El hambre como arma de guerra: el cerco invisible que mata en Sudán
Mientras el mundo calla, 260.000 personas en El Fasher sobreviven comiendo piel de vaca.
Trump compra tiempo (y sumisión) para Milei
La Casa Blanca convierte a Argentina en laboratorio financiero de la ultraderecha global
Así manipulan tu salud: el negocio químico que intoxica Europa
El ácido trifluoroacético (TFA), derivado de los “químicos eternos” PFAS, se ha filtrado en el agua, los alimentos y el aire mientras las grandes corporaciones falseaban informes para evitar controles.
Israel mata y luego anuncia que “vuelve a cumplir” el alto el fuego
El alto el fuego se ha convertido en una farsa sostenida por bombas, hambre y mentiras diplomáticas
Ignacio Arsuaga, el odio como religión
El presidente de Hazte Oír se lanza contra Iglesias y Montero con insultos que rebasan el límite de la difamación.
Thomas Sankara: el fantasma de la revolución que sigue desafiando al colonialismo francés 38 años después
Su nombre sigue siendo sinónimo de dignidad, soberanía y justicia social en África Occidental.
Pérez-Reverte, el plagio y la falsa épica de la espada
Cuando la soberbia literaria se disfraza de honor académico
Moreno Bonilla, el cáncer que no se ve
Amama planta cara al Gobierno andaluz y denuncia que las vidas de las mujeres no se curan con propaganda
Ábalos y Koldo en la calle, Cerdán en la cárcel: la doble vara de la justicia española
Tres nombres, una trama y un sistema judicial que castiga según convenga.
Vivir dos veces para tener una casa
Cuando el trabajo no basta ni para un techo, el sistema ya ha dejado de funcionar
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Opinión | Diego Fuoli en El Hormiguero: un sueño fascista
¿Por qué nos dejamos arrastrar tan fácilmente por soflamas y consignas contrarias al mínimo respeto cuando estamos apretados unos contra otros y formamos una masa? Muy simple y muy preocupante: porque necesitamos la aprobación de quienes nos rodean en ese momento.
Sheinbaum, Lula, Orsi y Arévalo frente a la ultraderecha: América Latina no está en venta
Sheinbaum y Lula no están solos. Ahí están también Yamandú Orsi en Uruguay y Bernardo Arévalo en Guatemala, cada uno desde una realidad distinta, con márgenes distintos y enemigos distintos. Pero el pulso es el mismo: impedir que América Latina vuelva a ser una finca administrada por oligarquías locales, jueces obedientes, medios histéricos y padrinos en Washington.
La ultraderecha lo sabe. Por eso grita tanto. Porque México y Brasil pesan demasiado, Uruguay demuestra que la izquierda democrática puede volver sin pedir perdón, y Guatemala ha puesto al descubierto hasta qué punto las élites están dispuestas a dinamitar las urnas cuando el resultado no les gusta.
No es una ola perfecta. Ni limpia. Ni homogénea. América Latina nunca lo es. Pero hay una línea que empieza a verse: soberanía, democracia, derechos sociales y resistencia frente a una derecha que ya no disimula su pulsión autoritaria.
La fiesta de Alvise se pudre por dentro
La ultraderecha española tiene una habilidad casi industrial para fabricar cruzadas morales con materiales de derribo. Se presenta como azote de la corrupción, como voz del pueblo, como martillo contra “la casta”, y luego basta rascar un poco para que aparezca lo de siempre: personalismo, dinero opaco, acoso, peleas internas y mucho vídeo grabado para mantener encendida la secta. Lo de Se Acabó La Fiesta ya ni siquiera necesita demasiada interpretación. Lo están contando desde dentro.
El 25 de junio, Solier y Nora Junco, eurodiputados elegidos como número dos y tres de la lista de SALF en las europeas de 2024, arremetieron contra Luis “Alvise” Pérez con una dureza poco habitual entre antiguos compañeros de papeleta. Dijeron que “lleva la mentira en el ADN” y que puede terminar siendo “el más corrupto de los corruptos”. No lo dijo una tertulia progresista. No lo dijo un adversario ideológico de izquierdas. Lo dijeron quienes entraron al Parlamento Europeo gracias al mismo artefacto político que él vendía como una revolución anticasta.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
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