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Una votación el 4 de marzo impidió limitar el poder de Donald Trump para continuar la ofensiva militar. La decisión mantiene una guerra sin autorización del Congreso mientras ya hay más de 1.000 personas muertas.
La guerra no solo se decide en el campo de batalla. A veces se decide en una votación parlamentaria.
El Senado de Estados Unidos tuvo el 4 de marzo una oportunidad clara para limitar la guerra iniciada por el presidente Donald Trump, en coordinación con el Gobierno de Benjamin Netanyahu, contra Irán. Bastaba con permitir que avanzara una resolución basada en la War Powers Act, la ley que permite al Congreso obligar a retirar tropas cuando una guerra se inicia sin autorización parlamentaria.
Pero la mayoría del Senado optó por lo contrario.
Por 53 votos frente a 47, una alianza entre casi todos los senadores republicanos y el senador demócrata John Fetterman, representante del estado de Pensilvania, bloqueó el avance de la resolución. El texto había sido impulsado por el senador demócrata Tim Kaine (Virginia) y el senador republicano Rand Paul (Kentucky).
Solo Paul rompió la disciplina de su partido para votar con los demócratas.
El resultado fue claro: la resolución quedó bloqueada y la guerra continúa sin límites claros desde el Congreso.
Mientras el Senado votaba, el conflicto ya había dejado más de 1.000 personas muertas en Irán, según cifras del propio Gobierno iraní. Entre las víctimas hay alrededor de 175 niñas y niños que murieron en un ataque contra una escuela primaria femenina en la ciudad de Minab. También han muerto seis militares estadounidenses.
Cada voto que bloqueó la resolución permitió que la guerra siga su curso sin control parlamentario efectivo.
EL CONGRESO DE EEUU RENUNCIA A SU PODER SOBRE LA GUERRA
La Constitución estadounidense establece que el poder de declarar la guerra pertenece al Congreso, no al presidente. Ese principio fue diseñado precisamente para impedir que una sola persona pudiera arrastrar al país a conflictos militares prolongados.
Sin embargo, la práctica política ha ido debilitando ese equilibrio.
Desde finales del siglo XX, sucesivas administraciones han iniciado operaciones militares sin una declaración formal de guerra. Afganistán, Irak, Libia o Siria son ejemplos de esa expansión del poder presidencial.
La ofensiva contra Irán vuelve a poner ese problema sobre la mesa.
El ataque ordenado por Trump no cuenta con autorización del Congreso, lo que ha llevado a varios legisladores a intentar activar la War Powers Resolution para obligar a retirar las fuerzas estadounidenses de la guerra.
Esa era precisamente la resolución que el Senado bloqueó el 4 de marzo de 2026.
El debate en Washington se produce además en un momento en el que la propia administración estadounidense reconoce que el conflicto puede prolongarse. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró ese mismo día que la guerra podría durar al menos ocho semanas.
Pero incluso esa previsión podría quedarse corta.
Tras un briefing clasificado celebrado el 3 de marzo de 2026, varios senadores demócratas alertaron de que el plan militar podría incluir una invasión terrestre en Irán y derivar en un conflicto prolongado sin un horizonte claro de salida.
El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, resumió la situación con una frase que refleja el desconcierto político en Washington: “Estados Unidos está en guerra sin plan y sin estrategia”.
MÁS MUERTES, MÁS GASTO MILITAR Y MENOS CONTROL DEMOCRÁTICO
Mientras el Senado bloqueaba el intento de limitar la guerra, el Pentágono avanzaba en sentido contrario.
El Departamento de Defensa planea solicitar al Congreso unos 50.000 millones de dólares para financiar la campaña militar contra Irán, una cifra que podría crecer si la guerra se prolonga o escala.
Ese dinero se sumaría a las enormes cantidades que Estados Unidos ha gastado en conflictos en Oriente Medio durante las últimas décadas. Según el proyecto Costs of War de la Universidad Brown, las guerras posteriores al 11 de septiembre de 2001 han costado más de 8 billones de dólares.
Pero el coste humano es mucho mayor que cualquier cifra presupuestaria.
Organizaciones pacifistas estadounidenses reaccionaron con dureza tras la votación del Senado. El colectivo CodePink calificó la decisión de “vergonzosa” y señaló que quienes bloquearon la resolución permitieron que continúe una guerra ilegal y devastadora.
El grupo Indivisible fue aún más directo al afirmar que los senadores que frenaron la medida “comparten ahora la responsabilidad de la guerra injustificada de Trump y de sus consecuencias”.
El asesor político Cavan Kharrazian, de la organización Demand Progress, recordó algo que suele desaparecer del debate político cuando se habla de estrategia o geopolítica.
La guerra siempre se mide en vidas humanas.
Cada bombardeo aumenta el número de víctimas. Cada semana de conflicto expone a más soldados y más civiles a la violencia. Y cada decisión parlamentaria puede determinar si ese ciclo continúa o se detiene.
La votación del 4 de marzo de 2026 dejó claro que, al menos por ahora, el Senado de Estados Unidos ha decidido permitir que continúe.
Y mientras en Washington se cuentan votos, en Irán se siguen contando muertos.
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