Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Más Madrid denuncia una posible red clientelar construida alrededor de la Fundación Toro de Lidia mientras millones de euros públicos terminan siempre en las mismas manos
La relación entre el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso y la Fundación Toro de Lidia ya no es solo una cuestión política o cultural. Ya huele a tribunales. A sospecha institucionalizada. A dinero público circulando siempre por los mismos despachos y acabando en las mismas cuentas corrientes. Más Madrid ha llevado al Tribunal de Cuentas lo que define como una “presunta red de fraude y favoritismo” en las subvenciones taurinas de la Comunidad de Madrid. Y los números, desde luego, no ayudan precisamente a despejar dudas.
Durante años, la Comunidad de Madrid ha convertido la tauromaquia en un pozo de subvenciones blindadas mientras hospitales, centros educativos y servicios públicos siguen denunciando falta de recursos. Prioridades. Porque aquí no hablamos de ayudas puntuales ni de tradición popular espontánea. Hablamos de millones de euros de dinero público dirigidos sistemáticamente hacia una fundación privada cuya relación con el Ejecutivo regional ya fue cuestionada por la Justicia.
El caso más evidente explotó cuando el Tribunal Superior de Justicia de Madrid tumbó el convenio firmado entre la Comunidad y la Fundación Toro de Lidia para los años 2023 y 2024. Aquel acuerdo movilizaba casi 1,7 millones de euros, de los cuales 1,4 millones salían directamente de las arcas públicas madrileñas. Ocho meses después añadieron otros 80.000 euros más. El TSJM fue muy claro: aquello funcionaba como una “subvención encubierta” diseñada para esquivar controles, concurrencia competitiva y mecanismos básicos de transparencia.
No fue un matiz técnico. Fue un aviso demoledor.
UNA RED DE CONTRATOS PÚBLICOS SIEMPRE PARA LOS MISMOS
La denuncia presentada por Más Madrid reconstruye el entramado entre la Comunidad de Madrid y la Fundación Toro de Lidia entre 2021 y 2025. Siete convenios. Decenas de festejos. Y una constante casi obscena: las mismas empresas repitiéndose una y otra vez como adjudicatarias principales.
El documento habla de 119 espectáculos taurinos en 27 municipios madrileños. La mitad de los contratos terminaron concentrados en solo dos empresas. Una de ellas, Espectáculos Marisma S.L., organizó 37 festejos por valor de 1,2 millones de euros. La otra, Ofetauro, facturó 922.000 euros en 24 espectáculos.
Y aquí aparece una de las claves más graves del asunto. Según denuncia Más Madrid, las bases reguladoras fueron modificándose progresivamente para ampliar el número máximo de plazas adjudicables por empresario. Casualidad o no, Marisma terminó acaparando en 2025 el 37% de los espectáculos y también del presupuesto total destinado a estos eventos.
Siempre los mismos. Año tras año. Contrato tras contrato.
La formación de Manuela Bergerot habla directamente de un “modus operandi claramente fraudulento” y apunta a la posible existencia de un “cártel empresarial” sostenido por una red clientelar entre la Fundación Toro de Lidia, la Comunidad de Madrid y ayuntamientos gobernados por el PP. Y cuesta no detenerse en la expresión. Red clientelar. Porque el problema ya no es únicamente el debate sobre la tauromaquia. El problema es qué ocurre cuando una administración convierte las subvenciones públicas en una maquinaria de fidelidades políticas y económicas.
Más aún cuando la propia Asamblea de Madrid, controlada por el Partido Popular, se negó a facilitar información técnica solicitada por la oposición sobre estos convenios. Opacidad sobre opacidad. Blindaje institucional. El manual clásico.
DINERO PÚBLICO PARA UNA “PATRONAL DE ESPECULACIÓN”
La propia denuncia recuerda que algunos profesionales del sector taurino describen a la Fundación Toro de Lidia como una “patronal de especulación”. No es precisamente una asociación cultural de barrio sobreviviendo con rifas populares. La entidad ha recibido, según los cálculos aportados por Más Madrid, alrededor de 5,6 millones de euros de fondos públicos procedentes de distintas administraciones.
Madrid no es la única. También aparecen convenios y ayudas en comunidades gobernadas por el PP como Andalucía, Extremadura, Castilla y León o la Comunidad Valenciana. De hecho, en Castilla y León la Justicia también anuló uno de estos acuerdos por motivos similares a los señalados por el TSJM madrileño.
La sospecha que ahora quiere investigar el Tribunal de Cuentas va más allá de Madrid: posible doble o incluso triple financiación de gastos estructurales relacionados con dirección, coordinación, administración o comunicación. Es decir, varias administraciones pagando simultáneamente el mismo aparato organizativo.
Mientras tanto, la Fundación tampoco habría publicado de forma adecuada cuentas anuales detalladas, auditorías o desglose claro de gastos de personal. Otra vez la palabra incómoda: transparencia. O más bien su ausencia.
