Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Las potencias que arman a Israel, con Estados Unidos y la Unión Europea al frente, son tan responsables como quienes lanzan las bombas.
El sábado 13 de abril de 2025, a las 22:40 hora local, el ejército israelí bombardeó el hospital Al Ahli —también conocido como Hospital Bautista— en la ciudad de Gaza. Según la Oficina de Información de Gaza, el ataque causó graves daños en las instalaciones médicas, obligando a evacuar a las personas heridas que todavía podían ser trasladadas. No todas lo lograron. Varias quedaron sepultadas entre escombros.
El hospital, uno de los últimos centros de salud parcialmente operativos en el norte de la Franja, ha quedado fuera de servicio. Así lo ha confirmado Al Jazeera tras verificar un vídeo donde equipos de rescate buscaban sobrevivientes entre ruinas.
Este ataque no es un caso aislado. Es parte de un patrón sistemático de destrucción de infraestructura sanitaria. La misma Oficina de Información de Gaza ha publicado una lista de 35 hospitales atacados por Israel desde el inicio de la guerra. La mayoría están ahora inutilizados. El sistema de salud gazatí, asfixiado por el bloqueo y los ataques, apenas resiste con generadores, vendajes de tela reciclada y anestesia improvisada.
El Ejército israelí, al cierre de este artículo, no ha ofrecido ninguna explicación. No la necesita. La impunidad ya viene firmada desde Washington, Berlín, Londres y París.
LA COMPLICIDAD DE LOS QUE SE DICEN DEMÓCRATAS
Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Francia no solo guardan silencio. Financia, legitiman y encubren. Desde el 7 de octubre de 2023, el apoyo militar y diplomático al Gobierno de Netanyahu ha sido incondicional.
El gobierno de Joe Biden ha autorizado más de 14.000 millones de dólares en asistencia militar a Israel, incluidos envíos de bombas de racimo y proyectiles de gran potencia. Alemania sigue enviando armamento mientras prohíbe manifestaciones en apoyo al pueblo palestino. En febrero, prohibieron hasta ondear la bandera palestina en escuelas y actos públicos. El Reino Unido y Francia, además de sus negocios armamentísticos, han vetado investigaciones internacionales sobre crímenes de guerra cometidos en Gaza.
La Europa que se golpea el pecho con los derechos humanos colabora activamente en la demolición de hospitales, escuelas y viviendas. Y lo hace sin siquiera disimular. El pasado mes de marzo, el Parlamento Europeo rechazó por mayoría una resolución que pedía suspender los acuerdos de asociación con Israel por violaciones del derecho internacional. 379 eurodiputadas y eurodiputados votaron en contra. Aquí está el registro completo.
Desde entonces, las bombas han seguido cayendo. En las últimas 24 horas, según el Ministerio de Sanidad de Gaza, 21 cadáveres y 64 heridos han llegado a lo que queda de los hospitales, mientras decenas de cuerpos siguen bajo los escombros, inaccesibles por la destrucción de las carreteras y la falta de ambulancias. El comunicado oficial puede consultarse aquí.
Se trata de una política de castigo colectivo, prohibida por el derecho internacional, amparada por una narrativa que deshumaniza y niega el estatuto de víctimas a quienes resisten bajo la ocupación.
Naciones Unidas ha denunciado reiteradamente los ataques a instalaciones médicas. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) advirtió en marzo que el colapso sanitario es inminente y que el acceso humanitario es sistemáticamente bloqueado por Israel. Este es el último informe disponible.
Pese a todo, no ha habido sanciones. No ha habido embargos. No ha habido ruptura de relaciones diplomáticas. Lo que sí ha habido son contratos millonarios de armas, cooperación tecnológica y campañas de criminalización contra quienes denuncian el genocidio.
No se puede hablar de neutralidad cuando se financia a un ejército que bombardea hospitales. Tampoco se puede invocar el derecho a defenderse mientras se deja sin quirófano a miles de civiles heridos.
La comunidad internacional no solo ha fallado. Ha elegido deliberadamente mirar hacia otro lado mientras se bombardea a quienes ya estaban muriendo en camillas sin oxígeno. Y eso no es diplomacia. Es complicidad con el crimen.
La historia no absolverá a quienes callaron cuando se bombardeaban incubadoras.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir