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El futbolista difundió bulos sobre el sol y las cremas solares en ‘El Hormiguero’ mientras las autoridades sanitarias recuerdan que la radiación ultravioleta provoca cáncer de piel y daños acumulativos
La desinformación sanitaria ya no necesita gurús de Telegram ni pseudocientíficos escondidos en YouTube. Ahora se sienta en prime time. Sonríe. Hace chistes. Y Pablo Motos le da paso mientras millones de personas miran la televisión. Eso fue exactamente lo que ocurrió el 19 de mayo, cuando el futbolista Marcos Llorente acudió a El Hormiguero y decidió cuestionar la eficacia de las cremas solares y negar los peligros de la radiación ultravioleta delante de toda España.
No fue un desliz. Ni una frase sacada de contexto. Fue un discurso deliberado. Repetido. Sostenido incluso cuando el presentador intentó rebatirlo con datos científicos.
El problema ya no es solo Marcos Llorente. El problema es el ecosistema mediático que convierte cualquier barbaridad en una “opinión más”, como si décadas de investigación científica pudieran ponerse al mismo nivel que la intuición de un famoso musculado sentado en un plató.
Porque no. No todas las opiniones valen lo mismo cuando hablamos de salud pública.
EL NEGOCIO DEL “YO PIENSO DIFERENTE” CONTRA LA EVIDENCIA CIENTÍFICA
Durante la entrevista, Llorente defendió la idea de que una exposición progresiva al sol permitiría al cuerpo “adaptarse” y protegerse de manera natural sin necesidad de crema solar. Intentó incluso esquivar el término “callo solar”, un bulo ampliamente difundido en redes sociales y desmontado por organismos sanitarios.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) fue tajante: “No existe ninguna evidencia científica” que respalde esa teoría. Ninguna. Cero. La piel no desarrolla una especie de armadura mágica frente a la radiación ultravioleta por exponerse gradualmente al sol. Lo que desarrolla es daño acumulado.
Pero claro. Vivimos en una época donde decir barbaridades da prestigio. Donde parecer “librepensador” consiste en negar consensos científicos básicos mientras se habla con absoluta seguridad sobre temas que una persona no ha estudiado en su vida.
Y funciona. Porque el algoritmo premia el conflicto. Porque la televisión premia el espectáculo. Porque siempre habrá quien confunda soberbia con pensamiento crítico.
Lo más grave llegó cuando Llorente cuestionó directamente que el sol cause daños en la piel. “¿Cómo sabes que es el sol y no esta luz?”, preguntó señalando los focos del plató.
Es difícil resumir en una sola frase el nivel de irresponsabilidad que implica lanzar ese mensaje delante de millones de personas. Sobre todo cuando la Organización Mundial de la Salud lleva años advirtiendo de que los cánceres de piel están causados principalmente por la exposición a la radiación ultravioleta.
No hablamos de debates filosóficos. Hablamos de oncología. De melanomas. De carcinomas. De personas muriendo por enfermedades cuya prevención está ampliamente estudiada.
CUANDO LA TELEVISIÓN NORMALIZA LOS BULOS SANITARIOS
La comunidad científica lleva décadas explicando cómo actúan los rayos UVA y UVB. La AEMPS recuerda que los UVB son responsables de las quemaduras solares y que los UVA penetran más profundamente en la piel, favoreciendo el envejecimiento cutáneo y aumentando el riesgo de cáncer. Ambos dañan el ADN celular. Ambos son peligrosos.
No es una opinión. No es una teoría alternativa. Es conocimiento científico consolidado.
La OMS también advierte de otros efectos asociados a la radiación ultravioleta: inmunodepresión, cataratas, daños oculares, pterigión y distintos tipos de cáncer cutáneo.
Pero ahí estaba la televisión comercial española. Convirtiendo otra vez la ignorancia en entretenimiento rentable.
Y esto importa. Mucho. Porque los bulos sanitarios no son inocentes. Nunca lo son. La pandemia debería haber servido para aprender algo sobre el impacto real de la desinformación. Pero parece que seguimos atrapados en una lógica televisiva donde cualquier disparate merece altavoz si genera audiencia y clics.
Después llegó el ataque a las cremas solares. Otra vez. Llorente ya había iniciado esa campaña personal en abril, cuando apareció disfrazado de protector solar cuestionando que fueran una medida de prevención “real”.
La evidencia científica vuelve a desmontarlo sin demasiada dificultad. Una revisión publicada en 2020 en Canadian Medical Association Journal concluyó que varios ensayos clínicos demostraron que el uso de protectores solares reduce el riesgo de cáncer de piel y melanoma.
Otro estudio publicado en 2025 en BMJ insistía en lo mismo: el uso habitual de protector solar puede prevenir melanomas y carcinomas de células escamosas.
La propia AEMPS recuerda que los protectores contienen filtros ultravioleta regulados por normativa europea y que deben aplicarse correctamente y reaplicarse tras el baño o la sudoración.
Curiosamente, la OMS sí señala algo importante que suele omitirse: las cremas solares no deben utilizarse para prolongar la exposición al sol. La mejor protección sigue siendo la sombra y la ropa adecuada.
Y ahí está la trampa habitual de este tipo de discursos. Mezclan una verdad parcial con una montaña de falsedades para fabricar una apariencia de legitimidad. Es el mecanismo clásico del negacionismo contemporáneo. Tomar un dato cierto, deformarlo y usarlo como caballo de Troya contra todo el consenso científico.
Mientras tanto, las y los dermatólogos, las autoridades sanitarias y la comunidad investigadora tienen que dedicar tiempo y recursos a desmontar afirmaciones absurdas emitidas en horario de máxima audiencia. Otra vez. Siempre otra vez.
Porque hoy es el sol. Ayer fueron las vacunas. Mañana será cualquier otra cosa. El negocio de la desinformación nunca descansa. Y demasiados famosos han descubierto que desafiar a la ciencia da más titulares que respetarla.
El problema no es que Marcos Llorente piense así. El problema es que haya quien convierta esa ignorancia en contenido patrocinado para millones de personas.
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