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Bajo la superficie del enfrentamiento PP-Vox se teje una red de fundaciones, foros y lobbies que articulan un proyecto común de poder ultraconservador.
REDES DE PODER: EL PROYECTO COMÚN DEL ODIO
Mientras Feijóo y Abascal se lanzan ataques en público, sus cuadros intermedios comparten foros, fundaciones y estrategias. En apariencia, el PP y Vox representan dos derechas distintas. Pero lo que los separa en los titulares los une en los despachos.
Atenea, NEOS, Pie en Pared, Familia y Dignidad Humana o España Constitucional no son simples “plataformas cívicas”. Son laboratorios de pensamiento y acción política que buscan fundir las dos almas de la derecha: el neoliberalismo autoritario y el nacionalcatolicismo reaccionario.
El mensaje es claro: “unidad en la defensa de la civilización occidental y cristiana”, “la vida”, “la propiedad” y “el orden constitucional”. Detrás de ese lenguaje anodino se esconde una ofensiva cultural y política contra los derechos sociales, las mujeres y las minorías.
Lo explica con claridad el investigador Felipe González Santos, de la Universidad de Londres: “Estas organizaciones son la prueba de una sintonía ideológica de fondo que desmonta la teatralización del enfrentamiento entre PP y Vox.”
Es decir, mientras los líderes fingen discutir, sus bases ideológicas se entrenan juntas.
No es casual que muchas de estas organizaciones tengan precedentes en el modelo húngaro de Viktor Orbán: “sociedad civil” controlada por la derecha para sostener su hegemonía cultural y preparar a sus futuros cuadros políticos. De hecho, en Hungría fueron esos think tanks quienes allanaron el terreno para el régimen iliberal.
El laboratorio Atenea, fundado por Iván Espinosa de los Monteros, es hoy el punto de encuentro más explícito entre ambas derechas. En su presentación en septiembre de 2025, el PP envió representación institucional de primer nivel: Juan Bravo y Cayetana Álvarez de Toledo.
Entre sus integrantes hay nombres que cruzan partidos: exdirigentes de Vox, antiguos cargos del PP y hasta figuras procedentes de Ciudadanos, como José Ramón Bauzá. También orbitan alrededor excolaboradores de Ayuso, como Manuel Llamas, o la abogada Guadalupe Sánchez, defensora del novio de la presidenta madrileña.
El discurso de fondo no es la cooperación, sino la absorción. Atenea es un ensayo general de cómo Ayuso y la ultraderecha cultural podrían recomponer un bloque común bajo su mando.
FUNDACIONES, MISAS Y MARCHAS: LA DERECHA SE ORGANIZA
El modelo se repite. NEOS, el think tank del exministro Jaime Mayor Oreja, exalta los “valores eternos” y actúa como bisagra entre el PP, Vox y la Iglesia más retrógrada. En sus eventos, Abascal y Feijóo comparten aplausos bajo la bendición de Aznar. En su patronato conviven María San Gil, Javier Puente, Luis Peral y el exdiputado de Vox Francisco Contreras, demostrando que las fronteras ideológicas entre ambos partidos ya son casi simbólicas.
En otro frente, Pie en Pared, presidido por el exdiputado de Ciudadanos Juan Carlos Girauta, reúne a Alejo Vidal-Quadras, Esperanza Aguirre, Daniel Lacalle, Marcos de Quinto o Miguel Ángel Quintana Paz. Todos comparten un mismo credo: que la batalla política se gana en los medios, en los púlpitos y en las universidades privadas.
Su misión: normalizar el discurso ultra bajo la máscara de “batalla cultural”.
A estas redes se suman colectivos religiosos como Familia y Dignidad Humana, donde militantes del PP y de Vox rezan juntos por “la defensa de la vida” mientras luchan por restringir el derecho al aborto o bloquear la educación sexual en las escuelas. El actual presidente, Javier Puente (PP), compartió cumbre antiabortista con Rocío Monasterio y con representantes internacionales de la extrema derecha católica.
Estas organizaciones funcionan como redes paralelas de socialización política y mediática, donde se forma una generación de ideólogos y cuadros que pueden sostener un futuro gobierno PP-Vox.
Según el politólogo Jaime Bordel, de la UAB, su papel es doble: moldear la opinión pública y lubricar las relaciones entre las élites. En otras palabras, preparan el terreno para el próximo paso lógico de su proyecto: el gobierno conjunto.
LA UNIDAD QUE YA EXISTE
La encuesta de 40dB de septiembre de 2025 es reveladora: el 64 % de los votantes del PP y el 88 % de los de Vox quieren un gobierno conjunto. No lo piden los líderes, lo exige su base social. Esa masa unificada de votantes conservadores es el cemento de esta arquitectura política.
El periodista Ángel Munárriz lo describe con precisión: “Lo que las direcciones niegan, lo construyen sus exdirigentes, asesores y propagandistas.”
Y es que la llamada “batalla cultural” ya no se libra en el Parlamento, sino en los platós de la Cope, en FAES, en las redes de Ayuso, en los congresos de NEOS o en los auditorios donde Vidal-Quadras y Quintana Paz sermonean sobre el fin del feminismo.
Desde la “foto de Colón” de 2019 hasta hoy, la extrema derecha ha entendido algo que la izquierda parece olvidar: que dividirse en apariencia puede ser una estrategia para ocuparlo todo. Mientras Vox grita y el PP se disfraza de moderado, ambos empujan el tablero hacia la reacción.
Los medios hablan del choque Feijóo-Abascal, pero el verdadero poder no se juega en esa pelea sino en la articulación de un bloque ideológico que combina religión, empresa, medios y política.
No están improvisando. Están ensayando cómo mandar juntos sin tener que reconocerse como iguales.
Divide y vencerás, decían.
Pero en España ya han aprendido a dividirse para vencer juntas.
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