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Gaza sigue bajo asedio y el triunfalismo de Washington solo agrava la herida.
LA TREGUA DE LA MENTIRA
Donald Trump ha proclamado el fin del asedio sobre Gaza como quien anuncia una victoria electoral. Pero no hay paz donde sigue habiendo cadáveres, hambre y ocupación militar. Calificar de “acuerdo histórico” una mera pausa en la masacre es un insulto a la verdad y una burla a las víctimas.
El presidente estadounidense ha convertido el genocidio en espectáculo. Convocó una “cumbre de paz” en Sharm el Sheij sin Netanyahu ni Hamás, un decorado vacío donde Trump se presentó como mediador tras ser cómplice directo del exterminio. En su discurso ante la Knéset llegó a jactarse de haber suministrado armas a Israel, “que las ha usado muy bien”. Ni una palabra sobre las más de 65.000 personas asesinadas, las ciudades reducidas a polvo o las familias enteras sepultadas bajo los escombros.
El supuesto acuerdo no es más que una tregua temporal. Hamás entrega 24 rehenes (20 vivos y 4 muertos) y Netanyahu promete liberar a 2.000 presos palestinos que en realidad serán unos 200, mientras el resto —más de 13.000 detenidos arbitrariamente— seguirán encarcelados como reserva humana para futuros intercambios. En el terreno, Israel no se retira, simplemente redistribuye sus tropas y mantiene el control del 58% de la Franja. La entrada de ayuda humanitaria dependerá, como siempre, de sus criterios. El hambre sigue siendo su arma más eficaz.
Trump vende humo. Netanyahu gana tiempo. Y el pueblo palestino continúa pagando el precio de un colonialismo impune.
UNA PAZ SIN PALESTINA
Lo que Washington celebra como un éxito diplomático es, en realidad, una rendición impuesta bajo la amenaza del hambre y el bloqueo. El plan de Trump y sus asesores —Jared Kushner y Steve Witkoff, empresarios con intereses en el negocio armamentístico e inmobiliario israelí— propone una “nueva Gaza” sin Hamás, sin soberanía y bajo control extranjero.
Una administración tecnocrática supervisada por Tony Blair y por el propio Trump, que actúa como gobernador imperial. Ni una mención al derecho al retorno, ni al levantamiento del muro, ni al fin de la ocupación. Solo promesas de reconstrucción a cambio de silencio.
Hamás intenta recuperar el control de las calles frente a los clanes armados apoyados por Tel Aviv, pero incluso si desapareciera mañana, la raíz del genocidio seguiría intacta: la colonización. Netanyahu ha conseguido imponer su relato y travestir la limpieza étnica en operación antiterrorista. Ha convencido a Washington de que desarmar a los oprimidos es la condición de la paz, mientras sigue ocupando, matando y robando tierra palestina.
Y el mundo aplaude. Las cancillerías se felicitan. Las televisiones hablan de “reconstrucción”. Pero sin justicia no hay paz, solo pausa.
Sin fin del asedio no hay tregua, solo silencio.
Y sin Palestina libre, el genocidio continúa, aunque Trump declare lo contrario.
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Israel y Estados unidos son criminales
Es una farza total ,el exterminio y genocidio del pueblo Palestino no debe quedarse en silencio,una PALESTINA libre y con patria debe existir,fuera los neonazis yanquis e israelíes…!!!
Tregua no es solución a la masacre en Gaza. La única solución serás una palestina soberana
¡Muy interesante esta reflexión y sobre todo la nota, un análisis corto pero veraz, felicidades!