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El líder del primer sindicato de un centro de Amazon en EE UU dijo a los medios de comunicación: “Queremos agradecerle a Jeff Bezos por ir al espacio porque, mientras andaba allí arriba, nosotros montamos un sindicato”
Chris Smalls es un sindicalista estadounidense conocido por haber tomado parte en la creación del primer sindicato de Amazon en Estados Unidos, en una planta situada en Staten Island, en la Ciudad de Nueva York. Se convirtió así en presidente de la Amazon Labor Union.
Smalls se incorporó a Amazon en 2015 en donde trabajó preparando pedidos. Trabajó brevemente en un almacén en Connecticut, donde fue despedido pero posteriormente readmitido después de una apelación. A continuación fue destinado a una gran planta logística ubicada en State Island (denominada JFK8) cuando fue inaugurada en 2018, donde sus funciones pasaron a ser las de ayudante de manager.
Después de una temporada trabajando en JFK8 observó graves problemas sistémicos que afectaban a los empleados. Smalls considera que Amazon tiene problemas con protocolos de seguridad citando la tasa de accidentalidad, discriminación por edad, sexismo, racismo, y discriminación contra los denominados caregivers (trabajadores con responsabilidades de cuidado de familiares dependientes).

Smalls contactó con políticos locales, autoridades de salud laboral y con los recursos humanos de Amazon, después de que un compañero de trabajo enfermo tuviera que reincorporarse con síntomas de COVID-19 mientras esperaba los resultados de una prueba diagnóstica, lo que obligó al cierre temporal de la planta de State Island.
El trabajador logró convencer a parte de sus compañeros para montar una huelga a las puertas del almacén en marzo de 2020, cuando los trabajadores de Amazon reclamaban mascarillas y que desinfectaran las instalaciones. Hasta un día antes de la protesta, la empresa ni siquiera hacía controles de temperatura a la entrada del almacén.
El despido de Chris Smalls
A las dos horas de montar la huelga, Chris Smalls recibió una llamada de la empresa diciéndole que estaba despedido alegando que el convocante no había respetado la distancia social de seguridad. “Se le pidió que permaneciera en casa con sueldo durante 14 días. Puso en riesgo la seguridad de los demás”, dijo la empresa, que también lo acusó de haber tenido un “contacto cercano” con un trabajador confirmado con COVID-19.
Smalls denunció que Amazon lo había puesto en cuarentena para fulminar la huelga y que fue señalado después de reclamar a la gerencia que desinfectara el almacén y que fuera más transparente sobre la cantidad de trabajadores que estaban enfermos. La fiscal general de Nueva York, Letitia James, calificó el despido de “vergonzoso” y ordenó una investigación del asunto, que concluyó que el despido fue ilegal por lo que Smalls debía ser readmitido.
Chris Smalls pasó el último año en una pequeña tienda de campaña frente a la entrada del JFK8. Allí acudía a repartir comida todas las semanas entre sus compañeros. Hacían barbacoa y recogían firmas para constituir un sindicato. “No teníamos nada. Empezamos con dos mesas, dos sillas y una carpa”, ha señalado.
Chris Smalls, ya como presidente de Amazon Labor Union, el sindicato que velará por la dignidad de los trabajadores neoyorquinos de la distribuidora internacional, se acercó a los micrófonos de los medios de comunicación y dijo: “Queremos agradecerle a Jeff Bezos por ir al espacio porque, mientras andaba allí arriba, nosotros montamos un sindicato”.
Como sindicalista, Smalls ya ha mostrado que su estilo es muy poco ortodoxo. En los primeros días de movilización, vestía una sudadera del Congreso de Trabajadores Esenciales (TCEW), un grupo activista laboral que fundó cuando Amazon lo despidió. Es el origen de Amazon Labor Union (ALU). Las siglas de éste se podían leer en la sudadera con la que apareció ante los medios.
Su uniforme ha sido un chándal rojo, pañuelo y una gorra de los New York Yankees, con el antiguo estadio en Hackensack (New Jersey). El chándal rojo será su traje de guerra contra Bezos y los ejecutivos de una empresa que mantiene una “vigilancia invasiva” para controlar el tiempo de los trabajadores y evaluar los tiempos de descanso. “¿Quién quiere ser vigilado todo el día? Esto no es una prisión. Es trabajo”, señaló Smalls, que no olvidó sus cadenas y pulsera de oro el día más importante de su vida, como ha reconocido.
Los planes de Amazon contra el sindicalista
Mientras los apoyos a Smalls crecían, los ejecutivos de Amazon se reunieron para planear como difamar al empleado despedido. El abogado de la empresa, David Zapolsky, indicó en aquella reunión a la que asistió Bezos, que Amazon siempre estaría en posición de ventaja ante los medios, porque explicarían “por enésima vez cómo estamos tratando de proteger a los trabajadores”.
También apoyaron cargar contra la conducta del organizador de la huelga porque fue “inmoral, inaceptable y posiblemente ilegal” y su plan el plan también era convertir a Smalls en el rostro del movimiento sindical para machacarlo.
Dos años más tarde, la Junta Nacional de Relaciones Laborales validó el resultado de la votación en el almacén de Staten Island, de casi 6.000 trabajadores. El Sindicato de Trabajadores venció por más de 500 votos: 2.654 trabajadores a favor, frente a 2.131 en contra. Será el primer y único centro de Amazon, de momento, en sindicarse entre los 110 que hay en todo el país.
La empresa explicó a los trabajadores del almacén en JFK8 que se olvidaran de votar por un sindicato porque sería “inútil”. Tal y como informó The New York Times, más del 60% de los trabajadores del JFK8 son afroamericanos o latinos y en la gerencia más del 70% es blanca o asiática. Los trabajadores afrodescendientes en JFK8 tienen casi un 50% más de probabilidades de ser despedidos con excusas como baja productividad, mala conducta o por no presentarse a trabajar.
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