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Amama planta cara al Gobierno andaluz y denuncia que las vidas de las mujeres no se curan con propaganda
LAS MUJERES EN PRIMERA LÍNEA: DE LA ESPERA AL HARTAZGO
En Andalucía, más de 500.000 mujeres viven desde hace meses con “un nudo en el estómago”. No es una metáfora: es el resultado de años de negligencia en el cribado del cáncer de mama. Y es también el síntoma de una política sanitaria basada en el maquillaje mediático y la privatización silenciosa. La Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama de Sevilla (Amama) ha dicho basta. El próximo 26 de octubre, a las 12:00 horas, se concentrarán frente al Palacio de San Telmo bajo un lema tan simple como demoledor: “Nuestras vidas no pueden esperar”.
La movilización, bautizada como “Concentración Rosa”, no es un acto simbólico. Es una denuncia frontal contra el Gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla, al que acusan de responder a la crisis del cribado con “planes de propaganda” y no con soluciones reales. Las mujeres afectadas no exigen más fotos, sino respuestas. “Desconocemos dónde están resididas las negligencias”, advierten, recordando que miles de mujeres no fueron llamadas a tiempo para hacerse las pruebas o aún esperan una cita diagnóstica que nunca llega.
Mientras el Ejecutivo andaluz se escuda en titulares sobre nuevas contrataciones o supuestos planes de choque, las consecuencias ya se miden en angustia, en retrasos y en vidas. La dimisión de la consejera de Salud, Rocío Hernández, y la designación de Antonio Sanz (que suma este cargo a sus anteriores responsabilidades) han sido interpretadas como un gesto cosmético. Amama lo califica directamente de “grave error”, porque no aborda la raíz del problema: una sanidad desmantelada por la privatización progresiva y por la gestión partidista del dolor.
EL NEGOCIO DE LA SALUD Y EL SILENCIO DE LA JUNTA
Amama no habla en abstracto. Desde hace años han advertido a la Consejería de Salud —con tres titulares distintos— de los fallos en el sistema de detección precoz del cáncer de mama. Las cartas fueron ignoradas. Las reuniones, aplazadas. Y mientras tanto, la primera causa de muerte por tumores en mujeres andaluzas seguía creciendo, especialmente en Cádiz, Sevilla, Málaga, Almería, Huelva y Córdoba, todas por encima de la media estatal de mortalidad.
Las mujeres recuerdan que en enero de 2025 ya alertaron de “retrasos desorbitados en cientos de miles de pruebas diagnósticas”. La Junta reaccionó con el reflejo habitual: anuncios, ruedas de prensa, planes milagrosos. Pero el diagnóstico social es más claro que cualquier informe: el Gobierno andaluz ha sustituido la gestión sanitaria por una estrategia de comunicación. Los hospitales públicos se vacían mientras los conciertos con la sanidad privada engordan. Las enfermeras y enfermeros se multiplican en los discursos, pero escasean en los turnos.
“El tiempo de las declaraciones y las fotos ha terminado”, sentencian desde Amama. Lo que exigen ahora no cabe en un tuit institucional ni en un vídeo de campaña. Reclaman una auditoría externa para conocer la dimensión real del desastre, una comisión de investigación parlamentaria donde las afectadas puedan testificar, y sobre todo, la confirmación urgente de diagnósticos pendientes con todos los recursos necesarios. No se trata de un capricho: se trata de vidas en riesgo.
Mientras Moreno Bonilla se protege tras sus consejeros y se ausenta de los debates monográficos en el Parlamento, las mujeres que padecen o han padecido cáncer de mama han decidido ocupar el espacio público que la política les niega. La concentración del 26 de octubre no es una foto más: es una autopsia en directo del modelo sanitario andaluz. Un modelo que convierte el sufrimiento en material electoral y el derecho a la salud en un negocio.
Porque las mujeres confiaron en un sistema que las ha defraudado y ha puesto en riesgo sus vidas. Y esta vez no piensan callarse.
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