Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Bruselas firma unos aranceles del 15% contra Europa mientras mantiene abierto el mercado europeo a Estados Unidos y compra energía estadounidense por 700.000 millones de euros
EUROPA RENUNCIA A DEFENDERSE
La Unión Europea vuelve a vender la misma ficción de siempre: que ceder ante Donald Trump es “estabilidad”. Que aceptar amenazas es “pragmatismo”. Que tragarse un acuerdo claramente desigual es “responsabilidad institucional”. Y así, paso a paso, amenaza tras amenaza, Ursula von der Leyen ha terminado firmando un pacto comercial que consolida un desequilibrio brutal a favor de Estados Unidos.
El acuerdo, cerrado durante la madrugada del miércoles entre la Comisión Europea, el Consejo y el Parlamento Europeo, mantiene prácticamente intacto el texto que Von der Leyen pactó con Trump el verano pasado. Un texto que impone aranceles del 15% a los productos europeos mientras el mercado único comunitario continúa abierto para las mercancías estadounidenses. Europa paga. Washington cobra. Y Bruselas sonríe como si hubiese logrado una victoria diplomática.
La escena resulta difícil de maquillar. Más todavía cuando el propio Trump llevaba semanas presionando públicamente a la UE para acelerar la aprobación del acuerdo antes del 4 de julio, fecha límite marcada por la Casa Blanca. El mensaje era transparente: o aceptáis rápido o habrá más castigo económico. Y funcionó.
Porque funcionó.
Trump incluso volvió a amenazar con nuevos aranceles cuando el Parlamento Europeo retrasó la tramitación del pacto. Después habló con Von der Leyen por teléfono. Poco después retiró las amenazas. La presidenta de la Comisión Europea respondió comprometiéndose a sacar adelante el acuerdo “lo antes posible”. Así se negocia hoy con Washington: bajo chantaje y con sonrisas institucionales.
“Un pacto es un pacto”, escribió Von der Leyen en X. Una frase casi perfecta para resumir el problema. Porque parece que cualquier pacto vale aunque una de las partes actúe como una potencia abusiva que amenaza constantemente a sus socios, juega con los mercados y utiliza el miedo económico como herramienta diplomática.
La cuestión no es solo comercial. Es política. Es geopolítica. Y también es simbólica.
Mientras Europa habla de “autonomía estratégica”, acepta depender todavía más de Estados Unidos. Mientras presume de soberanía energética, se compromete a importar productos energéticos estadounidenses por valor de 700.000 millones de euros. Setecientos mil millones. Una cifra obscena que desmonta años enteros de discursos sobre independencia y transición estratégica.
Y todo esto sucede mientras Trump sigue comportándose como un dirigente que amenaza abiertamente a aliados europeos, incluida Dinamarca, al insinuar su intención de tomar Groenlandia por la fuerza. Un territorio soberano de la UE. Aun así, Bruselas decidió seguir adelante con el acuerdo.
Porque el problema ya no es Trump. El problema es una Unión Europea incapaz de plantar cara incluso cuando la humillación es pública.
EL PARLAMENTO EUROPEO PIDE LÍMITES Y BRUSELAS LOS IGNORA
La Eurocámara intentó introducir algunas garantías mínimas. No grandes gestas. Simple supervivencia política.
El Parlamento Europeo pidió que el acuerdo quedara automáticamente suspendido si Trump volvía a amenazar a la UE o incumplía su parte del pacto. También reclamó que el texto no entrase en vigor hasta que Washington rebajara realmente los aranceles al acero y al aluminio europeos al 15%, tal y como se había prometido durante las negociaciones.
Nada de eso salió adelante.
Ni cláusula automática. Ni protección real. Ni mecanismos claros frente a futuras agresiones comerciales estadounidenses. Bruselas y los gobiernos estatales prefirieron evitar cualquier elemento que pudiera molestar a la Casa Blanca. Incluso aunque eso significara dejar a la propia Unión Europea desprotegida frente a nuevos abusos.
Y aquí aparece otro detalle incómodo. Gobiernos que luego se presentan como defensores de la soberanía europea también respaldaron acelerar el acuerdo. Entre ellos el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que públicamente ha insistido en la necesidad de aprobarlo cuanto antes para evitar que Trump exija todavía más concesiones.
