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Las tácticas defensivas no son exclusivas de Rubiales, sino que reflejan patrones más amplios y arraigados en nuestra sociedad.
El deporte, al igual que muchos otros ámbitos de nuestra sociedad, no ha sido ajeno a las dinámicas de poder y los comportamientos machistas. En pleno siglo XXI, con todos los avances y luchas feministas que hemos presenciado, resulta increíble que aún tengamos que lidiar con actitudes que perpetúan estereotipos y estructuras de poder obsoletas. Lo vivido en el episodio protagonizado por Rubiales es un recordatorio de que el camino hacia la igualdad real aún es largo y está lleno de obstáculos.
No es simplemente el acto en sí, que ya de por sí es condenable, sino la actitud defensiva y las tácticas utilizadas posteriormente en un intento de justificar o minimizar la conducta lo que realmente preocupa. El hecho de que una figura tan prominente en el mundo del deporte recurra a estos mecanismos defensivos demuestra que, a pesar de los avances, las mentalidades arraigadas no cambian con facilidad.
La responsabilidad, en este caso, es doble. Primero, porque las y los líderes en cualquier ámbito deben ser ejemplos claros de comportamiento adecuado, ético y respetuoso. Segundo, porque estas tácticas defensivas no son exclusivas de Rubiales, sino que reflejan patrones más amplios y arraigados en nuestra sociedad.
Tácticas de defensa en el discurso de Rubiales
El discurso de Rubiales es un claro ejemplo de cómo se pueden emplear tácticas de defensa para tratar de disminuir la percepción de un comportamiento o acto inapropiado. A continuación, desgranamos y ampliamos las tácticas que Rubiales utilizó:
Culpabilizar a la víctima:
En muchas instancias, cuando alguien se siente acorralado por acusaciones, opta por redirigir la atención hacia la víctima, sugiriendo que tuvo una parte activa o culpable en el incidente. En el caso de Rubiales, al insinuar que Hermoso buscó el contacto físico y no se negó al beso, intentó transferir parte de la responsabilidad hacia ella, diluyendo su propia culpabilidad.
Minimizar los hechos:
Una táctica clásica es tratar de minimizar la gravedad del acto. Aquí, Rubiales intenta trivializar su comportamiento al referirse al incidente como un simple «piquito». Al hacer esto, busca desviar la atención del núcleo del problema: el consentimiento y el respeto hacia la autonomía personal.
Negar el poder:
En sociedades donde las estructuras de poder son evidentes, quienes ocupan posiciones privilegiadas suelen tener una responsabilidad adicional en sus interacciones con otros. Rubiales, siendo una figura prominente en el mundo del fútbol español, trató de eludir esta responsabilidad negando que tuviera una posición de dominio o poder sobre Hermoso. Esta táctica tiene el objetivo de presentar la situación como un encuentro entre iguales, obviando las dinámicas de poder que pudieron influir en el comportamiento de ambos.
Autodefinirse como la verdadera víctima:
Esta es una táctica de defensa compleja pero efectiva si se maneja adecuadamente. Al presentarse como una víctima de «asesinato social», Rubiales intenta evocar simpatía y redirigir el foco de atención. La mención al «falso feminismo» como los verdaderos culpables refuerza esta posición, sugiriendo que hay fuerzas más grandes conspirando en su contra.
Estas tácticas, aunque efectivas para algunos, pueden ser fácilmente reconocibles para aquellos familiarizados con los patrones de defensa en discursos. Es esencial que la sociedad esté educada sobre estas tácticas para poder identificarlas y abordarlas de manera crítica y constructiva.
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