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La red de bulos que protege a la presidenta de Madrid y a su círculo más cercano sigue operando sin consecuencias mientras la ciudadanía sufre las consecuencias.
¿Hasta cuándo seguiremos permitiendo que quienes nos gobiernan manipulen la verdad y defiendan a quienes han defraudado a toda la sociedad? Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y su mano derecha, Miguel Ángel Rodríguez, han demostrado nuevamente que la verdad y la justicia no tienen cabida en su forma de hacer política. En lugar de asumir responsabilidades, su estrategia es clara: desinformar, manipular y proteger a un delincuente fiscal que, casualmente, es la pareja de la presidenta.
Alberto González Amador, el comisionista que amasó una fortuna durante la pandemia vendiendo mascarillas, no es un simple error administrativo. Se trata de un fraude deliberado que defraudó más de 350.000 euros a Hacienda. Dos años consecutivos, 2021 y 2022, presentó facturas falsas para justificar gastos inexistentes por valor de 1,8 millones de euros. Y cuando la inspección fiscal destapó la estafa, no le quedó más remedio que admitir su culpa, aunque con la excusa típica de los poderosos: “No fue intencionado”.
Ayuso y Rodríguez, en lugar de distanciarse del escándalo, prefirieron lanzar una campaña de desinformación para proteger a González Amador. La mentira se convirtió en la estrategia de defensa, y así lo vimos cuando Ayuso, en un acto público, se atrevió a afirmar que no había fraude alguno y que Hacienda, en realidad, le debía dinero a su pareja. Declaraciones que, a la luz de los hechos, no son más que otra maniobra para encubrir a un defraudador que intentó salvarse a través de un acuerdo a puerta cerrada con la Fiscalía.
LA JUSTICIA COMO OBSTÁCULO Y LA OPINIÓN PÚBLICA COMO CAMPO DE MANIPULACIÓN
No es la primera vez que vemos a la derecha madrileña utilizar la justicia como campo de batalla para sus intereses privados. La justicia no es un arma para quienes defienden la verdad, sino un obstáculo para aquellos que intentan hacer justicia mientras los poderosos manipulan la narrativa a su favor.
Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso y maestro de las estrategias comunicativas sucias, no ha perdido el tiempo. A través de medios afines, lanzó una campaña de bulos asegurando que la Fiscalía había retirado una oferta de acuerdo para salvar a González Amador de la cárcel. ¿La realidad? El comisionista había intentado un pacto con la Fiscalía para evitar prisión, aceptando una multa de medio millón de euros y una condena de cárcel suspendida. Sin embargo, nada de lo que dijo Rodríguez era cierto. La Fiscalía nunca retiró esa oferta, y todo el entramado de desinformación es otra muestra del desprecio que tienen estos personajes por la verdad.
La ciudadanía, mientras tanto, sigue siendo víctima de una política que permite a los poderosos escapar de las consecuencias de sus acciones. Si alguien que defrauda millones a Hacienda puede salir indemne solo por estar relacionado con el poder, entonces el mensaje es claro: la justicia no es igual para todas y todos. Los inspectores fiscales, quienes trabajaron durante años para destapar el fraude, ven cómo su labor es manipulada y tergiversada por quienes deberían defender el bien común.
LAS MENTIRAS COMO NORMA, LA VERDAD COMO EXCEPCIÓN
Lo más alarmante de todo es que esta campaña de desinformación no es un caso aislado. Forma parte de una estrategia constante en la que Ayuso y Rodríguez han demostrado que están dispuestos a cualquier cosa para mantenerse en el poder. La verdad es irrelevante para ellos, solo importa controlar la narrativa. Rodríguez se enorgullece de manipular la información, de crear bulos que luego son reproducidos por medios afines sin el menor escrutinio. La mentira, para ellos, no es una excepción, es la norma.
En un sistema donde la verdad importa tan poco, ¿qué nos queda? ¿Cómo podemos confiar en quienes nos gobiernan si todo lo que dicen está teñido de manipulación y falsedad? La maquinaria de bulos que protege a Ayuso y a su círculo más cercano sigue funcionando sin descanso, y lo más indignante es que lo hacen con total impunidad. La justicia, que debería ser el último bastión para las y los ciudadanos, se convierte en un campo de batalla en el que los poderosos luchan no por la verdad, sino por su propia supervivencia política.
Es hora de que empecemos a cuestionarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando permitimos que quienes nos gobiernan actúen con total impunidad. Mientras tanto, la maquinaria de bulos sigue activa, y la verdad sigue siendo la mayor víctima.
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Y porque no se hace algo con esto!?
Da mucha impotencia la alevosía de todo!
Es un insulto exagerado a la intelingencia!