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Javier Milei abre la puerta al espionaje contra activistas, periodistas y jubiladas
Quien controla la narrativa, controla el poder. Y Milei ya ha elegido su blanco. El nuevo Plan de Inteligencia Nacional (PIN), filtrado por La Nación, no es un desliz ni una exageración mediática. Es la hoja de ruta oficial del espionaje argentino, ahora dirigido por una administración que entiende la democracia como un trámite y la crítica como un acto de traición.
El Gobierno ultraderechista de Javier Milei ha decidido que quienes cuestionen sus políticas económicas, quienes duden de sus operativos de “seguridad” o quienes influyan en la opinión pública de formas que no les sean favorables, deben ser objeto de seguimiento, identificación y monitoreo. No se trata de prevenir delitos, sino de vigilar el pensamiento crítico. Deja de importar lo que hagas: basta con que pienses.
El documento detalla, sin rodeos, que los servicios secretos deberán centrarse en “actores que promuevan la pérdida de confianza en las políticas del Gobierno”. ¿Quiénes son esos actores? Cualquier persona con una cuenta en redes, una pancarta, una columna de opinión o una radio comunitaria.
La paradoja es brutal: en nombre de la lucha contra la desinformación, se desata la vigilancia masiva. Todo mientras el presidente aplaude una campaña sucia con vídeos falsos generados por IA para manipular votantes en la elección municipal del 18 de mayo. La doble vara es ya el método: cuando el fango lo lanzan sus trolls, es humor; cuando la crítica viene de periodistas, es “guerra cultural comunista”.
ESPIONAJE, MENTIRAS Y UN GOBIERNO ENEMIGO DEL PUEBLO
La SIDE, el histórico aparato de inteligencia del Estado argentino, ha aumentado su presupuesto un 68% desde enero. Mientras se recortan pensiones, escuelas y hospitales, el espionaje estatal crece como un tumor en plena motosierra neoliberal. Los gastos reservados —esos que no necesitan justificación— subieron un 254%. El Estado mínimo solo lo es para quienes no tienen poder.
Pero no hay represión sin relato. Y ahí entra en juego el personaje más inquietante de la administración Milei: Santiago Caputo, el asesor en la sombra que maneja la inteligencia sin rendir cuentas, porque ni siquiera ocupa un cargo oficial. Un hombre sin rostro institucional al frente del mayor aparato de espionaje del país. ¿Qué puede salir mal?
La primera víctima ya ha sido señalada: Hugo Alconada Mon, uno de los periodistas más serios del país, ha sufrido hackeos, amenazas, suplantaciones y acoso tras publicar la existencia del PIN. No es casual. Es un aviso. El nuevo periodismo de investigación en Argentina no se enfrenta a silencios oficiales, sino a un hostigamiento digital coordinado desde las entrañas del poder. Milei lo dejó claro en su red favorita: “Los argentinos no odian lo suficiente a los periodistas”.
Las y los jubilados que protestan cada miércoles frente al Congreso también están en el punto de mira. Son “grupos sociales vulnerables” a los que el Estado debe “monitorear” por si osan influir en el electorado. Traducido: si estás viejo, pobre y cabreado, eres un riesgo para la seguridad nacional.
Lo que Milei propone no es nuevo. Es el reciclaje de la doctrina de seguridad nacional con IA, con trolls y con Twitter. Lo que antes se llamaba subversión, hoy se llama “manipulación de la opinión pública”. El lenguaje cambia. El autoritarismo, no.
El fascismo no llega con tanques. Llega con tuits, excusas presupuestarias y leyes opacas. Milei no solo quiere reventar el Estado: quiere rediseñar la percepción de la realidad. Si protestas por el precio del pan, te estás aliando con el comunismo internacional. Si dudas del ajuste, es que te han manipulado. Si marchas, te espían.
No hay libertad de mercado sin libertad de expresión. No hay democracia sin la posibilidad de decirle al poder: te estás equivocando. Y en Argentina, esa posibilidad empieza a estar bajo escucha.
Cuando el Estado decide que pensar diferente es un delito, es el Estado el que se convierte en criminal.
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Este alumno aplicado de la Cía, el putrefacto Milei vuelve a la época de Videla ,pero con la modernidad de las redes, de las cámaras,y todo lo que pueda usar de información.
Lo siguiente que será? Encerrar a lxs detenidxs en un estadio? Antes de llevarles a dar un paseo aéreo encima del mar? No, eso ,es muy antiguo,ahora lo harán de otra forma, o no?
De la mano de EEUU y del sionazismo ,el despojo humano de Milei avanza en su plan de destrucción de la sociedad argentina, pobres argentinxs, dónde acabará todo eso ? Cómo acabar con este psicópata???
Salud y anarkia
Excelente artículo. Gracias por contar lo que está pasando en mi país, Argentina. Desde que asumió este gobierno neofascista no hay un solo día en el que no hayan destruido algo. Es muy doloroso lo que hacen, pero lo peor es la indiferencia de gran parte de la sociedad, que mira para otro lado y que permite todo tipo de atropellos. La despolitización y el odio al kirchnerismo promovidos por el gobierno, sumados a la ignorancia y la desesperanza, están llevando a la Argentina a una decadencia cultural, social y humana que será muy difícil de revertir…