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La investigación destapa pagos, chats y maniobras que apuntan a una posible utilización de la presidencia para inflar un fraude millonario
La historia que rodea a la criptomoneda LIBRA ya no es solo un escándalo financiero. Es una crisis institucional en toda regla. Lo que empezó con un simple tuit el 14 de febrero de 2025 ha acabado destapando una trama de pagos, llamadas y acuerdos que colocan al presidente argentino, Javier Milei, en el centro de una presunta estafa de dimensiones internacionales.
La causa llevaba más de un año prácticamente paralizada en los tribunales federales de Buenos Aires. Pero en las últimas semanas han emergido pruebas que han dinamitado el relato oficial. Entre ellas, un peritaje informático que había permanecido oculto y que ahora revela una cadena de comunicaciones y documentos que contradicen la versión del propio mandatario.
Según detalla este informe publicado por elDiario.es, incluso se habría intentado borrar una entrevista comprometedora del presidente, lo que apunta a una estrategia deliberada de control de daños ante la magnitud del escándalo.
El dato más explosivo es la aparición de un borrador de contrato encontrado en el teléfono del empresario Mauricio Novelli. En ese documento se describe un plan de pagos por 5 millones de dólares a cambio de la promoción de la criptomoneda. La cifra no es simbólica. Está desglosada: 1,5 millones como adelanto, otros 1,5 millones tras un tuit promocional y 2 millones adicionales tras formalizar el acuerdo.
Ese documento, recuperado parcialmente pese a haber sido borrado, fue revelado por El Destape y coincide con los movimientos públicos del propio Milei. El presidente promocionó el proyecto, avaló a sus impulsores y participó en encuentros con ellos en la Casa Rosada.
No es una coincidencia. Es un patrón.
El crecimiento artificial del token LIBRA fue inmediato. Pasó de 0,3 dólares a casi 5 dólares en cuestión de minutos tras el mensaje presidencial. En paralelo, un grupo reducido de operadores compraba grandes cantidades del activo antes de la subida y vendía justo después. El resultado: beneficios estimados de hasta 200 millones de dólares para unos pocos, mientras alrededor de 40.000 inversores quedaban atrapados en la caída.
La secuencia encaja con un esquema clásico de manipulación de mercado. Pero aquí hay un elemento diferencial: la implicación directa de un jefe de Estado.
La investigación también ha sacado a la luz más de 200 llamadas en las 72 horas previas al lanzamiento, además de mensajes en los que se coordinaba cada paso. Según los datos filtrados, Milei no actuó por impulso, como había defendido, sino como parte de una operación planificada.
UNA TRAMA DE PAGOS, TESTAFERROS Y SILENCIOS
El caso se complica aún más cuando se analizan los flujos de dinero. Uno de los episodios más sospechosos es la transferencia de 1 millón de dólares en activos digitales a un jubilado sin perfil financiero relevante. La hipótesis que manejan investigadores y oposición es clara: podría tratarse de un testaferro.
Este punto ha sido documentado en otra investigación de elDiario.es sobre el jubilado que recibió un millón de dólares vinculado a la trama. El caso ilustra hasta qué punto la red de operaciones podría haber sido diseñada para ocultar beneficiarios reales.
A esto se suma una factura de 250.000 dólares fechada el 5 de enero de 2025, apenas 40 días antes del lanzamiento de LIBRA, vinculada al entorno de Novelli y a la empresa del impulsor del proyecto, Hayden Davis. También se ha documentado que familiares del empresario vaciaron una caja de seguridad pocos días después del estallido del escándalo.
No son hechos aislados. Son piezas de una arquitectura financiera diseñada para moverse rápido, aprovechar el impacto mediático y desaparecer antes de que lleguen las consecuencias.
El propio comportamiento del presidente refuerza esa lectura. Su tuit original incluía un código técnico necesario para acceder al contrato del token, algo que no estaba disponible públicamente en ese momento. Esto desmonta la tesis de que simplemente compartió un proyecto que “le pareció interesante”.
Además, se han conocido mensajes en los que el propio Novelli daba instrucciones sobre qué debía decir Milei en entrevistas y cómo debía retractarse cuando la operación empezaba a desmoronarse. El presidente acabó borrando el tuit y matizando sus declaraciones, siguiendo ese guion.
CRISIS INSTITUCIONAL Y ACUSACIONES DE CORRUPCIÓN
El informe presentado en el Congreso argentino no deja lugar a ambigüedades. La comisión investigadora habla de “una estafa y un hecho de corrupción millonario”, señalando directamente a la utilización de la presidencia para influir en el mercado.
Las palabras del diputado Maximiliano Ferraro son contundentes: se trata de una “malversación de la investidura presidencial de enorme gravedad institucional”. No es solo un problema judicial. Es una cuestión de legitimidad democrática.
El avance de la causa también pone en cuestión el papel de la justicia. Durante más de 12 meses, el procedimiento apenas avanzó. Solo tras la filtración del peritaje y la presión mediática se ha reactivado la investigación. La oposición ya ha anunciado nuevas comisiones y acciones disciplinarias contra el fiscal responsable por su inacción.
Mientras tanto, el Gobierno intenta contener el daño. Pero la acumulación de pruebas hace cada vez más difícil sostener la narrativa inicial. Chats, contratos, transferencias, llamadas, entrevistas manipuladas. Todo apunta en la misma dirección.
No estamos ante un error de comunicación ni ante una imprudencia aislada. Estamos ante la sospecha de que el poder político se utilizó como herramienta para inflar una estafa financiera global.
Y cuando un presidente convierte su cargo en un instrumento para enriquecer a unos pocos a costa de miles, la línea entre política y saqueo deja de ser difusa para volverse obscena.
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