Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La derecha madrileña bloquea un acto humanitario para recordar a la infancia masacrada mientras utiliza el “y tú más” como coartada moral
Hay decisiones políticas que retratan mucho más de lo que pretenden. Y la votación celebrada este miércoles en el distrito madrileño de Salamanca es una de ellas. Partido Popular y Vox rechazaron una propuesta para celebrar un acto institucional en homenaje a los niños y niñas de Gaza asesinados bajo los bombardeos y el asedio de Israel. No era una moción militar. No era una declaración diplomática. No era un debate geopolítico sobre Oriente Medio. Era, literalmente, un homenaje humanitario a menores muertos.
Y aun así votaron en contra.
La iniciativa había sido presentada por Más Madrid y proponía organizar, junto a Casa Árabe, un acto “de carácter cívico, cultural y humanitario” abierto a vecinas, vecinos, asociaciones y entidades educativas del distrito. Un espacio simbólico para recordar a la infancia gazatí y reflexionar sobre la paz, los derechos humanos y la dignidad humana. Algo básico. Elemental. Casi mínimo.
Pero incluso eso parece intolerable para una parte de la derecha española cuando las víctimas son palestinas.
El PP y Vox decidieron que ni siquiera los niños muertos merecen memoria si eso incomoda al relato oficial sobre Israel. Y lo hicieron usando un argumento que se repite cada vez que alguien intenta hablar de Gaza: “también hay niños muertos en otros sitios”.
EL CINISMO COMO EXCUSA POLÍTICA
Desde el Partido Popular justificaron su rechazo asegurando que el homenaje estaba centrado únicamente en Gaza. Preguntaron por qué no incluir también a niños israelíes, ucranianos y rusos. Una reacción que no busca ampliar la empatía, sino diluirla hasta hacerla desaparecer. Porque nunca plantean homenajes universales por iniciativa propia. Solo aparecen cuando se intenta recordar a Palestina.
Es el mecanismo habitual. Cuando las víctimas son concretas, la derecha exige abstracción. Cuando las víctimas tienen nombre, exigen neutralidad. Cuando los cadáveres son palestinos, entonces aparecen las llamadas al “equilibrio”.
La trampa consiste en convertir cualquier gesto humanitario hacia Gaza en un problema político. Como si recordar a miles de menores asesinados fuera una provocación ideológica. Como si la infancia palestina tuviera que superar un examen moral para merecer duelo público.
Desde Vox fueron todavía más lejos. Criticaron que la propuesta estuviese centrada en “un grupo exacto de niños” y mencionaron otras masacres en Nigeria, Siria o Sudán. El argumento vuelve a ser revelador. Porque no lo utilizan para defender más actos humanitarios. Lo utilizan para bloquear este.
Nadie impide a Vox presentar homenajes para menores asesinados en Sudán. Nadie impide al PP organizar actos por la infancia siria. No lo hacen. Nunca lo hacen. Solo usan esas tragedias como escudo retórico cuando alguien habla de Gaza. Y esa instrumentalización resulta obscena.
Mientras tanto, desde Más Madrid insistieron en algo que debería ser innecesario explicar: que los niños no eligen las guerras en las que nacen. Que las instituciones públicas no solo gestionan calles y contratos, también deberían promover valores democráticos, cultura de paz y defensa de los derechos humanos.
Parece radical recordar que los niños no deben morir bajo bombas. Así está el nivel.
NORMALIZAR EL HORROR PARA NO MOLESTAR
La votación del distrito de Salamanca no es un episodio aislado. Forma parte de una deriva mucho más amplia. La progresiva normalización del sufrimiento palestino hasta convertirlo en ruido de fondo. Algo asumible. Algo que ya ni siquiera merece un acto simbólico.
El propio texto de la propuesta dejaba claro que no se trataba de tomar partido en política internacional. Pero eso ya da igual. Porque para una parte de la derecha española, cualquier gesto de humanidad hacia Gaza es automáticamente sospechoso.
Y eso tiene consecuencias. Políticas, culturales y morales.
Cuando una sociedad empieza a discutir si unos niños asesinados merecen o no un homenaje institucional, el problema ya no está solo en la política exterior. El problema está en la degradación ética interna.
No es la primera vez que ocurre. El pasado septiembre, el PP ya impidió en Oviedo un acto de recuerdo a los menores asesinados en Gaza. IU-Convocatoria denunció entonces que el Ayuntamiento había bloqueado el uso de espacios públicos como la Plaza de la Catedral, el Paseo de los Álamos o la Plaza de la Escandalera para realizar una simple lectura de nombres.
Leer nombres. Solo eso.
Alejandro Suárez, concejal de IU-Convocatoria, calificó aquella decisión de “indecente, injustificable y profundamente inmoral”. Y cuesta encontrar una definición mejor. Porque prohibir o bloquear actos de memoria para niños asesinados no aporta seguridad, ni convivencia, ni neutralidad institucional. Lo único que aporta es miedo a incomodar determinados intereses políticos y mediáticos.
Hay algo especialmente perturbador en todo esto. La incapacidad deliberada de algunas fuerzas políticas para pronunciar siquiera una palabra clara sobre la matanza de civiles palestinos. Como si empatizar fuese peligroso. Como si mostrar humanidad pudiera costar votos.
Mientras organismos internacionales, ONG y expertos en derechos humanos llevan meses alertando de una catástrofe humanitaria sin precedentes en Gaza, aquí hay representantes públicos discutiendo si recordar a los menores muertos puede resultar demasiado específico.
Demasiado específico. Esa fue, en esencia, la excusa.
Miles de niños y niñas bajo las bombas. Hospitales destruidos. Familias enteras enterradas. Y la derecha madrileña preocupada porque el homenaje no incluía suficientes equilibrios diplomáticos.
A veces el problema no es solo la crueldad. Es la burocratización de la indiferencia.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir