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Las deportaciones no solo violan el derecho internacional, sino que también ponen en riesgo la vida de hombres y mujeres que ya han sufrido lo indecible.
EN 3 CLAVES
1. La influencia de la ultraderecha
El AfD ha ganado peso político y está empujando al gobierno de Scholz y a la CDU-CSU a endurecer sus políticas migratorias. Este giro hacia posiciones más restrictivas responde a la presión del discurso xenófobo.
2. Fragmentación europea
El restablecimiento de los controles fronterizos internos está tensando las relaciones con países vecinos como Austria y Polonia, que rechazan acoger a migrantes devueltos desde Alemania. Estas medidas debilitan la cohesión de la UE y erosionan la libre circulación.
3. Deportaciones controvertidas
La reanudación de deportaciones a Afganistán, a pesar del peligro que enfrentan las personas migrantes, está siendo criticada por violar la Convención de Ginebra. Alemania prioriza su agenda interna a costa de los derechos humanos.
La decisión del canciller alemán Olaf Scholz de restablecer los controles fronterizos ha desatado un debate encendido en toda Europa. Lo que en teoría debería ser una excepción dentro del espacio Schengen se ha convertido en la regla, y bajo la excusa de la seguridad, Alemania cede terreno a las presiones de la extrema derecha y los sectores conservadores. El anuncio de Nancy Faeser, ministra alemana del Interior, deja en evidencia un cambio de rumbo peligroso que ya muchos comienzan a señalar como una concesión a la retórica del miedo y la xenofobia.
El pasado lunes 9 de septiembre, Faeser anunció que los controles en las fronteras se reactivarán el 16 de septiembre, justificando la medida con referencias a amenazas de terrorismo y delitos transfronterizos. Sin embargo, detrás de esta decisión subyace una clara intención de apaciguar a sectores políticos como la extrema derecha del AfD y los conservadores de la CDU-CSU, que han intensificado sus demandas para restringir la inmigración. Este giro endurece aún más las políticas migratorias en un país que, hasta hace poco, había sido el símbolo de la acogida en Europa.
ALEMANIA, ENTRE EL MIEDO Y LA XENOFOBIA
La política migratoria alemana ha sido siempre objeto de tensión. Pero lo que está sucediendo ahora es más preocupante. Los controles fronterizos, que en principio deberían aplicarse en situaciones excepcionales, se están normalizando. El Código de Fronteras Schengen prevé la posibilidad de restablecerlos cuando un país considere que su seguridad interna está en riesgo, pero ¿qué significa exactamente «seguridad interna»? En manos de la ultraderecha, ese concepto se está utilizando como arma para legitimar políticas racistas y excluyentes.
El AfD ha ganado un terreno significativo en los últimos años, y su reciente éxito en Turingia y Sajonia no es casualidad. Los líderes políticos como Scholz, que deberían estar del lado de los derechos humanos, están cediendo terreno a estas fuerzas reaccionarias. Las y los migrantes que huyen de la guerra, la pobreza y el terror, en su mayoría con la esperanza de una vida mejor, son presentados como amenazas para la estabilidad social. La criminalización de quienes buscan refugio no es más que una cortina de humo para tapar la incapacidad de los gobiernos de abordar las verdaderas causas de la inseguridad.
Por su parte, los conservadores de la CDU-CSU tampoco se han quedado atrás en la carrera por endurecer las políticas migratorias. Durante la reciente cumbre sobre migración, se discutió la creación de centros de detención en las fronteras, donde los exiliados podrían ser retenidos mientras se examina su situación, o ser deportados directamente. Estas políticas draconianas violan derechos fundamentales y nos recuerdan momentos oscuros de la historia europea. No hay excusa para encerrar a quienes han llegado buscando protección. El retorno a los países por los que primero han pasado, según el Reglamento de Dublín, solo añade más sufrimiento a una situación ya desesperada.
UN PAÍS QUE CIERRA SUS PUERTAS
El gobierno alemán se ha vanagloriado de haber rechazado a más de 30,000 personas migrantes desde octubre de 2023, reforzando los controles en las fronteras con Polonia, República Checa, Suiza y Austria. Pero lo que el gobierno presenta como un logro es, en realidad, un fracaso moral. Rechazar a personas que huyen de conflictos o persecuciones no es una política de seguridad, sino una traición a los valores democráticos que supuestamente defienden.
El caso de las deportaciones a Afganistán es especialmente perturbador. A pesar de que el país se encuentra bajo el régimen de los talibanes, el gobierno de Scholz ha decidido reanudar las expulsiones de personas afganas, muchas de las cuales enfrentan peligros inminentes al regresar. Desde agosto, Alemania ha comenzado a deportar a ciudadanos afganos, una acción que solo puede calificarse como inhumana. Estas deportaciones no solo violan el derecho internacional, sino que también ponen en riesgo la vida de hombres y mujeres que ya han sufrido lo indecible.
El argumento de que se trata de personas condenadas por la justicia es simplemente un intento de desviar la atención del hecho de que Alemania está violando la Convención de Ginebra sobre los Refugiados. Al hacerlo, no solo pone en riesgo la vida de estas personas, sino que también compromete su propia posición en la comunidad internacional. Alemania, que en 2015 abrió sus puertas a millones de refugiados, ahora se retira cobardemente, impulsada por una minoría extremista.
La respuesta de los países vecinos no se ha hecho esperar. Austria ya ha dejado claro que no aceptará a ningún migrante devuelto por Alemania, y Polonia, a través de su primer ministro Donald Tusk, ha calificado la decisión de «inaceptable». Europa se está fragmentando en torno a la cuestión migratoria, y este tipo de medidas solo agravan las divisiones internas. Mientras tanto, las y los migrantes siguen siendo las víctimas de una política que cada vez se aleja más de los ideales de solidaridad y humanidad.
UN FUTURO INCIERTO PARA QUIENES BUSCAN REFUGIO
El giro de Alemania hacia una política migratoria más restrictiva no es un hecho aislado. Refleja una tendencia creciente en Europa, donde el miedo se utiliza como excusa para implementar políticas de exclusión y rechazo. Los derechos de las y los migrantes se están erosionando rápidamente, y los gobiernos, en lugar de defender los valores de justicia y humanidad, están cediendo a la presión de partidos de extrema derecha.
Las consecuencias de este viraje no serán solo para las personas migrantes. Cuando una sociedad comienza a sacrificar los derechos de las y los más vulnerables, está allanando el camino para que se erosionen los derechos de todas y todos.
Alemania, como uno de los pilares de la Unión Europea, tiene la responsabilidad de liderar con el ejemplo, no de retroceder hacia una política de exclusión. Lo que está en juego no es solo la seguridad interna, sino el futuro de una Europa que pueda llamarse a sí misma un continente de derechos.
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