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Muchos agricultores se están planteando reducir la cantidad de abono o incluso no abonar la siembra.
El precio del gas, electricidad y petróleo está provocando una fuerte crisis entre los fabricantes europeos de fertilizantes, una decisión que puede tener consecuencias importantes para la industria alimentaria y la economía en general.
Los agricultores, que ya soportan un fuerte incremento de costes por el transporte, tendrían que añadir ahora los precios elevados de los fertilizantes, unos costes que acabarán traspasándose a los clientes con un mayor precio de los alimentos.
El primer productor de fertilizantes que ha decidido parar su producción en dos de sus fábricas ha sido la empresa estadounidense CF Industries, que produce principalmente nitrato de amonio. El pasado 16 de septiembre anunciaba el cierre de las dos plantas en Reino Unido aludiendo al alto precio del gas.
El día 17, la compañía noruega Yara, especializada en producción de amoniaco, anunciaba en un comunicado, que recortará un 40% su capacidad de producción en Europa «por los precios récord del gas natural».

Yara comercializa alrededor de un tercio del amoníaco del mundo, que se utiliza en fertilizantes, pero también en industrias como la automotriz, textil, sanitaria y cosmética. La compañía produce amoníaco en Europa en los Países Bajos, Alemania, Noruega, Italia, Francia, Reino Unido y Bélgica.
La empresa química austriaca Borealis AG también está reduciendo su producción de amoníaco en Europa y «analizará más a fondo la situación» con respecto a sus plantas en Austria, Francia y Holanda. Este producto se utiliza para fabricar fertilizantes nitrogenados, cuyos precios ya se han disparado a medida que los fabricantes enfrentan costos más altos de su principal materia prima, el gas natural. Los expertos ya esperan una reacción en cadena con más compañías tomando la misma decisión.
Muchos fertilizantes son necesarios para la producción de dióxido de carbono, vital para la industria cárnica y de cervezas y refrescos. Las empresas de cerveza y refrescos lo necesitan para proporcionar efervescencia a las bebidas, mientras que la industria cárnica lo utiliza para aturdir al ganado antes de sacrificarlo. El CO2 también es utilizado para alargar el periodo de consumo con el empaquetado de algunos productos perecederos como las ensaladas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha denunciado «aumentos considerables» en las cotizaciones internacionales productos básicos como el azúcar, el trigo, la carne y los aceites vegetales.
El ejemplo de Castilla y León
La organización agraria COAG advierte que: “Las tiendas de alimentación comenzarán a reflejar las subidas en breve con la nitidez de un cristal, se temen los analistas. De hecho, las mediciones de la ONU indican que los alimentos ya están a punto de alcanzar el precio más alto de la década y que la crisis de los fertilizantes los va a disparar”.
COAG asegura que, de momento, “los efectos perversos de la escalada de precios de la energía solamente han asomado la patita. Lo realmente pernicioso llegará en los próximos meses”.
En Castilla y León, por ejemplo, los fertilizantes suponen un 44% del gasto de los agricultores y el precio de algunos abonos como el fosfato diamónico se han incrementado este año casi un 100% con respecto al año anterior. En otros casos como el de los abonos nitrogenados la subida supera el 60 % y en el caso del cloruro potásico o del complejo 15-15-15, los precios han ascendido un 85% en el primer caso y casi un 70% en el segundo.
“A medida que los precios de los fertilizantes sigan subiendo, los agricultores reducirán las tasas de aplicación, recortarán por completo los fertilizantes con la esperanza de que los precios sean más bajos en el futuro, o recortarán otros productos agrícolas para dar cuenta del mayor gasto previsto”, ha señalado un analista de Green Markets, tal y como recoge La Opinión de Zamora.
En Castilla y León muchos agricultores se están planteando reducir la cantidad de abono o incluso no abonar la siembra. Las producciones se resentirán en gran medida, pero por lo menos, piensan que no tendrán que costear toda la gran inversión que requieren los nutrientes agrarios, denuncia COAG.
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