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La historia nos enseñó a condenar con firmeza los crímenes del nazismo, pero ¿qué pasa cuando estos crímenes son cometidos por aquellos que una vez fueron víctimas?
La realidad en Gaza es una pesadilla perpetua que se ha normalizado bajo la luz de la indiferencia global. En el marco de la historia, los paralelismos entre el sionismo contemporáneo y el nazismo son cada vez más difíciles de ignorar. Ambos movimientos, en contextos diferentes, han justificado y perpetuado la violencia extrema en nombre de una ideología perversa.
Bajo la bandera del sionismo, el Estado de Israel ha cometido, una y otra vez, atrocidades que han sido minimizadas, justificadas o simplemente ignoradas por la comunidad internacional. Lo que Israel está llevando a cabo en Gaza es, sin paliativos, un genocidio deliberado y sistemático. Con más de 39,000 palestinos asesinados, de los cuales aproximadamente 15,000 son niños y niñas, el objetivo es claro: la aniquilación de un pueblo bajo el pretexto de la seguridad nacional. Los cuerpos de decenas de miles de personas siguen sepultados bajo los escombros, presuntamente muertos, en un acto que no solo es criminal, sino que busca borrar su existencia. La justificación es la misma que se usó en su momento para los guetos judíos: «seguridad».
La historia nos enseñó a condenar con firmeza los crímenes del nazismo, pero ¿qué pasa cuando estos crímenes son cometidos por aquellos que una vez fueron víctimas? Cómo es posible que una nación nacida del dolor y la persecución ahora reproduzca las mismas tácticas de opresión. No se puede ignorar la brutalidad de un sistema que, en nombre de la autodefensa, destruye familias, arrasa hogares y asesina indiscriminadamente a civiles, incluyendo mujeres, hombres, niñas y niños.
LOS MEDIOS COMO CÓMPLICES: UNA NARRATIVA SESGADA
La narrativa mediática juega un papel crucial en cómo se perciben los conflictos y, en el caso de Gaza, los medios de comunicación han sido cómplices de una injusticia histórica. La cobertura internacional suele deshumanizar a las y los palestinos, reduciéndolos a cifras en informes superficiales que rara vez profundizan en el origen del conflicto. Cuando un cohete lanzado desde Gaza mata a un israelí, se condena con fuerza, pero cuando el ejército israelí bombardea un hospital o una escuela, se habla de «daños colaterales». Este doble rasero es una burla a la ética periodística y una traición a la verdad.
El poder de la propaganda no debe subestimarse. Durante la Segunda Guerra Mundial, la propaganda nazi deshumanizó a judíos, gitanos y otras minorías, preparándolos para el exterminio. Hoy, la demonización de las y los palestinos en los medios cumple un propósito similar: desensibilizar al público ante sus sufrimientos, justificar su confinamiento y borrar su humanidad.
El sionismo ha logrado, a través de un hábil manejo de relaciones públicas, posicionarse como una lucha por la supervivencia cuando, en realidad, ha sido una guerra de conquista y opresión. En el discurso público, cualquier crítica a Israel es rápidamente tildada de antisemitismo, una táctica que silencia las voces críticas y evita el escrutinio necesario para cualquier democracia que se respete. Este abuso del antisemitismo como herramienta de censura es un insulto a la memoria de quienes verdaderamente sufrieron bajo ese flagelo.
EL DOBLE RASERO DE LA JUSTICIA INTERNACIONAL
La justicia internacional es otro actor que ha fallado rotundamente en el caso de Gaza. Mientras que líderes de estados más débiles son llevados ante tribunales internacionales por crímenes de guerra, Israel opera con impunidad. Las Naciones Unidas emiten resoluciones que son ignoradas; las denuncias de organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch son desoídas. El Tribunal Penal Internacional ha sido incapaz de llevar a cabo investigaciones efectivas debido a la presión de las grandes potencias, especialmente Estados Unidos, que continúa financiando y apoyando incondicionalmente a Israel.
Este sistema de justicia selectiva es una traición a los principios sobre los cuales se fundó el orden internacional post-Segunda Guerra Mundial. Los y las palestinas no solo son víctimas de un estado opresor, sino también de una comunidad internacional que se niega a hacer cumplir sus propias leyes y principios. El sionismo, como ideología que justifica la ocupación y el apartheid, debe ser condenado con la misma firmeza con la que se condena al nazismo.
El silencio cómplice de las naciones más poderosas del mundo no es neutralidad; es participación activa en el sufrimiento de un pueblo. Cada bomba que cae sobre Gaza lleva el sello de la hipocresía internacional y la indiferencia hacia la humanidad compartida.
Gaza es un recordatorio doloroso de lo que sucede cuando el poder se ejerce sin rendición de cuentas. La historia juzgará duramente a quienes permitieron que esto sucediera, y no habrá excusas válidas cuando llegue ese momento. La pregunta ya no es si el sionismo es el nuevo nazismo, sino por qué la humanidad sigue permitiendo que este ciclo de violencia y opresión continúe sin fin.
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La tolerancia de los crímenes del sionismo por parte de la comunidad internacional es escandalosa. No se puede permitir por más tiempo que un Estado – Israel – viole descarada e impunemente el Derecho Internacional !
Habría que preguntarse, que fue primero el nazismo o el sionismo? Realmente los sionistas fueron victimas o fueron otros judíos las victimas? Cuanto menos nazis eran los vencedores en la 2GM? …….