Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Más de cien diputados exigen prohibir a un partido que amenaza con ser la segunda fuerza en las próximas elecciones
Desde el centro de Europa, donde los ecos de los conflictos del pasado aún resuenan en la conciencia colectiva, la sociedad alemana enfrenta un nuevo desafío: el crecimiento de Alternativa para Alemania (AfD), un partido que en las próximas elecciones podría ocupar la segunda posición. Con el respaldo de 113 diputados de varias fracciones políticas, se ha presentado en el Bundestag una solicitud para ilegalizar a la AfD antes de los comicios adelantados de febrero, y evitar así que un partido que flirtea abiertamente con ideologías xenófobas y nacionalistas obtenga más poder. Esta movida, impulsada por figuras clave de la política alemana, como Marco Wanderwitz, exmiembro de la Unión Cristianodemócrata, pone en evidencia el temor de los partidos tradicionales ante un posible escenario en el que la ultraderecha se consolide en Alemania.
Para comprender el porqué de este movimiento histórico, es crucial observar el caldo de cultivo que ha permitido a la AfD ganar terreno. A lo largo de los últimos años, esta agrupación ha sabido explotar el malestar social generado por la inflación, la precariedad laboral y una desigualdad que sigue aumentando a pesar de las promesas políticas de cambio. En vez de ofrecer soluciones inclusivas, la AfD ha canalizado la frustración hacia la retórica de odio, culpabilizando a la inmigración y a la diversidad cultural de los problemas estructurales de Alemania.
El auge de partidos ultraderechistas en Europa no es un fenómeno aislado, y Alemania no es la excepción. Según diversos estudios sociopolíticos, el sentimiento de «perdida de identidad» está siendo instrumentalizado por figuras de la extrema derecha como Björn Höcke. Höcke, un líder notorio dentro de la AfD, ha logrado seducir a una parte del electorado joven con discursos que alimentan la nostalgia por una «Alemania pura» y rechazan abiertamente las políticas de integración.
LA RESPUESTA DEL ESTADO: PROTECCIÓN O REPRESIÓN DEMOCRÁTICA
Para la Oficina Federal de Protección de la Constitución, la AfD es ya un «caso sospechoso» de extrema derecha, y desde hace años ha estado vigilada. Sin embargo, los obstáculos legales y el temor de una reacción adversa en el electorado han retrasado una prohibición formal. Con la solicitud actual, impulsada por parlamentarios del Partido Socialdemócrata, La Izquierda y Los Verdes, se intenta acelerar este proceso de prohibición ante el Tribunal Constitucional de Karlsruhe, buscando un fallo antes de las elecciones.
Las implicaciones de esta solicitud son inmensas: los estados federados y el Gobierno deberán ahora evaluar con lupa cada paso de la AfD, revisando sus discursos, actividades y conexiones para verificar su carácter inconstitucional. En este contexto, las voces que acusan al partido de «extremismo probado» encuentran eco, sobre todo tras la reciente victoria de Donald Trump en Estados Unidos, cuyo discurso y políticas resonaron profundamente entre los simpatizantes de la AfD. Esta conexión internacional entre las extremas derechas refuerza la percepción de que el ascenso de la AfD no es solo un fenómeno nacional, sino un síntoma de un problema global que exige una respuesta contundente.
Sin embargo, la prohibición de partidos de extrema derecha plantea una pregunta fundamental sobre la naturaleza de la democracia: ¿hasta qué punto puede un sistema abierto y pluralista permitir que corrientes antidemocráticas se desarrollen en su seno? La defensa de los derechos y libertades democráticas parece exigir, en este caso, un acto de represión de un partido político. Para muchos y muchas, esto supone un dilema ético: ¿debe la democracia limitar su apertura para garantizar su propia supervivencia?
Esta solicitud no es solo una iniciativa aislada. Es un esfuerzo por crear un «cordón sanitario» legal que mantenga a raya a un partido cuya agenda representa una amenaza directa a los valores de igualdad y respeto a los derechos humanos. Las y los diputados han señalado que la proliferación de discursos de odio y la normalización del racismo en la esfera pública generan un ambiente de violencia y exclusión social. Para quienes defienden esta prohibición, lo que está en juego no es solo la estabilidad política de Alemania, sino la preservación de un modelo de convivencia inclusivo.
EL FUTURO DE LA DEMOCRACIA: UNA LUCHA CONTRA EL ODIO EN EL PODER
La popularidad de la AfD entre ciertos sectores de la población plantea un desafío para las instituciones democráticas y expone las carencias de un sistema que, en su afán por respetar todas las voces, ha dejado espacio para que el odio tome asiento en el parlamento. Pero ¿cómo se combate un fenómeno que representa el fracaso de la misma clase política que ahora intenta suprimirlo?
La AfD se ha alimentado de la frustración ciudadana con un sistema que no ofrece alternativas reales al capitalismo neoliberal que precariza a trabajadoras y trabajadores, mina los derechos sociales y expulsa a las personas vulnerables a los márgenes de la sociedad. El capitalismo ha engendrado un clima de desconfianza y abandono en el que la AfD se presenta como la voz que escucha y canaliza la rabia social, aunque lo haga con fines destructivos. Los discursos de exclusión que propagan el miedo hacia el “otro” no son sino el reflejo de un modelo económico que divide a las personas, genera competencia y favorece a unos pocos en detrimento de la mayoría.
El Parlamento alemán se enfrenta así a una decisión histórica. Prohibir a la AfD no resolverá los problemas estructurales que han permitido su crecimiento, pero podría enviar un mensaje claro: Alemania no tolerará que quienes promueven el odio tomen el poder en su nombre.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Y aquí ya están tardando…