Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una comisión sobre niñas y niños pobres acabó convertida en un púlpito ultra contra el matrimonio igualitario. Mientras tanto, Canarias tiene 91.000 menores en situación de pobreza.
CUANDO LA ULTRADERECHA USA A LA INFANCIA COMO EXCUSA
El 16 de junio ocurrió algo que resume bastante bien la política basura de nuestro tiempo. El Parlamento de Canarias tenía una comisión de estudio sobre pobreza infantil. Es decir, un espacio institucional para hablar de niñas, niños y adolescentes que viven peor de lo que deberían vivir en una sociedad que presume de democracia, turismo, crecimiento y progreso. Pero Vox decidió que aquello no era suficiente. Que hablar de pobreza real era demasiado incómodo. Que mejor llevar a un supuesto experto a hablar contra el matrimonio homosexual.
El protagonista fue Francisco Martínez Peñaranda, presentado por Vox como voz autorizada a través de la Asociación Libertas. Una entidad sin experiencia conocida en pobreza infantil en Canarias. Nada de análisis sobre salarios, alquileres, precariedad, listas de espera de vivienda o exclusión residencial. Nada de eso. Vox llevó a una comisión sobre pobreza infantil a un activista ultra para desplegar su obsesión contra las familias diversas. Así de claro. Así de obsceno.
La sesión debía abordar una de las heridas sociales más graves de las islas. Canarias convive con una pobreza infantil altísima. Pero Martínez Peñaranda llegó con otro guion. Dijo que iba a dar “algunas pinceladas sobre los diferentes tipos de modalidades de familia”. Y ya se sabe qué significa eso cuando lo dice la ultraderecha. Significa que van a hablar de niñas y niños solo para atacar a personas adultas LGTBI. Significa que la infancia vuelve a ser usada como escudo moral. Significa que la realidad social se aparta para meter doctrina.
El compareciente llegó incluso a negar la existencia de la pobreza infantil tal y como se estaba tratando. Según su relato, habría un negocio para “arrebatarle las familias a sus hijos” y entregárselos a familias acogentes a cambio de 4.000 euros. La pobreza desaparece por arte de propaganda. Ya no hay desigualdad. No hay salarios bajos. No hay alquileres imposibles. No hay familias rotas por la precariedad. Solo una conspiración. Siempre una conspiración. Es el método de la derecha más reaccionaria: cuando la realidad les acusa, inventan un enemigo.
Luego llegó el ataque directo. “Es la primera vez en la civilización humana en que estamos criando deliberadamente a niños sin madre o sin padre”, afirmó. El objetivo estaba claro. No era hablar de infancia. Era señalar al matrimonio igualitario. Era sugerir que las familias homosexuales son un problema social. En una comisión parlamentaria. Con dinero público. En una institución democrática. El odio ya no entra por la puerta de atrás. Entra con turno de palabra.
LOS DATOS QUE VOX NO QUISO MIRAR
Mientras el compareciente hablaba de “papá y mamá”, Canarias seguía teniendo 705.000 personas en situación de pobreza y exclusión social. De ellas, 91.000 son niñas, niños y adolescentes. Esa era la comisión. Ese era el tema. Esa era la emergencia. Pero Vox prefirió llevar el debate al mismo barro de siempre: familia tradicional, moral reaccionaria, ataque a derechos conquistados y desprecio al conocimiento científico.
Martínez Peñaranda llegó a burlarse del consenso académico y sociológico sobre las familias diversas. Dijo que se podía estar “todo el día” hablando de informes y datos. Claro que se puede. Para eso están las comisiones. Para hablar con datos. Para escuchar a quienes investigan, trabajan sobre el terreno, acompañan a familias vulnerables, conocen los barrios, los colegios, los servicios sociales y los juzgados. Lo que no debería hacerse es sustituir la pobreza infantil por una homilía ultra contra las personas LGTBI.
La presidencia de la comisión tuvo que reconducir varias veces la intervención. Vidina Espino le recordó que “esa cuestión no es objeto de esta comisión” y no le concedió los cinco minutos extra. Normal. Porque aquello no era una comparecencia técnica. Era una provocación. Una pieza más de esa estrategia de Vox que consiste en ocupar las instituciones para reventarlas desde dentro. Entran en una comisión sobre pobreza y hablan de sexualidad. Entran en un debate sobre vivienda y hablan de okupas. Entran en una emergencia climática y hablan de chiringuitos. Siempre igual. Ruido para tapar el saqueo.
Y cuando terminó la performance, empezó por fin la comisión. Entonces aparecieron los datos. El 60% de los hogares en Canarias tiene algún problema relacionado con la vivienda. Una de cada tres personas sufre algún tipo de exclusión residencial. El 31,9% de los hogares queda en el umbral de pobreza severa después de pagar la vivienda. Más de 343.000 personas, el 15,4% de la población, acumulan retrasos en pagos de alquiler, hipoteca o suministros. El dato más alto de todo el país.
Ahí está la pobreza infantil. No en que una niña tenga dos madres. No en que un niño tenga dos padres. No en que existan familias diversas. Está en que el mercado inmobiliario trata la vivienda como un casino. Está en que los salarios no pagan la vida. Está en que el turismo convierte barrios enteros en escaparates para quien puede venir unos días mientras las y los residentes son expulsados durante años. Está en que hay niñas y niños que crecen con miedo a que corten la luz, suban el alquiler o falte comida a final de mes.
En los últimos 10 años, el sinhogarismo ha aumentado un 16% en Canarias. En los últimos 5 años, se ha duplicado el número de demandantes de vivienda. Hoy hay 34.270 personas esperando una vivienda social. Pero Vox no llevó a nadie a explicar eso. No llevó a una trabajadora social. No llevó a una investigadora. No llevó a familias afectadas. Llevó a un agitador ideológico para insinuar que el problema son los derechos LGTBI.
La jugada es indecente, pero no es torpe. La ultraderecha sabe lo que hace. Sabe que hablar de pobreza obliga a hablar de reparto. De propiedad. De alquileres. De empleo. De servicios públicos. De políticas fiscales. De quién gana y quién pierde. Y eso no le interesa. Porque ahí aparecen los de siempre: fondos, rentistas, empresarios turísticos, caseros, bancos y gobiernos que miran hacia otro lado. Mucho mejor culpar a las familias homosexuales. Sale más barato. No toca ningún privilegio. No molesta al capital.
El día en que había que hablar de 91.000 menores pobres, Vox llevó al Parlamento canario su guerra contra el matrimonio igualitario. Y esa es la fotografía exacta de una ultraderecha que dice defender a la infancia mientras la usa como rehén de su miseria moral.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Ayuso convierte la maternidad en trinchera ideológica con su “ley del concebido no nacido”
Isabel Díaz Ayuso ha anunciado que el próximo 2 de julio llevará a la Asamblea de Madrid un pleno extraordinario para debatir y aprobar la llamada “ley del concebido no nacido”. No es una anécdota parlamentaria. No es una medida técnica. Es una pieza más en la ofensiva reaccionaria que intenta reescribir los derechos sexuales y reproductivos con lenguaje administrativo, una carpeta institucional y una sonrisa de superioridad moral.
La propuesta reconoce al “concebido no nacido” como “miembro más de la unidad familiar”. Dicho así parece una fórmula burocrática. Pero no lo es. Es política pura. Y de la más peligrosa: la que pretende colarse por la puerta de las ayudas sociales para instalar una visión ultraconservadora de la maternidad, del cuerpo de las mujeres y de la familia. No están ampliando derechos: están moviendo el marco para que el embarazo pese jurídicamente antes que la vida material de las mujeres.
El pacto entre EE.UU. e Irán redibuja Oriente Medio y deja a Israel mirando el desastre
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán, firmado el 18 de junio por Donald Trump y Masoud Pezeshkian, ya tiene su etiqueta grandilocuente: el “gran pacto”, el “acuerdo del siglo”, la jugada histórica que supuestamente cerraría una etapa de guerra y abriría otra de negociación. La liturgia también fue cuidadosamente escogida. Trump lo formalizó en Versalles, al margen de la cumbre del G7, como si el decorado imperial pudiera maquillar lo evidente: las potencias no reconstruyen el orden internacional, lo reparten.
Es el primer pacto firmado por un presidente estadounidense y un presidente iraní desde la Revolución Islámica de 1979. No es un detalle menor. Tiene 14 puntos, prolonga el alto el fuego durante 60 días, incluye a Líbano y abre la puerta a negociar un arreglo permanente, incluido el programa nuclear iraní. Dicho así parece diplomacia. Pero la diplomacia, cuando llega después de miles de muertos, suele ser el nombre elegante del fracaso moral.
Israel rompe con Kaja Kallas porque ya no soporta que Europa pronuncie la palabra apartheid
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, anunció el 18 de junio que rompe “todo contacto” con la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. La razón, según él, es que Kallas habría comparado a Israel con la Sudáfrica del apartheid durante una visita a México el pasado mayo. No hablamos de una ruptura por una masacre, ni por la expansión colonial en Cisjordania, ni por el asedio a Gaza, ni por la normalización de un régimen de privilegio étnico, militar y territorial. Hablamos de una ruptura por una palabra.
Ahí está el asunto. Israel no rompe con quien bombardea, ocupa, desplaza, bloquea o coloniza. Rompe con quien señala.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir