Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El espejismo de la “paz” de Trump: un genocidio disfrazado de acuerdo diplomático
LA PAZ COMO PROPAGANDA DE GUERRA
La escena parecía salida de una parodia: Donald Trump, rodeado de dictadores, empresarios y diplomáticos, celebrando en Egipto lo que llamó “el amanecer de una nueva era de paz en Oriente Medio”. A su lado, Emmanuel Macron, Friedrich Merz y Keir Starmer —la supuesta “oposición liberal” a la barbarie trumpista— se turnaban para estrechar manos manchadas de sangre. Todo bajo un gigantesco rótulo luminoso: Peace 2025, como si un cartel de neón pudiera enterrar décadas de ocupación, colonización y muerte.
Pero no era una broma. Era la representación oficial del nuevo orden internacional, donde la palabra “paz” sirve para encubrir el crimen. Mientras sonaban los discursos sobre la “esperanza” y la “reconciliación”, la artillería israelí seguía bombardeando Gaza. En la primera semana del supuesto alto el fuego, murieron más de 80 palestinas y palestinos. A eso lo llamaron “progreso”.
El documento que Trump firmó junto a su corte de autócratas —el mariscal egipcio Al-Sisi, el emir de Catar Tamim bin Hamad Al Thani, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan— no reconocía a Palestina como Estado, ni garantizaba derechos, ni establecía límites a la ocupación. El texto simplemente cedía el control de Gaza a una “Junta de la Paz” dirigida por potencias occidentales, que mantenía a Israel como fuerza permanente de ocupación con el control absoluto de las fronteras y del 58 % del territorio.
Era un tratado colonial, un intento de reescribir la historia con tinta diplomática y papel corporativo. El genocidio continuaba, pero ahora con firma y foto oficial.
EL NEGOCIO DEL GENOCIDIO
Trump y sus socios europeos hablaron de “paz”, pero lo que sellaron fue una alianza armamentística. Desde octubre de 2023, Estados Unidos ha entregado más de 22.000 millones de dólares en ayuda militar al régimen de Netanyahu, incluyendo aviones F-35 —fabricados con licencias británicas— y munición francesa y alemana. Israel bombardea con piezas fabricadas en Manchester, Toulouse o Stuttgart.
Mientras tanto, Erdogan siguió exportando gas a Tel Aviv a través de Azerbaiyán y Egipto mantuvo el bloqueo que provoca hambruna en Gaza, apuntando tanques contra las personas que intentan cruzar Rafah con alimentos o medicinas. No hay “mediadores”. Hay verdugos con traje occidental y víctimas a las que llaman “terroristas” por seguir vivas.
Toda la llamada “comunidad internacional” es cómplice. La paz que celebran en los hoteles de lujo es una tapadera del saqueo y del exterminio. Lo único que temen es que las sociedades despierten. Que millones de personas —desde Berlín hasta Washington— comprendan que la verdadera amenaza no viene de Oriente, sino del cinismo imperial que gobierna desde Occidente.
Y ese miedo es real. El 84 % de la ciudadanía estadounidense apoya un alto el fuego inmediato, según el Brookings Institution. En Europa, más del 60 % de la población rechaza la ocupación israelí. Incluso dentro de Israel crecen las protestas contra Netanyahu, impulsadas por familiares de rehenes y reservistas hartos de morir por una causa que solo enriquece a los oligarcas del complejo militar.
La brecha entre el poder y la conciencia popular se ensancha, y los gobiernos intentan cerrarla con propaganda. De ahí la obsesión por los “acuerdos históricos”, las cumbres teatrales y las fotos con palmeras. Lo que no pueden ganar en legitimidad lo intentan comprar en titulares.
EL NUEVO ABRAHAM: TRUMP Y SU CRUZADA CORPORATIVA
Trump viajó al Knéset antes de su cumbre egipcia para pedir el indulto de Netanyahu por corrupción. A cambio, Netanyahu bendijo su “paz de cementerio”. Fue la consagración definitiva del imperialismo mesiánico, donde la religión sirve de coartada y el negocio se disfraza de salvación.
Los mismos que hoy aplauden esta “paz” son quienes promovieron la invasión de Irak, la destrucción de Libia o la guerra de Siria. Cada acuerdo de “reconstrucción” se convierte en un contrato sin licitación para sus empresas. El genocidio se terceriza, la moral se privatiza y la justicia se vende al mejor postor.
Pero algo se mueve. La oposición a la masacre ya atraviesa ideologías, generaciones y fronteras. Jóvenes republicanos en EE. UU. repiten argumentos anti-sionistas, sindicatos europeos exigen sanciones y movimientos sociales en el sur global reclaman una ruptura total con el aparato colonial.
Y no se trata de utopía. Se trata de memoria. Judíos, musulmanes y cristianos convivieron durante siglos en Palestina hasta que Europa exportó su modelo de fronteras, supremacía y nación-Estado, imponiendo sobre Oriente un mapa dibujado con sangre.
Hoy, la “paz” que se vende desde Washington, Bruselas o Tel Aviv no busca la convivencia, sino la administración eficiente del sufrimiento.
El genocidio no termina hasta que Israel deje de ser una empresa colonial. No habrá paz real hasta que esa falsa paz —la de los muros, las hambrunas y los tratados de neón— sea desenmascarada, repudiada y destruida.
Porque en Oriente Medio no falta paz:
sobra imperialismo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Todo lo que Zapatero tiene que aclarar para limpiar su nombre
El expresidente comparecerá el 2 de junio como investigado en la Audiencia Nacional mientras crecen las dudas sobre Plus Ultra, las comisiones, Dubái y el dinero que acabó en la empresa de sus hijas.
La motosierra de Milei ya entra en los hospitales: recortes, cáncer y vacunas mientras crece la mortalidad infantil
El ajuste ultra del Gobierno argentino deja sin medicamentos a pacientes oncológicos, desmantela programas sanitarios históricos y empuja a la sanidad pública hacia el colapso.
Trump quiere borrar al único congresista negro demócrata de Carolina del Sur y devolver el reloj político a 1897
La derecha estadounidense ya ni disimula: manipular distritos electorales para expulsar a representantes negros y blindar un poder blanco, conservador y cada vez más autoritario.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Vídeo | Racismo en Reino Unido
La escena resume el nivel moral de la extrema derecha: una marcha contra personas migrantes en UK, banderas, islamofobia y un tipo usando tocino para provocar a musulmanes. Da vergüenza ajena, pero no hay que reírse demasiado. Este odio se está normalizando. Y su función es clarísima: que mires hacia abajo, nunca hacia arriba.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir