El 26 de febrero de 1991, miles de iraquíes—soldados desarmados, civiles, familias enteras—intentaban huir de Kuwait. La ONU había ordenado su retirada, pero EE.UU. decidió convertir la carretera en un matadero. Durante 10 horas, la aviación estadounidense bombardeó sin piedad, carbonizando cuerpos, destrozando vidas, fusilando a quienes se rendían. Se estima que hubo entre 10.000 y 15.000 muertos, y ni un solo juicio por este crimen de guerra. Así es como la «democracia» de EE.UU. impone su orden: con fuego, destrucción y total impunidad.
No quieren que recuerdes este capítulo, pero aquí estamos para contarlo.
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