre más poderoso de Estados Unidos. Ahora el poder intenta ponerla a ella bajo sospecha.
CUANDO DECIR LA VERDAD SALE CARO
E. Jean Carroll no demandó a Donald Trump por gusto, por espectáculo ni por esa caricatura miserable que suele fabricar la derecha cuando una mujer se atreve a señalar a un hombre con poder. Lo hizo porque él la llamó mentirosa. Dos veces no. Muchas. Y porque hay una edad, una vida y una carrera entera en la que una persona ya no está dispuesta a aceptar que el abusador, o el acusado con despacho, altavoz y ejército mediático, sea también quien escriba el diccionario.
Carroll tiene 82 años. En 2019 denunció que Trump la había violado en un probador de Bergdorf Goodman, en Manhattan, a mediados de la década de 1990. La justicia civil no determinó violación, pero sí algo lo bastante grave como para que nadie decente mire hacia otro lado: en 2023, un jurado declaró a Trump responsable de abuso sexual y difamación y concedió a Carroll 5 millones de dólares. En 2024, otro jurado elevó la factura moral y económica del trumpismo: 83,3 millones de dólares por difamación, por sus ataques continuados en redes sociales. Y aun así, Carroll no ha recibido ni un céntimo.
Esa es la postal real del poder. Cuando pierde, apela. Cuando no puede negar, ensucia. Cuando una mujer resiste, la convierte en objetivo. Los abogados de Trump intentan revocar las sentencias, mientras el Departamento de Justicia ha abierto una investigación penal contra Carroll para determinar si cometió perjurio en las demandas civiles presentadas contra él. La señal es brutal. No basta con desacreditar a quien denuncia. Hay que advertir a las demás.
El documental Ask E. Jean, de Ivy Meeropol, estrenado ahora en Nueva York y con llegada a Los Ángeles el 29 de mayo, recupera una declaración privada de Carroll de 2022. La pregunta era sencilla y cruel: si temía que la arrastraran por el barro, por qué demandó a Trump. Ella respondió sin épica prefabricada: “Porque me llamó mentirosa”. Ahí está todo. No en una frase de marketing feminista, sino en una frontera básica de dignidad.
Carroll pertenece a esa generación educada para aguantar. Nació en 1943 y lo explica con una precisión que duele: cabeza alta, sonreír, seguir adelante. No quejarse. Reírse incluso. Esa risa, que en tantas mujeres fue un chaleco salvavidas ante la violencia masculina, se convirtió después en munición contra ella. Así funciona el patriarcado cuando se pone toga, plató y campaña electoral: primero obliga a sobrevivir como se pueda, luego juzga la forma exacta en que se sobrevivió.
EL PODER NO PERDONA A QUIEN NO SE ARRODILLA
Carroll no era una desconocida sin voz antes de Trump. Fue Miss de la Universidad de Indiana, Miss Cheerleader, primera mujer editora colaboradora de Playboy, columnista en Elle entre 1993 y 2019, presentadora de televisión, guionista de Saturday Night Live y autora de una biografía no autorizada de Hunter S. Thompson. Una vida hecha a codazos en industrias dominadas por hombres que confundían talento femenino con decoración tolerada.
El abuso que denunció no acabó en aquel probador. Continuó después, transformado en descrédito público. Trump, desde el jardín de la Casa Blanca, la llamó mentirosa, “chiflada” y dijo que no era su tipo. La frase tenía vocación de humillación. También de defensa. Pero durante su declaración se le mostró una fotografía de 1987 en la que aparecía junto a Ivana Trump, Carroll y John Johnson. Trump confundió a Carroll con Marla Maples. Su argumento del “no es mi tipo” se desplomó con una torpeza casi perfecta.
Hay un dato que conviene no perder: Trump ha sido acusado de conducta sexual inapropiada por unas 27 mujeres, acusaciones que él niega. La cifra no es una nota al margen. Es el contexto. Porque el trumpismo no es solo un proyecto político reaccionario. Es una pedagogía de la impunidad. Enseña que el dinero compra tiempo, que el ruido compra duda y que la duda, bien administrada, puede convertirse en absolución social aunque los tribunales hayan hablado.
La película de Meeropol también cuenta otra batalla menos visible: la dificultad de financiar el documental. Estudios y financiadores lo rechazaron por cansancio hacia Trump, por saturación del #MeToo o porque Carroll no era “lo suficientemente famosa”. Traducido: incluso cuando una mujer vence dos veces al expresidente de Estados Unidos, todavía puede parecer poco rentable contar su historia. Capitalismo cultural en estado puro. El dolor cotiza si tiene rostro vendible, campaña limpia y final cómodo. Si no, molesta.
El proyecto salió adelante con inversión independiente en 2023 y un presupuesto inferior a 2 millones de dólares. Meeropol y su equipo rescataron cintas VHS del sótano de Carroll y recuperaron otros 25 episodios gracias a NBCUniversal. En ese archivo aparece una mujer que en los años 90 daba consejos que hoy siguen pareciendo peligrosos para cierta moral de sacristía y despacho: no tienes que casarte a los 30, no te castigues, estudia, sal de la jaula. Normal que la odien tanto. No solo habló de Trump. Llevaba décadas diciendo a las mujeres que podían vivir sin pedir permiso.
Meeropol no quería presentarla como víctima. Carroll tampoco acepta fácilmente ese lugar. Ni siquiera el de superviviente. Su gesto conecta con Gisèle Pelicot y con las supervivientes de Epstein: la vergüenza tiene que cambiar de bando. No es una consigna blanda. Es una amenaza directa al orden que sostiene a los depredadores con dinero, abogados, presidentes, fiscales, tertulianos y votantes dispuestos a llamar “caza de brujas” a cualquier rendición mínima de cuentas.
El 28 de mayo se publicó esta historia y el 29 de mayo ya estaba actualizada con la sombra de una investigación penal contra Carroll. Qué casualidad tan disciplinada. Una mujer denuncia. Gana. Vuelve a ganar. No cobra. Y acaba investigada. Esa es la América de Trump: un país donde el poder puede perder en los tribunales y aun así seguir arrojando barro con las manos limpias de las instituciones. No quieren justicia. Quieren escarmiento.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir