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La hermana del presidente argentino, arquitecta política del Gobierno, implicada en una trama cripto que estalla en los tribunales y sacude al Congreso
Treinta años sin que un jefe de Gabinete fuera interpelado por el Congreso argentino. Treinta años hasta que estalló el escándalo de $LIBRA. La criptomoneda sin respaldo, sin regulación y con vínculos directos con el entorno presidencial, se ha convertido en el primer gran terremoto institucional del mandato de Javier Milei. Y en el epicentro, la figura que ha tejido el poder en la sombra: Karina Milei.
El pasado 4 de mayo, la sesión parlamentaria fue más que caótica: fue histórica. El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, se sentó con el gesto rígido del que intuye que va a recibir golpes sin defensa. Y así fue. Repeticiones vagas sobre “relaciones entre privados”, justificaciones pobres sobre un tuit presidencial que impulsó la moneda justo antes de su salida al mercado, y una cadena de evasivas ante una pregunta clave: ¿quién facilitó a Milei la información de un proyecto que ni siquiera estaba online? Nadie supo —o quiso— responder.
Francos fue la cara visible del blindaje. Pero ni Karina Milei ni el vocero presidencial, Manuel Adorni, ni los ministros clave del Gobierno se dignaron a aparecer. Se refugiaron en el silencio, como si la ausencia fuera una estrategia. Y quizás lo era. Porque lo que se investiga ya no es solo una promoción imprudente, sino una posible estafa piramidal con base en la Casa Rosada.
Según el expediente judicial, en manos de la jueza María Romilda Servini, el caso excede cualquier formalismo técnico. Reuniones, contratos, visitas al despacho presidencial, firmas de intención, y una criptomoneda que arrastró a cientos de inversores minoristas a la ruina. El fiscal Eduardo Taiano ha solicitado el levantamiento del secreto bancario y fiscal de los hermanos Milei, así como de los promotores de $LIBRA, entre ellos Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy, figuras ya fotografiadas con el propio presidente en actos oficiales como el Tech Forum, consolidando una imagen de respaldo institucional que hoy se convierte en prueba acusatoria.
KARINA MILEI: LA HERMANA, EL ENLACE, LA FIRMA
Karina Milei no es una asesora menor ni un nombre decorativo. Es la Secretaria General de la Presidencia, firmante directa de acuerdos con la plataforma Cube Exchange —clave en la operación cripto— y habitual anfitriona de reuniones con los promotores del token. Su nombre aparece en los registros de al menos diez visitas a Casa Rosada durante 2024, acompañando a inversores como Hayden Davis y al CEO de Cube, Bartosz Lipinski. No era una espectadora. Era parte.
Y lo más explosivo aún no ha pasado por los tribunales, pero ha incendiado los medios: un mensaje atribuido al propio Hayden Davis, filtrado por periodistas, en el que afirma: “Le mando $$ a su hermana y él firma lo que quiero.” No hay desmentido oficial. No hay réplica presidencial. Solo un silencio que, viniendo de Milei —habitual atacante de periodistas, políticos, activistas, enfermeras, docentes o pensionistas—, es más elocuente que cualquier comunicado.
En paralelo, la jueza Servini y el fiscal Taiano han comenzado a rastrear el dinero. Están buscando transferencias, registros, capturas de pantalla, cualquier huella digital que confirme lo que ya huele a delito. Porque $LIBRA no fue solo una criptomoneda fracasada. Fue una maniobra de marketing encubierta desde el corazón del poder político.
La oposición ha conseguido activar una comisión parlamentaria de investigación, pese a las maniobras del oficialismo para vaciar el quórum. Diputadas y diputados de Unión por la Patria, del Frente de Izquierda y de espacios provinciales ven en esto un patrón: el gobierno de Milei no solo se niega a dar explicaciones, sino que utiliza todas sus herramientas institucionales para proteger a una funcionaria que, casualmente, es su hermana.
Karina Milei, “El Jefe”, como la apodan, es quien decide a quién se recibe en Balcarce 50, quién entra en la mesa de decisiones, quién es vetado. Javier Milei lo ha dicho sin tapujos: “Sin ella no podría gobernar.” Pero ahora su omnipresencia es una carga. Porque el escándalo ya no puede encapsularse, ya no puede silenciarse con gritos libertarios ni memes en redes sociales. Las y los jueces, periodistas y diputadas que no se han dejado intimidar ya han puesto el foco donde más duele: en los vínculos de sangre y poder.
El Congreso no había interpelado a un jefe de Gabinete desde que Domingo Cavallo, en los años 90, defendía las privatizaciones a cara de piedra. Treinta años después, la nueva cara del ajuste, el anarcocapitalismo y la desregulación a ultranza está bajo fuego, no por ideas, sino por una estafa orquestada desde las entrañas del poder.
Si las pruebas materiales aparecen —y hay muchas posibilidades de que lo hagan—, el gobierno de Milei enfrentará no solo una crisis política, sino una crisis penal que lo acompañará hasta su caída. Porque no se trata solo de una criptomoneda fallida. Se trata del uso del poder institucional para enriquecer a unos pocos y dejar a cientos con los bolsillos vacíos.
Y si hay algo que la historia argentina ha demostrado una y otra vez es que la impunidad no siempre es eterna.
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