Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El bloqueo energético como castigo colectivo y doctrina imperial en pleno siglo XXI
Cuba vuelve a situarse al borde del colapso energético. No por un error de planificación ni por una fatalidad climática, sino por una decisión política deliberada del Gobierno de Donald Trump, que el 29 de enero de 2026 firmó una orden ejecutiva para castigar con aranceles a cualquier país que venda petróleo a la isla. El resultado es un desabastecimiento que amenaza con paralizar transporte, hospitales, producción agrícola y vida cotidiana de más de 11 millones de personas. No es diplomacia. Es asfixia económica planificada.
Esta escalada no nace de la nada. Es la continuación de una política de cerco sostenido durante más de 65 años contra Cuba, cuyo objetivo declarado nunca fue otro que forzar un cambio de régimen. En abril de 2019, Trump ya había activado el Título III de la Ley Helms-Burton, amenazando a navieras y aseguradoras de terceros países con sanciones si comerciaban con la isla. Hoy, la vuelta de tuerca es el combustible. Sin energía no hay país que funcione.
Repetir que la crisis es “autoinfligida” es propaganda. Los hechos y las fechas desmienten ese relato. En un memorando del 6 de abril de 1960, el entonces alto cargo estadounidense Lester Mallory dejó negro sobre blanco la estrategia: provocar “desencanto y penurias económicas” para quebrar el apoyo interno. La miseria como instrumento político. Nada ha cambiado salvo los métodos.
EL BLOQUEO COMO GUERRA PERMANENTE
El bloqueo no fue nunca un simple desacuerdo bilateral. Fue, y es, una guerra económica de baja intensidad. Así lo definió el intelectual cubano Fernando Martínez Heredia y así lo retrató Gabriel García Márquez en 1975, cuando habló de un “intento feroz de genocidio” promovido por una potencia casi sin límites. Las palabras no eran metáfora. La historia las respalda.
Desde 1959, Estados Unidos ha acumulado una lista documentada de agresiones: la invasión de Bahía de Cochinos, cientos de intentos de asesinato contra dirigentes, sabotajes, terrorismo y episodios de guerra biológica, como la epidemia de dengue hemorrágico de 1981 que causó la muerte de 101 niños y niñas. A eso se suman décadas de sanciones que impiden la compra de medicamentos, tecnología médica y repuestos básicos.
El coste económico del bloqueo supera los 1,3 billones de dólares, según cifras oficiales cubanas presentadas ante Naciones Unidas, pero el daño humano es incalculable. Vidas perdidas por falta de tratamientos, infraestructuras degradadas y generaciones sometidas a carencias evitables. Cada año, la Asamblea General de la ONU condena este bloqueo con mayorías abrumadoras. Washington ignora sistemáticamente esas votaciones.
Tras la caída de la URSS en 1991, lejos de aliviarse, el cerco se endureció con la Ley Torricelli de 1992, la Helms-Burton de 1996 y nuevas sanciones bajo George W. Bush en 2004. Incluso durante el deshielo parcial de Barack Obama, el objetivo de fondo no se movió. Cambiar las formas no alteró la finalidad.
Trump revirtió cualquier gesto y añadió 243 nuevas sanciones entre 2017 y 2021, restringiendo remesas, viajes y acuerdos. Joe Biden mantuvo intacta esa arquitectura. La continuidad es bipartidista.
PETRÓLEO O RENDICIÓN
El bloqueo energético marca un punto de inflexión. Atacar el suministro de combustible es atacar el sistema nervioso de un país. Sin petróleo, no circulan ambulancias, no funcionan generadores hospitalarios, no se distribuyen alimentos. Las consecuencias ya son visibles: apagones de más de 20 horas, transporte público intermitente y centros sanitarios obligados a racionar electricidad.
La orden ejecutiva del 29 de enero de 2026 convierte el mercado global en un campo de batalla. Estados Unidos militariza el sistema financiero para intimidar a terceros países. Es castigo colectivo, prohibido por el derecho internacional, pero normalizado cuando lo ejerce una potencia hegemónica.
Esta política tiene padrinos claros, como el senador Marco Rubio y el núcleo duro del exilio ultraconservador de Miami, cuya nostalgia política apunta a la Cuba previa a 1959. Un país convertido en casino, burdel y plantación, bajo dominio mafioso y corporativo, con analfabetismo masivo y segregación racial. Ese es el pasado que quieren restaurar.
Trump lo enmarca en su renovada Doctrina Monroe, rebautizada en clave siglo XXI como proyecto de dominación hemisférica. Tras el ataque estadounidense contra Venezuela del 3 de enero de 2026, el mensaje fue explícito: “La dominación estadounidense en el hemisferio occidental no será cuestionada”. Bajo esa lógica, cualquier país que priorice necesidades humanas sobre beneficios corporativos es declarado amenaza.
La negativa de Cuba a rendirse no es obstinación ideológica. Es memoria histórica. Ceder hoy no traería prosperidad mañana. Abriría la puerta a una recolonización total. Por eso La Habana ha aceptado dialogar, pero nunca negociar su existencia.
El bloqueo energético es terrorismo económico. Busca hambre, caos y desesperación como palanca política. Y aun así, no ha logrado doblegar a un pueblo que sigue defendiendo su dignidad frente al imperio.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir