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Los ataques a centros de datos en Emiratos y Baréin revelan que la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial ya es un objetivo militar estratégico.
LA NUEVA FRONTERA DE LA GUERRA: LOS CENTROS DE DATOS
Cuando Irán respondió a la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica, iniciada a finales de febrero, la atención internacional se concentró en los ataques contra infraestructuras energéticas. Refinerías, terminales petroleras y complejos gasísticos aparecieron como los objetivos más evidentes de la escalada. Era el patrón habitual de los conflictos en Oriente Medio: golpear el petróleo para dañar la economía.
Sin embargo, en la madrugada del 1 de marzo se produjo una serie de ataques que pasaron casi desapercibidos y que apuntaban a otro tipo de infraestructura estratégica. Un dron impactó contra un centro de datos de Amazon en Emiratos Árabes Unidos, según confirmó la propia compañía. Poco después, otra instalación del mismo gigante tecnológico sufrió un segundo impacto y, más tarde, un tercer centro en Baréin resultó dañado.
Las consecuencias fueron inmediatas. Clientes del Abu Dhabi Commercial Bank, una de las mayores entidades financieras del país, tuvieron dificultades para acceder a sus cuentas online. Usuarios de la plataforma de movilidad Careem se quedaron temporalmente sin poder pedir taxis o comida a domicilio. Incluso el portal de noticias económicas Enterprise sufrió interrupciones en su web.
A primera vista, el episodio parecía un daño colateral dentro de una guerra regional. Pero en realidad señalaba un cambio profundo en la lógica del conflicto. Los centros de datos se han convertido en la infraestructura crítica de la economía digital y, por extensión, en un nuevo objetivo militar.
Estas instalaciones son enormes complejos diseñados para almacenar, procesar y distribuir cantidades masivas de información. Son la base física que sostiene la computación en la nube y los sistemas de inteligencia artificial. Sin ellos, gran parte de la economía digital simplemente se detendría.
El ataque del 1 de marzo mostró hasta qué punto esta infraestructura es vulnerable.
EL GOLFO Y SU APUESTA MILMILLONARIA POR LA IA
Durante décadas, la geopolítica del Golfo ha girado alrededor del petróleo. Pero en los últimos años los países de la región han comenzado a apostar por un modelo económico distinto. Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar están invirtiendo miles de millones de dólares para convertirse en centros globales de inteligencia artificial.
La estrategia se apoya en tres factores clave: su posición geográfica entre Asia, Europa y África, la disponibilidad de energía abundante y relativamente barata, y el capital gigantesco de sus fondos soberanos.
A la cabeza de esta transformación se encuentra Emiratos Árabes Unidos, cuya estrategia tecnológica está liderada por G42, un conglomerado especializado en inteligencia artificial presidido por Tahnoon bin Zayed, miembro de la familia real y consejero de seguridad nacional. En Arabia Saudí, el proyecto equivalente es Humain, respaldado por el Fondo de Inversión Pública (PIF) y dirigido por Tareq Amin, antiguo responsable tecnológico de la petrolera estatal Aramco.
Esta carrera tecnológica ha atraído a los gigantes de Silicon Valley. Empresas como OpenAI, Nvidia y Oracle están desarrollando un enorme centro de datos en Abu Dabi junto a G42. Amazon, por su parte, se ha convertido en el principal socio tecnológico del proyecto saudí Humain.
La relación entre Estados Unidos y el Golfo también ha empezado a girar alrededor de este nuevo eje. Durante su gira de cuatro días por la región en mayo de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump firmó acuerdos energéticos y tecnológicos centrados precisamente en la inteligencia artificial.
Meses después, en diciembre de 2025, Washington impulsó el acuerdo internacional Pax Silica, un intento de establecer un marco común para la seguridad económica del ecosistema global de la IA. Entre los 10 países firmantes estaban Emiratos y Qatar.
En ese contexto, los ataques iraníes adquieren un significado distinto. Según Mohammed Soliman, investigador sénior del Middle East Institute, los objetivos no fueron elegidos al azar. “Los centros de datos son la columna vertebral de la estrategia económica pospetrolera del Golfo”, explica.
Golpearlos tiene un efecto inmediato. Un simple dron relativamente barato puede provocar interrupciones en bancos, aplicaciones, medios digitales o plataformas logísticas que dependen de la nube.
Pero también lanza un mensaje estratégico. Si la infraestructura de inteligencia artificial puede ser atacada con relativa facilidad, toda la apuesta tecnológica del Golfo queda expuesta.
Aun así, Soliman considera que el impacto a largo plazo será limitado. Los fondos soberanos de la región operan con horizontes de inversión de 50 años, por lo que es improbable que abandonen su estrategia por episodios puntuales de violencia.
Lo que sí queda claro es otra cosa: la inteligencia artificial ya no es solo una carrera tecnológica o económica. También es un asunto militar.
Durante décadas, las guerras se libraron alrededor de refinerías, oleoductos y rutas marítimas. Hoy empiezan a aparecer nuevos objetivos estratégicos: centros de datos, redes de fibra óptica y granjas de computación.
El ataque del 1 de marzo puede parecer un episodio menor dentro de un conflicto regional.
Pero en realidad es una advertencia sobre cómo se librarán muchas de las guerras del siglo XXI.
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