Todo esto sucede mientras Ayuso mantiene la tauromaquia como uno de los ejes identitarios de su proyecto político. Una especie de guerra cultural financiada con dinero público. Porque las corridas ya no funcionan solo como espectáculo. Funcionan como símbolo ideológico. Como bandera reaccionaria. Como espacio donde el PP mezcla nacionalismo castizo, propaganda institucional y negocio subvencionado.
Y ahí aparece la pregunta incómoda que el Gobierno madrileño intenta esquivar: ¿cuántos controles públicos se relajaron para alimentar esta maquinaria?
Porque cuando una administración reparte millones entre entidades afines, modifica normas para beneficiar a determinadas empresas, esconde información parlamentaria y acaba corregida por los tribunales, ya no estamos hablando de “defensa de la cultura”. Estamos hablando de poder. De clientelismo. De un modelo político donde lo público se usa como caja privada de recompensas ideológicas.
Y mientras Madrid se cae a pedazos por la vivienda imposible, las listas de espera sanitarias y la precariedad juvenil, el dinero sigue corriendo hacia la fiesta favorita del poder. Sangre en la arena y billetes en los despachos.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
El veto sindical a la Policía Nacional empieza a resquebrajarse
La anomalía democrática ya no cabe debajo de la alfombra. Dos tribunales superiores de justicia, el del País Valencià y el de Madrid, han admitido a trámite sendas demandas de agentes de la Policía Nacional contra una prohibición que huele a otro tiempo: la que les impide afiliarse a sindicatos de clase, interprofesionales, como CNT, CGT, UGT o CCOO. La pelea apunta directamente al artículo 28 de la Constitución, que reconoce la libertad sindical, y al artículo 14, que garantiza la igualdad y la no discriminación. Fechas y cifras importan: la norma que ahora se discute fue aprobada en 2015, bajo el Gobierno de Mariano Rajoy, y afecta a un cuerpo donde la escala básica suma más de 70.000 agentes.
Esta es la democracia estadounidense: 88 corporaciones no pagaron impuestos federales y regaron la política con 852 millones
La democracia estadounidense tiene una liturgia muy solemne. Banderas, discursos sobre la libertad, himnos, padres fundadores, ceremonias patrióticas y presentadores de televisión hablando de “oportunidad”. Luego llega la letra pequeña. Y la letra pequeña dice esto: 88 grandes corporaciones que no pagaron ni un dólar de impuesto federal sobre la renta empresarial en el año fiscal 2025 gastaron unos 852 millones de dólares en lobby y contribuciones electorales durante los últimos ciclos políticos.
No es una anomalía. Es el sistema funcionando.
Trump aprieta el cerco petrolero a Cuba y llama “libertad” al castigo colectivo
El 11 de junio, Marco Rubio anunció nuevas sanciones contra Unión Cuba-Petróleo, CUPET, la empresa estatal cubana de petróleo y gas. No fue un gesto administrativo. No fue una nota técnica del Departamento de Estado. Fue otro giro de tuerca contra una población que ya vive entre apagones, falta de combustible, problemas de transporte, hospitales tensionados y una economía castigada por 65 años de embargo estadounidense. Lo llaman presión. Lo llaman democracia. Lo llaman “apoyo al pueblo cubano”. Pero cuando una sanción corta energía, encarece comida, complica medicinas y deja a la gente sin movilidad, el nombre honesto es otro: castigo colectivo.
Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y viejo militante del cambio de régimen, defendió la medida acusando al Gobierno cubano de usar la energía como herramienta de represión, enriquecimiento y control social. El guion es conocido. Primero se asfixia un país. Luego se acusa al país asfixiado de no respirar bien. Después se presentan las consecuencias del bloqueo como prueba de que hacía falta más bloqueo. La maquinaria imperial funciona así: provoca la herida, señala la sangre y vende la amputación como tratamiento.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Vídeo | La batalla cultural ultra no empezó ayer: nuevo #ReportajeSR este domingo 14
El domingo 14, a las 15:00, estrenamos en nuestro canal de YouTube un nuevo #reportajesr: “Cómo la extrema derecha está ganando la batalla cultural”. La primera parte lleva un título que debería funcionar como advertencia: “Esto no empezó ayer”.
El reportaje, presentado por Patricia Salvador y dirigido por Lea Gugelmann, periodistas de Spanish Revolution, ya está disponible de forma anticipada para suscriptoras y suscriptores del canal.
Porque sí, la extrema derecha no empieza siempre gritando censura, deportaciones, recortes o mano dura. A veces empieza antes. Mucho antes. Empieza alterando el lenguaje. Empieza llamando “libertad” al privilegio de quienes más tienen. Empieza llamando “familia” a un modelo único y obediente. Empieza llamando “patria” a una frontera moral. Empieza llamando “sentido común” a una agenda profundamente reaccionaria.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir