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Es hora de que los defensores de la tauromaquia dejen de vivir del dinero de la gente
El Ministerio de Cultura ha dado un golpe certero al corazón de la tauromaquia al eliminar el Premio Nacional de Tauromaquia. Esta decisión, respaldada por más del 90% de la ciudadanía en una consulta pública, no solo marca el fin de un reconocimiento que jamás debió existir, sino que pone sobre la mesa un debate que lleva demasiado tiempo pendiente en la sociedad española: ¿seguiremos protegiendo un espectáculo que celebra la violencia? Para sorpresa de algunos sectores políticos y culturales, la respuesta ha sido contundente. El tiempo de los toros ha pasado.
UNA TRADICIÓN QUE NO TIENE FUTURO
Es insólito que en pleno siglo XXI se siga hablando de la tauromaquia como un símbolo cultural de España. Los que la defienden la enmarcan en términos de arte y tradición, cuando lo que realmente hacen es blanquear la tortura de un animal indefenso hasta su muerte en medio de aplausos. El maltrato animal no es cultura, y quienes insisten en proteger esta barbarie están condenados a ser parte de un pasado del que España, poco a poco, comienza a desprenderse. El último clavo en el ataúd lo ha puesto la sociedad, que mayoritariamente ha apoyado la desaparición del Premio Nacional de Tauromaquia, demostrando que el pueblo ya no respalda este espectáculo sangriento.
A pesar de los intentos desesperados de un sector taurino cada vez más reducido, los números no mienten. La Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España deja claro que solo el 1,9% de la población asiste a espectáculos taurinos, una cifra que se desploma año tras año. El hecho de que los festejos taurinos hayan descendido un 4,7% en 2023 es una prueba fehaciente de que la tauromaquia está muriendo. Los intentos de reavivarla son fútiles, y cuanto antes lo acepten, mejor será para la sociedad en su conjunto.
Resulta inconcebible que una industria que se sostiene únicamente por la inyección constante de dinero público siga teniendo cabida en un país que se enfrenta a crisis económicas recurrentes. El dinero de las y los contribuyentes no puede seguir financiando un espectáculo basado en la crueldad. La tauromaquia es un lastre económico y moral del que España debe deshacerse de inmediato. El hecho de que algunas comunidades autónomas continúen apoyándola con subvenciones solo demuestra el profundo desfase de ciertos políticos con el sentir general de la ciudadanía.
LOS POLÍTICOS QUE APOYAN LA BARBARIE
En este contexto, es alarmante ver cómo ciertos sectores políticos insisten en sostener esta práctica anacrónica. El Partido Popular, con su habitual retórica populista, ha prometido reinstaurar el Premio Nacional de Tauromaquia si vuelve al poder. Esta postura no solo es irresponsable, sino profundamente cínica. Bajo el pretexto de defender la libertad cultural, lo que realmente hacen es perpetuar la violencia y el sufrimiento en nombre de una tradición que ya no tiene sentido.
Más grave aún es escuchar las palabras de Borja Sémper, vicesecretario de Cultura del PP, afirmando que suprimir el premio es un ataque a la pluralidad cultural. Confundir brutalidad con pluralidad es un insulto a la inteligencia colectiva. De igual manera, José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, calificó la tauromaquia como “la fiesta más culta que hay hoy en el mundo”. ¿Cultura? La única cultura que promueve la tauromaquia es la de la insensibilidad ante el sufrimiento animal, y los políticos que la defienden son cómplices directos de esa crueldad.
La tauromaquia es la antítesis de lo que una sociedad avanzada y justa debería representar. Es incomprensible que, en pleno siglo XXI, ciertos políticos sigan defendiendo este espectáculo de tortura como si fuese un tesoro nacional. Más bien, es una mancha en la historia del país, y quienes la protegen desde las instituciones no solo se están equivocando, sino que están traicionando a la mayoría de la ciudadanía, que ya ha dejado claro que no quiere más toros, más sangre ni más dolor.
EL NEGOCIO DE LA TAUROMAQUIA: UNA INDUSTRIA MORIBUNDA
El argumento de que la tauromaquia genera empleo es una falacia que, a día de hoy, no se sostiene. El sector taurino está en declive, y depender de subvenciones públicas para sobrevivir no es sostenible ni justificable. Mientras miles de empleos en otros sectores productivos luchan por mantenerse sin recibir ayudas, la tauromaquia sigue chupando del bote. La reciente subvención de 300.000 euros otorgada por la Generalitat Valenciana a la Fundación Toro de Lidia es un ejemplo más de cómo algunos gobiernos regionales siguen empeñados en sostener una industria que está destinada a desaparecer.
Este dinero público debería destinarse a sectores que realmente contribuyan al desarrollo de una cultura moderna y ética, no a mantener un espectáculo basado en la tortura. Es hora de que los defensores de la tauromaquia dejen de vivir del dinero de la gente, de un sistema que subvenciona la crueldad con dinero público mientras miles de ciudadanos y ciudadanas luchan por mantener sus trabajos en sectores mucho más productivos y éticamente respetables.
La narrativa del arte y la tradición que rodea la tauromaquia es un disfraz para encubrir una realidad mucho más cruda: la tauromaquia es violencia pura y simple, y nada de lo que puedan decir los políticos que la defienden cambiará esa verdad. En lugar de protegerla, deberían estar trabajando en políticas culturales que promuevan el respeto, la creatividad y la evolución moral de la sociedad.
UNA SOCIEDAD QUE DICE BASTA
La tauromaquia no solo ha perdido relevancia cultural, sino también moral. Las y los ciudadanos han hablado: no queremos más violencia en nuestras plazas. La defensa de la tauromaquia ya no es una cuestión de tradición, sino una insistencia testaruda en perpetuar un espectáculo que representa lo peor de nuestra sociedad: la glorificación del sufrimiento ajeno como entretenimiento.
La tauromaquia no es cultura, es crueldad, y cuanto antes lo entiendan quienes todavía la defienden, mejor será para todos. El tiempo de los toros ha terminado. España no necesita seguir cargando con este lastre.
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DEBIÓ OCURRIR ESTO DESDE HACE UNOS 30 O 40 AÑOS PERO NUNCA ES TARDE PARA DESTRUIR UN QUEHACER Y PRACTICA TAN DEZLESNABLE Y SADICA ,,SANGRIENTA,Y CRIMINAL-ENFERMA COMO ESTA BASURA DE EVENTO!!