Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Quienes viven de despojar de dignidad a los demás se estremecen cuando se pronuncia la palabra que les revela.
EL LENGUAJE COMO CAMPO DE BATALLA
Las ideologías autoritarias siempre han entendido que el lenguaje es un territorio de conquista. No necesitan argumentos, solo etiquetas. De ahí su arsenal verbal: buenista, feminazi, okupa, chavista, liberticida. Palabras lanzadas como piedras, destinadas no a dialogar, sino a desfigurar al adversario hasta convertirlo en una caricatura.
El mecanismo es perverso: quien exige justicia social deja de ser ciudadano y pasa a ser extremista. Quien defiende la igualdad se convierte en feminazi. Quien lucha contra los desahucios deja de ser vecino y pasa a ser “rojo de mierda”. Quien exige justicia social queda reducido a «chavista». Y hasta el gesto de rescatar vidas en el Mediterráneo, el acto más elemental de humanidad, recibe la injuria de “negrero”. Así, sin matices, el insulto no es ya un exabrupto ocasional, sino un dispositivo político. El lenguaje se convierte en celda: la palabra condena antes que cualquier tribunal.
Y, sin embargo, todo ese engranaje se tambalea cuando alguien pronuncia el término preciso: nazi. De repente, los maestros del estigma claman haber sido estigmatizados. Los verdugos descubren, como si fuera la primera vez, el dolor de ser nombrados.
EL DRAMA DEL NOMBRE PROPIO
El fascismo del presente tiene un rasgo esencial: adora la estética del poder, pero teme su propio nombre. Prefiere autodenominarse patriota, identitario, conservador clásico. Lo que no soporta es que se trace la línea que une su discurso con las ruinas de Europa, con las cenizas de Auschwitz, con las cunetas repletas de cadáveres anónimos.
La paradoja es brutal. Quienes desean proscribir partidos se presentan como perseguidos. Quienes levantan muros contra las personas migrantes denuncian censura. Quienes glorifican a dictadores hablan de dictadura progre. La impostura es evidente: apropiarse del papel de víctima mientras se ejerce de opresor.
Ahí radica la clave de su gramática: la licencia absoluta para injuriar y la hipersensibilidad cuando reciben el adjetivo que los desnuda. El tertuliano de verbo inflamado, el diputado de retórica envenenada, el troll digital que se esconde tras un avatar: todos practican la misma liturgia. Se alimentan del insulto al otro y, a la vez, exigen reverencia para sí.
Pero cuando alguien se atreve a devolverles el espejo con la palabra justa —nazi—, el artificio se desploma. El fascista, que parecía indestructible en su arrogancia, se derrumba en cuanto se le arranca la máscara. Llora no porque haya sido ofendido, sino porque ha sido reconocido.
La escena es casi literaria: tras inundar la esfera pública con injurias, el fascista se descubre inerme ante el único vocablo que lo retrata con fidelidad histórica y moral. La etiqueta que ellos convierten en arma, cuando se vuelve contra ellos, deja de ser etiqueta para transformarse en diagnóstico. Y entonces se rebelan contra el espejo como un vampiro frente a la luz.
El verdugo que exige compasión porque alguien, por fin, lo llamó verdugo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir