Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Ni persecución política ni campaña de desprestigio: lo que hay es un fraude fiscal y un relato desmontado línea a línea en sede judicial
EL SUPREMO SACA LOS COLORES A LA PAREJA DE AYUSO
No lo dice la prensa. No lo dice la ministra Montero. No lo dice un meme. Lo dice el Tribunal Supremo: llamar “defraudador confeso” a Alberto González Amador no vulnera su honor. Porque, aunque duela, confesar un fraude fiscal de 350.000 euros mediante tu abogado también es confesar.
A partir de ahora, cada vez que alguien del entorno de Isabel Díaz Ayuso hable de persecución política, de campañas orquestadas o de guerras sucias, bastará con señalar dos hechos probados:
1. Que el abogado de González Amador mandó un correo a Fiscalía en el que reconocía “dos delitos contra la Hacienda Pública”.
2. Que ha confesado ante el Supremo que lo hizo por encargo directo del empresario.
La defensa de la pareja de Ayuso, esa tragicomedia política que lleva más de un año mutando de versión según las necesidades del momento, se ha derrumbado con estrépito. El discurso inicial fue de ciencia ficción: “nunca ha confesado, esto es una conspiración”. Luego pasó al thriller: “el abogado lo hizo por su cuenta, sin que yo lo supiera”. Y ha terminado en comedia judicial: el propio abogado, Carlos Neira, admite ante el juez que González Amador sabía, entendía y aceptaba lo que implicaba su confesión.
El problema no era que lo llamaran defraudador. El problema es que lo era. Y lo sabía.
AYUSO, RODRÍGUEZ Y EL TEATRO DE LA CONSPIRACIÓN
Cuando elDiario.es publicó en marzo de 2024 que la Fiscalía acusaba al empresario de fraude fiscal y falsedad documental, la reacción del Gobierno de Madrid fue furibunda. Ayuso se parapetó en su relato victimista: su pareja era víctima de “todos los poderes del Estado”. Miguel Ángel Rodríguez, fiel escudero y maestro de la intoxicación informativa, amenazó con cerrar medios y difundió bulos a mansalva.
El relato se vino abajo en días. A las pocas horas ya se sabía que habían negociado un pacto con la Fiscalía para reconocer el fraude, pagar y no entrar en prisión. La prueba era demoledora: un correo del abogado al fiscal admitiendo los delitos. La estrategia fue entonces cambiar el marco: no era una confesión, era una negociación. Luego que el abogado actuó por libre. Luego que la ministra Montero había vulnerado su honor. Y así, una cadena de excusas que ha terminado triturada por la realidad judicial.
Porque esta no es solo una derrota legal. Es una demolición narrativa. El abogado, inspector de Hacienda en excedencia, especialista en pactos de conformidad, explicó ante el juez que habló con González Amador, que este entendió perfectamente el acuerdo, y que no actuó por su cuenta ni improvisó nada. La confesión fue real. La intención de pactar fue deliberada. Y el objetivo era evidente: quitarse de encima el caso “con el menor ruido posible”.
Que Ayuso mantenga la ficción ya no es defensa. Es desinformación institucional.
La sentencia del Supremo, por su parte, no solo blinda a Montero frente a la demanda civil de 40.000 euros. Protege la crítica política cuando hay base fáctica. Y en este caso, la base fáctica es contundente. No se trata de una condena judicial (que aún no ha llegado), pero sí de una confesión directa a través de un representante legal. Y eso basta para que los jueces de la Sala de lo Civil sentencien: no hay intromisión ilegítima, sino libertad de expresión amparada por hechos objetivos.
Más claro, agua. Y menos oro, también. Porque la querella contra Montero era solo una pieza de un puzle mayor: una campaña de intimidación con casi 20 demandas contra periodistas, políticos y cargos públicos, con las que González Amador busca reescribir la historia a golpe de litigio. Pero lo que no se puede ocultar es que su confesión es tan real como sus ingresos durante la pandemia vendiendo mascarillas a precios inflados.
No es persecución. Es rendición de cuentas.
Y si alguien ha mentido en sede judicial, ya saben lo que toca. Porque entre la declaración del empresario —negando el encargo de confesar— y la de su abogado —asegurando que sí se lo encargó— alguien ha mentido ante el Supremo. Y no parece que sea Neira quien esté improvisando.
A veces, los delitos no los descubre la prensa. Los confiesan los propios protagonistas. Aunque luego intenten demandarte por recordárselo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir