05 Feb 2026

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Telegram contra el Gobierno: cuando la “libertad” es negocio
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Telegram contra el Gobierno: cuando la “libertad” es negocio 

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El fundador de Telegram no ataca a Sánchez por principios democráticos, sino por dinero, poder y una alianza estratégica con Elon Musk que convierte la privacidad en mercancía.

El envío de una alerta masiva a millones de teléfonos móviles en España por parte de Pável Dúrov no es un gesto inocente ni una cruzada ética por la libertad de expresión. Es una operación política, económica y comunicativa sin precedentes recientes en Europa. Un magnate extranjero utilizando la infraestructura privada de una plataforma de mensajería para intervenir directamente en el debate público de un país concreto, señalando a su presidente y agitando el miedo a un supuesto “Estado de vigilancia”.

La secuencia importa. Apenas 24 horas antes, Elon Musk había llamado “tirano” y “traidor” a Pedro Sánchez por anunciar una regulación más estricta de las redes sociales. Al día siguiente, Dúrov activa un canal oficial de Telegram para enviar un mensaje político a la ciudadanía española. Dos tecnomagnates actuando de forma coordinada contra un Gobierno democrático por intentar imponer límites legales a plataformas que operan sin control efectivo.

No se trata de una discusión abstracta sobre libertades. El mensaje de Dúrov ataca dos medidas concretas anunciadas por el Ejecutivo: la prohibición de acceso a redes sociales a menores de 16 años y la responsabilidad penal de las y los directivos que toleren la difusión sistemática de contenidos ilícitos. Medidas que no son una anomalía española, sino parte de un debate abierto en toda la Unión Europea tras años de inacción frente a la desinformación, el odio organizado y los delitos graves cometidos a través de plataformas digitales.

Que un empresario multimillonario utilice una notificación del sistema para deslegitimar políticas públicas es, en sí mismo, la mejor prueba de por qué es necesaria la regulación.

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EL NEGOCIO DETRÁS DEL DISCURSO DE LA “LIBERTAD”

Dúrov presenta la verificación de edad como una amenaza a la privacidad, ocultando deliberadamente que el Gobierno español participa en un proyecto piloto europeo para verificar la edad sin identificar a las personas adultas. El argumento del “fin del anonimato” funciona como espantajo ideológico, pero no resiste el contraste con los hechos.

Lo que sí es verificable son los 300 millones de dólares que Telegram ha recibido de Musk a cambio de permitir el uso de datos de sus usuarios para entrenar sistemas de inteligencia artificial de xAI. Privacidad cuando conviene, monetización cuando hay un cheque encima de la mesa. Ese acuerdo, confirmado en 2024, rompe frontalmente con el relato fundacional de Telegram como refugio frente a la vigilancia y la explotación comercial de los datos.

La supuesta defensa de la libertad de expresión se diluye aún más si se observa el historial personal de Dúrov. Detenido en agosto de 2024 en Francia por no colaborar con la justicia, permanece bajo libertad vigilada acusado de complicidad en delitos de crimen organizado, distribución de pornografía infantil y tráfico de drogas a través de su plataforma. No por generar los contenidos, sino por mirar hacia otro lado de forma sistemática.

Desde esa detención, su aproximación a Musk y a figuras de la extrema derecha estadounidense se ha intensificado. No es una alianza ideológica casual, sino una comunidad de intereses: evitar regulaciones, blindar modelos de negocio opacos y convertir cualquier límite legal en una supuesta censura autoritaria.

Cuando hablan de libertad, hablan de libertad empresarial para no rendir cuentas.

TECNOOLIGARCAS, PODER POLÍTICO Y DOBLE MORAL

El comunicado de la Moncloa fue directo: el mensaje de Dúrov está “lleno de bulos” y responde a la forma habitual de operar de los tecno-oligarcas. El dato que aporta el Gobierno no es menor: según el Eurobarómetro, el 95% de la ciudadanía española está preocupada por la desinformación y los discursos de odio en internet. Una preocupación que no nace de la nada, sino de la experiencia cotidiana en plataformas como Telegram, donde redes de abuso sexual infantil y tráfico de drogas operan con una visibilidad conocida.

La ironía es brutal. Quienes permiten esas dinámicas se erigen ahora en guardianes de la libertad. Quienes comercian con datos personales alertan contra la vigilancia estatal. Quienes concentran poder comunicativo global acusan a un Estado de autoritarismo por intentar aplicar la ley.

La trayectoria de Dúrov con Rusia completa el cuadro. Durante años afirmó haberse exiliado por negarse a colaborar con el Kremlin, pero registros fronterizos demuestran más de 50 visitas a Rusia entre 2014 y 2024. Telegram, además, funciona hoy como herramienta clave de comunicación para las Fuerzas Armadas rusas en la guerra de Ucrania. Neutralidad selectiva, principios flexibles, ética adaptable al contexto.

El mensaje masivo a los usuarios españoles no es un acto de valentía cívica. Es una advertencia corporativa. Si reguláis, atacamos. Si ponéis límites, movilizamos nuestras plataformas contra vosotros.

Pedro Sánchez respondió en X con una cita literaria. No era solo ironía. Era una constatación política. Cuando los tecnoligarcas ladran, no es porque peligre la libertad, sino porque alguien se ha atrevido a tocar el negocio.

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