Es una lógica perversa. Ceder rápido para que el agresor no apriete más fuerte.
El Parlamento Europeo sí logró incluir una disposición temporal importante: el acuerdo expirará justo antes de que termine el mandato actual de Trump, obligando a renegociarlo desde cero si se quiere mantener. También consiguió introducir la posibilidad de suspender el pacto si las empresas y trabajadores europeos resultan perjudicados por los aranceles estadounidenses. Pero incluso ahí hay trampa. No será automático. La decisión final quedará en manos de la Comisión Europea de Von der Leyen. Es decir, de quienes ya han demostrado hasta dónde están dispuestos a ceder.
Mientras tanto, buena parte de los grupos progresistas, ecologistas y algunos sectores liberales siguen mostrando reticencias ante la ratificación definitiva del acuerdo. Y no es extraño. Lo que se está consolidando aquí no es una alianza equilibrada. Es una relación de subordinación económica envuelta en lenguaje diplomático.
Europa acepta aranceles, abre su mercado, compra energía masivamente a Estados Unidos y renuncia a mecanismos automáticos de defensa. Todo para evitar enfadar a Trump.
La gran potencia económica que prometía liderar un nuevo orden mundial lleva años actuando como un continente rehén del miedo político, energético y militar. Y cada concesión alimenta la siguiente. Porque cuando el chantaje funciona, el chantajista siempre vuelve a pedir más.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Trump fantasea con cancelar elecciones mientras EEUU se acerca peligrosamente al autoritarismo
Donald Trump vuelve a hacer una de esas cosas que sus portavoces intentan vender después como “sarcasmo”, “provocación” o “una simple broma”. El problema es que ya nadie puede fingir ingenuidad. Cuando un presidente que intentó revertir unas elecciones, alentó el asalto al Capitolio y lleva años difundiendo mentiras sobre fraude electoral habla de cancelar elecciones, la cuestión deja de ser retórica. Se convierte en una amenaza política real. Trump lo ha insinuado varias veces en los últimos meses. Primero hablando con Zelenski sobre la suspensión electoral en Ucrania durante la guerra. “Eso es algo bueno”, llegó a decir. Después sugiriendo que “ni siquiera debería haber elecciones” debido a su supuesto éxito presidencial. Y la Casa Blanca, como siempre, corriendo detrás para apagar el incendio diciendo que “solo estaba bromeando”.
La nueva concentración mediática llega con bandera israelí
Glenn Greenwald ha señalado una coincidencia que debería preocupar bastante más de lo que preocupará: justo cuando el apoyo público a Israel cae en Estados Unidos y en buena parte de Occidente, algunas de las grandes plataformas mediáticas pasan a estar dirigidas o condicionadas por perfiles abiertamente alineados con el sionismo. El caso de Bari Weiss, situada para supervisar operaciones editoriales de CBS News y también CNN, no es un simple movimiento empresarial. Es una decisión política dentro del corazón del ecosistema informativo estadounidense. Y llega en un momento muy concreto: cuando las imágenes de Gaza, el asedio, la destrucción y la impunidad israelí han roto una parte del consenso fabricado durante décadas.
Somalia llenó un estadio para recibir al árbitro que EEUU expulsó del Mundial
. En Estados Unidos, Artan pasó 11 horas retenido en el aeropuerto de Miami, fue interrogado, llevado a una celda de detención y finalmente deportado a Estambul pese a asegurar que tenía “todos los papeles en regla” y “la visa correcta”. Había sido seleccionado por la FIFA entre 52 árbitros del torneo y formaba parte del grupo de siete jueces africanos convocados. No hablamos de alguien que llegó improvisando a una frontera. Llegó con documentación oficial, trayectoria profesional de más de una década y un sueño legítimo. Aun así, la maquinaria migratoria de Trump lo trituró sin darle una explicación concreta.
Vídeo | Revolución Flamingo: Albania se levanta contra el colonialismo de lujo de los Trump
Un pueblo entero plantándose contra millonarios, fondos buitre y gobiernos dispuestos a vender su costa al mejor postor
Vídeo | Belfast arde: la extrema derecha convierte un crimen en una cacería racista
Casas de familias migrantes atacadas, menores aterrorizados y Europa fingiendo sorpresa ante el odio que lleva años alimentando
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir