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Son 14 páginas de nombres que jamás podrán pronunciar sus primeras palabras, de niños y niñas que nunca llegarán a celebrar un cumpleaños.
El pasado domingo, las autoridades gazatíes publicaron un documento aterrador que refleja la magnitud de la tragedia humana que ha devastado la Franja de Gaza desde el inicio de la ofensiva israelí en octubre de 2023. Un archivo de 649 páginas que pone nombre a 34,000 personas asesinadas, un tercio de ellas niñas y niños. Son nombres, no números, los que han perdido la vida bajo el constante bombardeo, en una operación militar que cada día se parece más a un genocidio deliberado. Las primeras 14 páginas están dedicadas a bebés menores de un año. Esa es la realidad que Israel ha impuesto sobre un pueblo asfixiado y abandonado por una comunidad internacional que, en su mayoría, ha elegido mirar hacia otro lado.
The first 14 pages are under 1 year olds.
— Dr Prital Patel ? (@prital_) September 16, 2024
The first 14 pages are under 1 year olds.
The first 14 pages are under 1 year olds.
The first 14 pages are under 1 year olds.
The first 14 pages are under 1 year olds.
The first 14 pages are under 1 year olds. https://t.co/SkALMIL0M2
El registro, publicado por el Ministerio de Salud de Gaza, es incompleto. Las cifras reales de muertes superan las 42,000 personas, según estimaciones conservadoras, mientras que la prestigiosa revista The Lancet elevó esa cifra a 186,000 en un artículo de junio. No hay justificación posible para el asesinato sistemático de niños y niñas. No se trata de bajas colaterales, ni de incidentes desafortunados. El asesinato de menores palestinos es una constante que se ha repetido durante casi un año de bombardeos incesantes, ante la mirada pasiva de las potencias mundiales.
EL SILENCIO INTERNACIONAL ANTE UNA TRAGEDIA HUMANITARIA
El silencio es cómplice. Las grandes potencias, que se autoproclaman defensoras de los derechos humanos, han permitido que esta masacre se prolongue. A lo largo de estos meses, Estados Unidos y la Unión Europea han mantenido una postura ambigua, hablando de «derecho a la defensa» para justificar el incesante asedio sobre Gaza. Pero, ¿desde cuándo el derecho a defenderse implica el derecho a asesinar niños?
En una reciente rueda de prensa en Ginebra, varios expertos de Naciones Unidas subrayaron lo obvio: el trato de Israel hacia la población palestina no puede seguir impune. La comunidad internacional, dicen, está en un punto de inflexión. Francesca Albanese, una de las expertas del Consejo de Derechos Humanos, no se anduvo con rodeos: “Es inevitable que Israel se convierta en un estado paria frente a su continuo, imparable y humillante asalto a las Naciones Unidas, por encima de millones de palestinos”.
Las palabras de Albanese no son un pronóstico lejano, sino una advertencia. La violencia sistemática que Israel ejerce sobre Gaza, sumada al bloqueo que impide la entrada del 83% de la ayuda alimentaria, ha puesto a medio millón de personas al borde de la hambruna. La situación humanitaria en Gaza es tan crítica que hasta el más cínico de los observadores debería cuestionarse si lo que está ocurriendo en la Franja no es más que una versión moderna y brutal de un genocidio planificado.
UNA MAREA DE DOLOR: NOMBRES QUE NO SE OLVIDAN
Entre las 649 páginas del documento que recoge a las víctimas palestinas, las primeras 14 están dedicadas exclusivamente a bebés menores de un año. 14 páginas de nombres que jamás podrán pronunciar sus primeras palabras, de niños y niñas que nunca llegarán a celebrar un cumpleaños. Estas páginas no solo son un testimonio del horror que sufren las familias palestinas, sino también una acusación directa contra aquellos que permiten que esta tragedia continúe.
La investigadora en salud pública Prital Patel fue clara en su denuncia: «Los funcionarios de Biden han pasado casi un año intentándonos convencer de que la masacre de bebés forma parte del derecho a Israel a defenderse». Es inaceptable que la diplomacia internacional siga buscando excusas para justificar la matanza de inocentes. Lo que está ocurriendo en Gaza no es un incidente aislado, ni fruto de una confrontación bélica clásica. Es una campaña sistemática que apunta a aniquilar a una generación de palestinos antes de que puedan siquiera tener la oportunidad de vivir.
La comunidad internacional, aunque conmocionada por las imágenes de madres cargando los cuerpos de sus hijos e hijas frente a hospitales destruidos, sigue sin actuar con la contundencia necesaria. Las Naciones Unidas han hecho declaraciones enérgicas, pero hasta el momento, poco ha cambiado en la realidad diaria de quienes sobreviven bajo el asedio.
Israel, por su parte, continúa su ofensiva sin apenas resistencia diplomática seria. Mientras los gobiernos se preocupan más por sus alianzas estratégicas que por la vida de miles de personas, el ejército israelí bombardea hospitales, escuelas y refugios, asegurándose de que el sufrimiento palestino nunca acabe. No es una guerra, es una masacre.
Ayer, 35 palestinos más fueron asesinados en Gaza. La mayoría de ellos, refugiados en la costa, donde las mareas de este invierno inclemente ya han empezado a mojar las tiendas que se han convertido en el último refugio para miles de personas. El invierno está a la vuelta de la esquina, y para quienes aún sobreviven en Gaza, cada día es una lucha por la mera existencia.
La indiferencia global hacia esta tragedia no puede seguir. La lista de nombres es demasiado larga, y crece cada día. ¿Cuántos más deben morir antes de que el mundo se despierte?
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