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El mes de julio de este año ha sido el mes más caluroso en España desde que la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) comenzó a registrar estos datos en 1961.
El presidente de la AEMET, Miguel Ángel López González, ha sido entrevistado en Público sobre lo ocurrido este verano en España, pero ha sido cauteloso y afirma que «habrá que esperar a que finalice el verano y que se puedan analizar todos los datos correctamente validados en su conjunto y por zonas isoclimáticas».

No obstante, afirma que «en una primera valoración, parece que empiezan a producirse situaciones históricas que no se habían dado anteriormente, principalmente en lo relativo a persistencia en los valores muy altos de temperaturas máximas diurnas y mínimas nocturnas, en la afectación de amplias zonas geográficas y, consecuentemente, en la incidencia en porcentajes de población muy altos que hasta ahora nunca se habían alcanzado».
Contra los negacionistas del cambio climático ha sido contundente: «lo que está sucediendo no entra, desde luego, en lo que podemos definir como un verano normal».
Si que explica que «existe una indudable tendencia a veranos más cálidos, pero a esta tendencia se superpone la variabilidad natural del clima». «Esto implica que unos años son más cálidos o fríos que otros».
Sin embargo, dice que «atendiendo a las proyecciones del IPCC para la región mediterránea y a los escenarios regionalizados elaborados por AEMET para nuestro país, en la segunda mitad del siglo XXI, un verano como el actual será el verano normal. La adversidad climática se va a ir imponiendo tozudamente y, por eso, empezaremos a echar de menos veranos de años anteriores, que eran mucho más agradables»
Por los datos obtenidos ha recordado que este verano parece ser «un trailer» sobre el futuro y los años venideros.
Muertes, incendios y desastres ambientales: las olas de calor están arrasando España
Según ha expuesto la Agencia Española de Meteorología (Aemet) en el país peninsular se han superado las marcas habituales de la temporada veraniega.
La Agencia Estatal de Meteorología espera en los próximos días «temperaturas inusualmente altas para la época» que se prolongarán «al menos hasta mediados de agosto en la mayor parte del norte y centro peninsular, costa mediterránea de la Península y en Baleares».
Esto, sin duda, acarrea consecuencias nefastas, las olas de calor de este año han provocado más de mil muertes, decenas de miles de hectáreas calcinadas por incendios forestales, cortes de carreteras, pérdidas ingentes del sector agrícola…
Sin embargo, “lo más preocupante no es que este episodio de temperaturas extremas confirme de nuevo las advertencias sobre el calentamiento del planeta, sino que lo que viene es todavía peor, esto es solo el principio, pues las emisiones que causan el cambio climático siguen aumentando en la atmósfera y múltiples señales apuntan a serias dificultades en el camino político de la lucha contra el cambio climático” advierte el portavoz de Aemet para Europapress.
Así, reconoce que el año 2022 está siendo «muy seco» y, también, se aprecia la escasez hídrica, que se ha intensificado, porque este trimestre ha sido «el mas seco desde que hay registros».
A su vez, asegura que las olas de calor se han hecho más intensas y frecuentes en los últimos años. Los datos de la Agencia Española de Meteorología indican, por ejemplo como recoge el medio La República, que «entre 1975 y 2022 ha habido en España 10 olas de calor durante el mes de junio. El problema, según los expertos, es que seis de estos 10 episodios se han producido entre 2011 y 2022. Y, además, son más largos. Esto indicar, de forma clara, un incremento global y sostenido de la temperatura en el país».
¿De verdad se sabe cuántas personas mueren por una ola de calor?
En España han sido noticia en los últimos días las muertes de personas afectadas por un golpe de calor cuando trabajaban en condiciones extremas. Pero estos casos representan tan solo un pequeño porcentaje de las defunciones que pueden atribuirse al calor.
Si nos remontamos al verano de 2003, período en el que se vivió una intensa ola de calor en España y en otros países, fallecieron unas 140 personas por golpe de calor. Pero en los meses de julio y agosto de ese mismo año se atribuyó al calor un exceso de más de 6.600 defunciones.
Para que una defunción pueda ser contabilizada oficialmente como “golpe de calor” tiene que constar en el certificado médico de defunción y en el boletín estadístico de defunción una causa de muerte que, posteriormente, pueda ser asignada al código T67.0 de la Clasificación Internacional de Enfermedades 10ª revisión. La descripción de este código es “golpe de calor e insolación”.
El dato no se conoce inmediatamente. Desde que se produce una defunción hasta que se codifica la causa transcurren aproximadamente unos tres meses. Y el Instituto Nacional de Estadística sólo publica una vez al año las defunciones según causa de muerte. Lo hace una vez que se han codificado todas las defunciones producidas en España y se han validado. Eso implica que, en plena ola de calor, no podemos saber cuántas vidas se ha llevado por delante. Y unas semanas después, tampoco. Es más, a estas alturas (julio) ni siquiera se conocen las del año anterior.
Solo si se implantara el certificado digital o electrónico de defunción podríamos disponer antes de las cifras.
Muertes atribuibles al calor
Entonces, si esos son los números de fallecidos por golpe de calor y, además, no conoceremos los datos definitivos hasta finales del año que viene ¿de dónde salen esas cifras que se han ido difundiendo en medios del número de fallecidos por calor de este mismo mes?
Para entenderlo hay que introducir el concepto de mortalidad atribuible. Se trata de estimar el impacto que un factor de riesgo, en este caso la temperatura, tiene en la mortalidad de una población, utilizando para ello medidas y análisis epidemiológicos. No proporciona un valor real, sino una estimación hecha a partir de datos, estos sí, reales sobre los que se aplicarán modelos.
Los modelos pueden acertar más o menos en función de cómo estén construidos y en qué parámetros estén basados. Lo mismo que sucede en la predicción meteorológica, y que ya no asombra a nadie.
Esto es lo que aplica el sistema MoMo (Monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas) que existe en España desde 2004. Fue desarrollado, precisamente, para disponer de información para prevenir el impacto en la salud de la población de los excesos de temperatura. Pero también permite estimar de forma indirecta el impacto sobre la mortalidad de otros eventos de importancia. Por eso se ha conocido más a raíz de la pandemia de covid-19.
El sistema MoMo parte de:
El número de fallecimientos reales, un dato que sí se conoce. Se sabe con certeza y prontitud cuántas personas han sido inscritas diariamente como fallecidos en cada uno de los registros civiles informatizados que existen en España (que cubren al 93% de la población), aunque no se dispone de la causa codificada de la defunción.
Las temperaturas diarias registradas por la Agencia Estatal de Meteorología a nivel provincial. Otro dato real.
El número de habitantes por edad, sexo y provincia, tomado del Instituto Nacional de Estadística. Un dato “casi” real, porque este no se actualiza diariamente.
Sobre estos datos reales se aplica un modelo para tratar de predecir los excesos de mortalidad por todas las causas y los atribuibles a la temperatura.
Y con todo ello, y en base a los datos de años previos, se calculan los resultados para cada Comunidad Autónoma y para el total estatal. Y se publican en acceso abierto, algo que no se ha puesto suficientemente en valor.
Las cifras que proporciona MoMo son estimaciones de dos aspectos:
Los excesos de mortalidad que se calcula que se han producido en un momento concreto del tiempo, basado en el comportamiento de la mortalidad en periodos de tiempo anteriores.
La atribución a la temperatura de un número de defunciones, basado en lo publicado en diferentes estudios.
No son, por tanto, fallecimientos en los que un profesional de la medicina ha certificado la intervención del calor en la defunción. No hay que confundirlo.
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