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La pregunta que debemos hacernos es: ¿hasta cuándo los medios de comunicación occidentales seguirán silenciando las atrocidades que comete Israel en Gaza y Líbano?
Desde el comienzo de la ofensiva israelí en Gaza y la escalada en Líbano, los medios occidentales han mostrado una tendencia preocupante: encubrir o minimizar la violencia del estado israelí. No es la primera vez que ocurre, pero cada vez es más descarado. La prensa se convierte en cómplice al omitir datos clave que podrían dar una visión clara del sufrimiento humano.
Según un estudio de la Universidad de Rochester en 2023, más del 50% de las personas no leen más allá del titular en redes sociales. Es decir, si el titular es vago o sesgado, la percepción pública se distorsiona de inmediato. Y eso es exactamente lo que ocurre en las coberturas de los bombardeos en Gaza o Líbano. Cuando titulares como «Bombardeos en el sur del Líbano dejan decenas de muertos» omiten deliberadamente quién es el responsable, se crea una narrativa falsa, donde las muertes parecen consecuencia de una fuerza natural y no de la violencia militar israelí.
El uso de términos suaves es otra herramienta de manipulación. Por ejemplo, cuando la BBC publica que «los ataques de Israel sobre objetivos de Hezbollah han tenido efectos devastadores en la población civil», sin profundizar en la masacre de civiles, el dolor de esas personas queda relegado a una nota al pie. Los ataques no son solo «devastadores», son una violación flagrante de los derechos humanos, pero parece que los medios no lo ven así.

EL USO DEL LENGUAJE: CUANDO LA NARRATIVA LO ES TODO
Otra táctica más sutil es el uso del lenguaje para desviar la atención. Cuando se refieren a los ataques como «respuesta» o «defensa», y no como lo que son: agresiones injustificadas y desproporcionadas. Al emplear el término «respuesta», los medios excusan implícitamente la violencia. Israel no está respondiendo, está invadiendo, ocupando y bombardeando sin distinción.
Fox News ha sido particularmente flagrante en su sesgo. Mientras que en su cobertura de la invasión rusa a Ucrania no se escatiman adjetivos condenatorios como «ataque brutal» o «violación del derecho internacional», en los ataques israelíes las palabras se suavizan. Cuando Israel lanza bombas, parece que los titulares tratan de justificarlo o, peor aún, de normalizarlo. La desaparición de los cuerpos y los hogares reducidos a escombros se describen como «daños colaterales», una manera indignante de reducir el sufrimiento humano a un concepto administrativo.

Incluso cuando Israel envió tropas a Líbano el 30 de septiembre, el titular del New York Times decía «Israel envía tropas al sur del Líbano», como si fuese un viaje de rutina. ¿»Envío» de tropas? No. Fue una invasión. Pero claro, la palabra «invasión» está reservada para otros países, para aquellos que no cuentan con la cobertura mediática y política que Israel tiene en Occidente.
The difference is by design. pic.twitter.com/SoBfiQrHpV
— Assal Rad (@AssalRad) October 1, 2024
LA IMPUNIDAD QUE DAN LOS MEDIOS
El problema de fondo es que los medios de comunicación occidentales no solo fallan en ofrecer una visión crítica de los actos de Israel, sino que, al hacerlo, permiten que la comunidad internacional mire hacia otro lado. La ausencia de condenas firmes y contundentes se debe, en gran parte, a cómo se informa. Cuando las y los periodistas diluyen la verdad, la condena pública se disuelve.
Human Rights Watch ha documentado durante años las violaciones de derechos humanos por parte de Israel, desde bombardeos sobre población civil hasta el uso de armas prohibidas. Pero, ¿cómo impactan estos informes si los medios que los reportan lo hacen con un tono tibio o los esconden bajo titulares ambiguos?
Y lo más preocupante: la normalización del apartheid israelí en Gaza se está llevando a cabo con la colaboración pasiva de los grandes medios. La narrativa oficial ha logrado que el mundo vea a Israel como una víctima, a pesar de que tiene uno de los ejércitos más poderosos del planeta y lleva décadas controlando y sometiendo a la población palestina.
Es imprescindible señalar también la influencia de los lobbies israelíes en los medios occidentales. Organizaciones como Honest Reporting monitorean cada noticia, presionando a las redacciones para que ajusten sus coberturas a la narrativa oficial. Esto no es libertad de prensa. Es censura por omisión y manipulación descarada.
SIN RESPONSABLES NO HAY JUSTICIA
Los bombardeos en Gaza y Líbano no son una tragedia inevitable, sino el resultado directo de decisiones políticas y militares. Al no señalar con claridad quién es el responsable, se evita que haya un escrutinio público adecuado. Las enfermeras, los y las maestras, las y los jueces, las familias de las víctimas merecen que el mundo sepa la verdad.
Cada titular que elude el nombre de Israel como agresor, cada noticia que disfraza los bombardeos como defensivos, es un paso más hacia la impunidad.
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