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Las tensiones entre Israel y la misión de paz de la ONU en el sur de Líbano se intensifican, mientras Netanyahu insta a la retirada inmediata de los cascos azules, acusando a la FINUL de servir como “escudos humanos” para Hizbulá.
El 13 de octubre, Benjamín Netanyahu lanzó una amenaza inédita a la ONU: retiren a sus fuerzas de paz del sur del Líbano de inmediato. En un mensaje público dirigido al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, el primer ministro israelí urgió a que las tropas de la FINUL (Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano) abandonen la zona para, según él, evitar que se conviertan en «rehenes de Hizbulá». La realidad detrás de estas palabras es mucho más oscura, y apunta a un objetivo claro: eliminar cualquier obstáculo internacional que limite la ofensiva militar de Israel en la región.
La FINUL, presente en Líbano desde 2006 tras la guerra entre Israel y Hizbulá, ha sido un actor clave en la contención de las hostilidades a lo largo de la frontera. Sus fuerzas de paz han actuado como garantes de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que exige un cese de hostilidades entre las partes y una vigilancia internacional para evitar que el conflicto se desborde. Pero Netanyahu parece decidido a borrar cualquier límite a las acciones militares israelíes, incluso si eso significa poner en peligro la vida de los cascos azules y violar de forma flagrante el derecho internacional.
ATAQUES DIRECTOS CONTRA LA FINUL: UNA VIOLACIÓN AL DERECHO INTERNACIONAL
El reciente cruce de la Línea Azul por parte de dos tanques israelíes, que destrozaron la puerta de una base de la FINUL en Ramyah, es solo la última de una serie de violaciones graves. Israel no solo invadió una base de la ONU, sino que también utilizó humo que afectó a 15 cascos azules, quienes sufrieron irritaciones en la piel y reacciones gastrointestinales tras inhalar el humo. Este tipo de acciones, como ha señalado Guterres, constituyen posibles crímenes de guerra. Atacar instalaciones de la ONU es una violación directa del derecho internacional y de la inviolabilidad de los mandatos de las fuerzas de paz.
La ONU ha condenado enérgicamente estos incidentes, pero la respuesta de Israel ha sido minimizarlos, alegando que sus acciones eran parte de una operación para evacuar soldados heridos en medio de enfrentamientos con Hizbulá. Este tipo de excusas no solo son irresponsables, sino peligrosas, ya que legitiman el uso de la violencia contra una misión de paz internacional y ponen en riesgo la vida de los cascos azules. La pregunta que surge es: ¿hasta qué punto Netanyahu está dispuesto a avanzar en su estrategia militar a costa de las normas y principios internacionales?
LA ESTRATEGIA DE NETANYAHU: DESMANTELAR LOS ESFUERZOS INTERNACIONALES POR LA PAZ
La FINUL ha jugado un papel crucial en la región, siendo uno de los pocos actores imparciales capaces de monitorear y mediar en las tensiones entre Israel y Líbano. La presencia de estas fuerzas no es un capricho, sino el resultado de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, cuyo mandato es mantener la paz en una de las zonas más volátiles del mundo. La insistencia de Netanyahu en que las fuerzas de la FINUL son «rehenes» de Hizbulá no es más que un intento de deslegitimar el trabajo de la ONU y crear un vacío que Israel podría explotar militarmente.
El conflicto entre Israel y Hizbulá es complejo, pero las reglas de juego no pueden ser alteradas unilateralmente por una de las partes. Netanyahu parece estar utilizando la presencia de la FINUL como una excusa para intensificar sus operaciones militares sin la vigilancia internacional que impide que estas se descontrolen. Lo que está en juego aquí no es solo la seguridad de los cascos azules, sino la estabilidad de toda la región.
A pesar de los llamados de Netanyahu, la ONU ha reafirmado su compromiso de mantener a las fuerzas de la FINUL en el terreno. Esto no es solo una muestra de fortaleza diplomática, sino un recordatorio de que las resoluciones del Consejo de Seguridad deben ser respetadas, incluso por Israel. La intención del primer ministro israelí de vaciar el sur del Líbano de presencia internacional abre la puerta a una mayor violencia y podría desencadenar una escalada aún más peligrosa.
UNA CONDENA INTERNACIONAL CRECIENTE
Las acciones de Netanyahu no solo han recibido el rechazo de la ONU. Gobiernos de todo el mundo, incluidos aliados cercanos de Israel como Italia, han condenado los ataques a las fuerzas de paz y las declaraciones del primer ministro. Italia, uno de los países que lidera la misión de la FINUL, ha calificado de «inaceptable» la agresión de Israel contra los cascos azules, y su primera ministra, Giorgia Meloni, ha pedido a Netanyahu que respete el mandato de la ONU en la región.
El gobierno libanés también ha denunciado las acciones israelíes, calificándolas como «una nueva violación de la legislación internacional». El primer ministro libanés ha acusado a Israel de intentar desestabilizar aún más la situación en Líbano, que ya está sufriendo los efectos devastadores de una serie de bombardeos israelíes en los últimos meses, que han causado la muerte de más de mil personas.
¿QUÉ HAY DETRÁS DEL LLAMADO DE NETANYAHU?
El verdadero objetivo de Netanyahu parece ser claro: desmantelar cualquier barrera que limite la actuación militar israelí en su guerra contra Hizbulá. La presencia de las fuerzas de paz de la ONU actúa como un contrapeso, un elemento que reduce la capacidad de Israel de operar sin restricciones en el sur del Líbano. Retirar a los cascos azules, como pide Netanyahu, crearía un vacío de poder que Israel probablemente llenaría con una ofensiva total contra Hizbulá. Pero esto no sería solo un ataque contra una organización armada, sino también contra las poblaciones civiles que ya están sufriendo el embate de la violencia.
Netanyahu no está simplemente pidiendo la retirada de una misión de paz; está jugando con fuego. Al eliminar la presencia de la ONU, abre la puerta a una escalada de la violencia que podría arrastrar a toda la región a un conflicto mayor, con consecuencias impredecibles no solo para Israel y Líbano, sino también para otros actores involucrados, como Irán y Estados Unidos.
LA ONU NO DEBE CEDER
En este contexto, la postura de la ONU debe ser firme. Ceder a las presiones de Netanyahu significaría aceptar que las reglas internacionales pueden ser doblegadas por la fuerza militar. Los cascos azules de la FINUL están en Líbano para proteger la paz y garantizar que los conflictos no se salgan de control. Su retirada dejaría un vacío peligroso y enviaría un mensaje de debilidad ante las violaciones del derecho internacional.
La comunidad internacional debe rechazar las amenazas de Netanyahu y reforzar su apoyo a la FINUL. La paz en la región depende de la capacidad de las Naciones Unidas de mantener su presencia y de resistir los intentos de Israel de dictar unilateralmente las condiciones en el sur del Líbano. Cualquier otra opción sería un paso hacia el caos, y no se puede permitir que el precio lo paguen los cascos azules, las poblaciones civiles ni la estabilidad global.
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