Imagina un mundo sin la República Democrática del Congo.
Sin sus minerales, sin sus selvas, sin su gente.
No habría móviles, ni ordenadores, ni coches eléctricos.
No habría transición ecológica. Ni energía verde. Ni datos en la nube.
Porque todo —desde el litio de tu batería hasta el coltán de tu teléfono— depende de un país saqueado durante siglos.
Un territorio donde las multinacionales extraen riqueza y dejan guerra, miseria y desplazamiento.
Donde el “progreso” europeo y estadounidense se construye con manos infantiles que excavan minas sin luz ni futuro.
El corazón del planeta late en el Congo. Pero Occidente lo exprime hasta la sangre.
Y si algún día desapareciese, no sería una tragedia natural. Sería un asesinato anunciado.
Uno más de los que el Norte comete mientras predica sostenibilidad y derechos humanos.
📢 Quinndy Akeju te lo cuenta en Spanish Revolution.
Porque cuidar el planeta también significa dejar de matarlo allí donde más nos da vida.
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