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Según denuncia un joven trans, el agente le introdujo el arma reglamentaria en la vagina y la porra reglamentaria en el ano, sin su consentimiento y estando esposada.
El periodista Miquel Ramos ha publicado en un artículo en La Marea que uno de los policías nacionales que agredieron a un padre y a su hija de 14 años en la terraza de un bar de Linares (Jaén) hace unos meses ha sido denunciado por un joven trans por haber supuestamente abusado sexualmente de ella siendo esta menor de edad.
Tras ver las imágenes del incidente, la joven reconoció a uno de esos agentes, M. F. N., a quien la denunciante conoció con 16 años través de la red social Facebook.
Según la versión de la denunciante, el policía y él mantuvieron relaciones sexuales consentidas en la casa familiar. Después, volvieron a citarse en el mismo lugar, y M. F. N. llegó con su uniforme de policía.
Aquel día el agente decidió, sin su consentimiento, esposarla y abusar sexualmente de ella, según su versión. El agente esposó a el menor y usó la porra reglamentaria para introducírsela por el ano, a pesar de la negativa de la menor de edad.
Según relata la querella a la que ha tenido acceso La Marea, el menor manifestó al policía que no le gustaba lo que estaba haciendo pero él continuó. La denuncia indique que el policía «sacó su pistola y se la puso en el pecho y la fue subiendo poco a poco hasta introducírsela en la boca, lo que provocó que aumentara su intenso miedo». El agente, según la querella, le acabó introduciendo el arma reglamentaria en la vagina a pesar de la negativa de la menor, que seguía esposada.
El menor no volvió a quedar con M.F.N., a pesar de las insistencias del policía ni se atrevió a contárselo a nadie hasta pasado un tiempo, cuando tuvo fuerzas para explicárselo a tres amigas dos años después.
El denunciante presenta junto a su querella un informe psicológico que contempla presuntas secuelas de aquellos hechos, concretamente, sintomatología ansioso-depresiva, las repercusiones a nivel afectivo-sexual de los presuntos abusos sexuales y la posible presencia de un Trastorno Obsesivo Compulsivo derivado también de tal circunstancia.
El policía al que acusa de esta agresión sexual se encuentra en libertad provisional desde el 18 de marzo tras pasar tres semanas en prisión preventiva por los sucesos de Linares.
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