Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La amenaza de repetición electoral en Extremadura desnuda la incoherencia estratégica de Feijóo y el precio de normalizar a la extrema derecha
El Partido Popular descubrió que jugar con fuego acaba quemando. Tras presumir de un 43 % del voto en Extremadura el 21 de diciembre, hoy se enfrenta a la posibilidad real de una repetición electoral por el bloqueo de Vox. El mismo Vox al que durante años blanqueó, normalizó y convirtió en socio preferente allí donde le convenía.
La presidenta en funciones, María Guardiola, encara una investidura en marzo que en su propio partido dan por perdida. Si fracasa, se abrirá un plazo de dos meses antes de repetir elecciones. El vértigo no es retórico. Tras el precedente de Aragón, donde Jorge Azcón perdió dos escaños mientras Vox duplicaba su representación, el PP teme que la historia se repita y que el trasvase de voto hacia la extrema derecha se acelere.
Porque Vox ya no se conforma con apoyar desde fuera. Exige Agricultura, Economía y una vicepresidencia con Interior, Seguridad e Inmigración. No pide sillones simbólicos. Exige poder efectivo y presupuesto. Y lo hace con la seguridad de quien sabe que el PP ha demolido cualquier línea roja.
LA EXTREMA DERECHA COMO SOCIO PREFERENTE
Santiago Abascal anunció al inicio de la campaña que quería volver a entrar en gobiernos autonómicos de los que se marchó en 2024. En el PP pensaron que era retórica. Hoy descubren que era estrategia. Vox ha aprendido de la experiencia europea: primero condiciona, luego ocupa, finalmente sustituye.
Guardiola lo expresó con crudeza: “Lo que no puede ser es que el PP tenga que travestirse de Vox”. Pero ese travestismo político comenzó hace tiempo. En 2023 prometió no gobernar con la extrema derecha. Tras un viaje a Madrid y una reunión con Feijóo y Ayuso, cambió de criterio. Vox tomó nota. En política, la coherencia no es moral, es aritmética.
El líder del PP, que llegó en 2022 a Madrid presentándose como antídoto frente al extremismo, terminó pactando decenas de gobiernos municipales y autonómicos con Vox. Su investidura fallida solo sumó los apoyos de Vox, UPN y Coalición Canaria. Ese fue el precio de la estrategia: convertir a la extrema derecha en única aliada viable.
Ahora intenta girar el timón. Ha respaldado públicamente la posibilidad de que el PSOE se abstenga para investir a Guardiola. “Preferimos la abstención que gobernar en coalición con Vox”, deslizan desde Génova. Pero al mismo tiempo reconocen que tampoco quieren repetir elecciones. Y añaden que quizá haya que ceder consejerías “a cambio de algo”.
Es decir, el PP oscila entre pedir auxilio al PSOE y negociar poder con Vox. Una indefinición que revela algo más profundo: no tiene proyecto propio, solo gestión del miedo electoral.
Mientras tanto, Abascal repite su fórmula: devolver cada crítica con el doble de intensidad. El discurso del “PSOE azul” funciona porque el PP ha querido ocupar ese espacio ambiguo durante años. El propio Feijóo, que aseguró que jamás pactaría con el “sanchismo”, ha negociado la renovación del CGPJ, RTVE y reformas institucionales cuando le ha convenido. La coherencia se invoca según el calendario.
EL ESPEJO QUE EL PP NO QUIERE MIRAR
El desconcierto no se limita a Extremadura. El 15 de mayo hay elecciones en Castilla y León. En junio, Andalucía. El precedente de 2022 en Castilla y León, donde se rompió el cordón sanitario con la entrada de Vox en el Gobierno autonómico, marcó un antes y un después. Desde entonces, la frontera entre derecha conservadora y extrema derecha se ha difuminado.
El PSOE descarta la abstención. “Somos la alternativa, no la muleta”, repiten en Ferraz. Incluso niegan contactos formales con Guardiola. La vieja guardia socialista insinúa fórmulas de responsabilidad institucional, pero la dirección cierra filas. El alcalde de Mérida ha abierto matices, pero la línea oficial es clara.
Y aquí emerge la paradoja. El PP invoca la responsabilidad ajena para corregir un bloqueo que él mismo incubó. Durante años alimentó la idea de que Vox era un socio legítimo, necesario y hasta inevitable. Hoy pide a sus adversarios que neutralicen a esa misma fuerza para evitar su ascenso.
El problema no es táctico. Es estructural. Cuando se normaliza el discurso del miedo, el enemigo interior y la política identitaria, no se domestica a la extrema derecha: se la fortalece. Vox no bloquea por capricho. Bloquea porque sabe que cada repetición electoral puede acercarle al sorpaso.
Feijóo declaró recientemente que “el voto de cabreo hay que ponerlo a trabajar”. Ese es el núcleo del dilema. El voto de cabreo no se domestica. Se radicaliza o se diluye. Y cuando la derecha clásica decide competir en el terreno emocional del resentimiento, termina perdiendo autoridad moral y electoral.
Extremadura no es solo una crisis autonómica. Es el laboratorio de una estrategia fallida. El PP quiso cabalgar la ola ultra sin mojarse. Ahora descubre que el oleaje arrastra a quien creyó que llevaba el timón.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir