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La presidenta madrileña acusa a Pedro Sánchez de ordenar “reventar” su viaje, insiste en reivindicar la conquista y llega a afirmar que “México no existió” antes de la llegada de los españoles mientras sigue sin aclarar qué hizo durante cuatro días
Isabel Díaz Ayuso ha decidido convertir un viaje institucional lleno de sombras en un espectáculo de victimismo, propaganda colonial y delirios diplomáticos. Cuatro días después de regresar de México, la presidenta madrileña sigue sin explicar con claridad qué hizo durante buena parte de su estancia. Lo que sí ha hecho. Mucho. Es incendiar el debate político con declaraciones propias de otra época.
La dirigente del PP ha acusado directamente a Pedro Sánchez de haber dado una orden para “reventar” su viaje a México. Así, literalmente. Y no contenta con eso, volvió a lanzarse a una defensa delirante de la conquista española afirmando en la Asamblea de Madrid que “México no existió hasta que llegaron los españoles”.
No es un lapsus. No es una frase mal escogida. Es una forma de entender la Historia basada en el supremacismo colonial más rancio y en esa nostalgia imperial que una parte de la derecha española sigue utilizando como combustible político. Porque Ayuso no habla de cooperación entre pueblos. Habla de conquista. De “mestizaje” entendido como justificación histórica. Y lo hace mientras acusa a la izquierda española y mexicana de “retorcer la Historia”.
La presidenta madrileña lleva días intentando vender la idea de una conspiración internacional contra ella. Según su relato, Claudia Sheinbaum y Pedro Sánchez coordinaron un supuesto boicot para sabotear su agenda mexicana. Una película de espionaje cutre construida a base de insinuaciones y victimismo permanente.
DEL “ME PONEN EN PELIGRO” AL DELIRIO DE LA CONSPIRACIÓN INTERNACIONAL
En su entrevista en esRadio, Ayuso aseguró que Sheinbaum actuó “por orden” del Gobierno español y llegó a afirmar que existía una instrucción directa para “reventarle el viaje”. Todo esto sin aportar una sola prueba. Ni una.
La presidenta madrileña también insistió en la polémica por el homenaje a Hernán Cortés que finalmente no pudo celebrarse en la Catedral de Ciudad de México y acabó trasladándose al Frontón de México, vinculado a la producción de Malinche. Ayuso incluso lamentó haberse quedado “corta” defendiendo a Cortés porque, según ella, Sheinbaum llevaba semanas “cargando” contra España.
El problema es que mientras Ayuso monta una batalla cultural sobre la conquista, sigue sin aclarar algo mucho más simple: qué hizo exactamente durante los cuatro días en los que no hizo pública su agenda institucional.
La oposición madrileña le exige explicaciones desde hace días. Cuánto costó el viaje. Quién pagó qué. Qué reuniones mantuvo. Por qué parte del viaje permaneció opaca. Preguntas normales en democracia. Más todavía cuando se trata de dinero público.
Ayuso respondió asegurando que “no ha dejado de trabajar” y mencionó una reunión con la alcaldesa de Cuauhtémoc, a la que, según afirmó, intentaron asesinar “por 3.000 euros”. Una escena utilizada inmediatamente para reforzar su narrativa de peligro constante y conspiración política.
Mientras tanto, desde la Comunidad de Madrid reconocen que parte del viaje iba a ser financiado por el estado mexicano de Aguascalientes y por los organizadores de los Premios Platino. También admiten que contrataron seguridad privada tras denunciar un supuesto veto contra Ayuso en Cancún. Un veto que los propietarios del complejo hotelero niegan.
Y aquí aparece otra contradicción incómoda. Si realmente existía una amenaza tan grave contra la presidenta madrileña, ¿por qué no solicitaron protección oficial ni al Gobierno español ni al mexicano? La propia Comunidad reconoce que no lo hicieron. Esperaban, dicen, que el Ejecutivo “se diera por aludido”.
Todo parece construido después. Como si primero hubiese ocurrido el caos comunicativo y luego hubiese llegado el relato épico.
“MÉXICO NO EXISTIÓ”: EL COLONIALISMO COMO ARMA POLÍTICA
Lo más grave no son siquiera las acusaciones conspirativas. Es el discurso colonial que Ayuso está utilizando para movilizar a su electorado. Porque afirmar que México “no existió” antes de la llegada de los españoles no es una provocación inocente. Es negar siglos de historia, culturas y civilizaciones prehispánicas. Es borrar pueblos enteros con una frase.
Y lo hace mientras acusa al “comunismo” de vivir de la pobreza y de destruir “la fe, la nación, la historia, la familia y la propiedad”. El pack completo. El viejo discurso reaccionario reciclado una vez más para convertir cualquier crítica política en una batalla civilizatoria.
Ayuso intenta presentarse como víctima perseguida por Sánchez, por Sheinbaum, por la izquierda española y mexicana, por la prensa y prácticamente por cualquiera que le pida explicaciones básicas sobre un viaje pagado parcialmente con recursos públicos. Pero cuanto más habla, más evidente resulta el fondo ideológico de todo esto.
No estamos ante una dirigente haciendo diplomacia institucional. Estamos ante una política utilizando un viaje oficial para reforzar una guerra cultural permanente basada en el nacionalismo español más agresivo y en una reinterpretación colonial de la Historia.
Y mientras tanto, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, respondió con bastante más inteligencia política que toda la maquinaria propagandística de Ayuso. Con ironía. Invitándola a “volver de vacaciones” a México para que aprenda “sobre la grandeza cultural” del país.
Golpeó donde más duele. Porque el problema ya no es solo lo que Ayuso dijo. El problema es que cuanto más intenta justificarse, más queda la sensación de que el viaje terminó convertido en una mezcla extraña de vacaciones opacas, propaganda colonial y victimismo político de manual.
Y eso sí que no hay relato capaz de taparlo.
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