PP y Vox votaron lo que votaron.
Y lo volverían a votar.
Porque no están ahí para proteger vidas.
Están ahí para proteger privilegios.
Javier F. Ferrero
El Congreso ha aprobado —por fin— la iniciativa para embargar la compraventa de armas a Israel, impulsada por Sumar, Podemos, ERC y BNG. Una propuesta que reforma la ley 53/2007 para impedir que el Estado español siga negociando con países que cometen crímenes de guerra o genocidio. Una ley que llega tarde, bloqueada durante meses. Pero llega.
Y, como siempre, alguien votó en contra.
170 votos en contra.
170 votos a favor de seguir enviando armas.
170 votos que dicen mucho de quienes los firmaron: PP y Vox.
Cuando se les cae la careta de “provida”
No sorprende. Pero escuece. Porque no hablamos de política exterior, hablamos de niños amputados, de hospitales reducidos a polvo, de hambre como arma de guerra, de cuerpos sin cabeza en un campo de refugiados. Hablamos de la historia repitiéndose con toda su crudeza. Y del lugar que cada cual elige ocupar.
Los mismos que se dan golpes de pecho por “defender la vida” votan a favor de seguir alimentando al ejército que ha convertido Gaza en un matadero. Los que se rasgan las vestiduras con los no nacidos, se oponen a parar un genocidio en marcha.
La contradicción no es casual. Es ideológica, estratégica y económica.
¿Por qué votan lo que votan?
Porque hay intereses que nunca se cuentan en rueda de prensa: relaciones con el lobby sionista ACOM, abrazos con Netanyahu, contratos de defensa con empresas como Elbit Systems o Rafael. Porque hay una guerra cultural en marcha y Gaza es su laboratorio de pruebas. Porque prefieren vendernos el relato del “Estado democrático asediado” antes que enfrentarse al espejo: apoyan a quien bombardea niños si esos niños no votan, no son blancos o no son cristianos.
A esto se le llama cinismo. O fascismo con corbata.
España avanza, ellos retroceden
La votación en el Congreso fue un punto de inflexión. No lo es todo, pero es algo. Un país que aprueba embargar a un Estado acusado de genocidio no puede mirar ya hacia otro lado.
Pero no nos engañemos: si esto ha salido adelante no ha sido gracias al PSOE, sino a la presión política, social y judicial. A las ONG, a las mareas, a quienes han hecho campaña, a quienes se han dejado la garganta y la vergüenza denunciando desde el primer día.
PP y Vox votaron lo que votaron.
Y lo volverían a votar.
Porque no están ahí para proteger vidas.
Están ahí para proteger privilegios.
Que no se nos olvide
Hoy han perdido. Pero no han desaparecido. El poder no necesita mayoría parlamentaria, necesita complicidad, olvido y anestesia moral.
Por eso es tan importante recordarlo. Repetirlo. Señalarlo. No para revanchas, sino para evitar que el horror vuelva a colarse por la puerta de atrás envuelto en banderas, himnos y billetes de defensa.
Que quede claro: España ha dicho basta.
Pero el PP y Vox han vuelto a elegir bando.
Y no ha sido el de las víctimas.
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¿Quién puede votar en contra de parar un genocidio?
PP y Vox votaron lo que votaron.
Y lo volverían a votar.
Porque no están ahí para proteger vidas.
Están ahí para proteger privilegios.
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