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El ministerio de la Fundación Pública de Francia ha multado a la Alcaldía de París por emplear demasiadas mujeres.
La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, tachó este martes de «absurda» una multa impuesta por las autoridades al ayuntamiento de la capital francesa por emplear demasiadas mujeres en puestos de responsabilidad.
La multa de 90.000 euros y se alega que la Alcaldía de París ha infringido la norma de la paridad de género.
«Me complace anunciar que hemos sido multados» por «haber nombrado demasiadas mujeres en puestos de dirección», dijo Hidalgo en una reunión del ayuntamiento.

Durante 2018, que es sobre cuando recae dicha penalidad, se emplearon en París un 69% de los cargos superiores del ayuntamiento, con 11 mujeres y sólo cinco hombres.
«La gestión del ayuntamiento se ha vuelto, de repente, demasiado feminista», ironizó la alcaldesa.
«Esta multa es obviamente absurda, injusta, irresponsable y peligrosa», dijo. Y añadió que las mujeres deben ser promovidas con «vigor porque el retraso en todas partes de Francia es todavía muy grande».
«Sí, para lograr un día la paridad, debemos acelerar el ritmo y asegurarnos de que se nombren más mujeres que hombres», explicó.
La pobreza tiene cara de mujer: La desigualdad en el Mercado Laboral
Las mujeres trabajadoras presentan trayectorias laborales más cortas, suman menos días de cotización y bases de cotización más bajas, acceden a trabajos peor remunerados y, todavía, el motivo principal de la mayor discontinuidad de su trayectoria laboral guarda relación con el abandono del empleo en las edades asociadas con la maternidad y el cuidado de los hijos. En el caso de los hombres, su salida del mercado laboral tiene lugar sobre todo en edades asociadas a la jubilación. Esta diferencia en la cotización por género produce lo que se denomina Brecha de Género.
Integrar la perspectiva de género para combatir la desigualdad y la discriminación hacia las mujeres
Desde la pandemia las mujeres han sido noticia en todo el mundo por ejercer profesiones esenciales que las han situado en primera línea, precisamente en sectores altamente feminizados como el sanitario, el sociosanitario o el de servicios. Desde la perspectiva feminista también se ha tratado de dar relevancia al hecho de que las mujeres se han visto obligadas cultural y secularmente a proporcionar cuidados sin que esta dedicación haya sido valorada, ni siquiera en tiempos de emergencia sanitaria.
A la necesidad de la integración de las tecnologías o la emergencia climática en las nuevas realidades del trabajo, ahora es necesario de forma urgente integrar también la emergencia sanitaria, lo cual transformará no solo las relaciones laborales sino también las realidades educativas, socioculturales, políticas o éticas.
La adaptación de los entornos y modalidades de trabajo no deben suponer la vuelta al hogar de millones de trabajadoras en el mundo, ni la obligación de alternar su profesión con el trabajo de los cuidados, como puede ocurrir con el teletrabajo, provocando discriminaciones por razón de sexo o desatando riesgos psicosociales sin precedentes que serán difíciles de prevenir y de tratar. El desafío de la integración de la perspectiva feminista no es nuevo, sin embargo en los planes de reactivación y reconstrucción del empleo, las políticas globales con perspectiva de género no son prioritarias en los países europeos.
En todo caso en algunos estados se concede a las trabajadoras una línea “preferente” de actuación como la gestión de medidas para la conciliación familiar, asumiendo de facto la perpetuación del papel de las mujeres como organizadoras del hogar en tiempos de crisis. Por otra parte, la violencia de género, lacra planetaria aún sin erradicar, agravada durante los períodos de confinamiento y cuya magnitud aún no ha podido ser evaluada, tendrá que ser combatida con planes claros y contundentes ahora más que nunca, para impedir que se disparen los efectos de esta otra pandemia mundial.
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