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Wally Gobetz/NYC – AMNH, CC BY-NC
Durante mucho tiempo, arqueólogos y antropólogos sosteníamos que la separación entre humano y animal radicaba en la fabricación de herramientas. Y así se extendió el mito del Homo faber, una idea que caló muy hondo.
Sin embargo, una carnicería de hace 2,9 millones de años (Ma) encontrada en un yacimiento de Kenia vuelve a poner sobre la mesa quién fabricó las primeras herramientas de piedra, por ejemplo, para matar hipopótamos y machacar material vegetal.
En busca del primer artesano: el Cascanueces
Louis Leakey empezó a excavar en los yacimientos de Oldupai Gorge (Tanzania) en 1931. Encontró fósiles de animales extintos asociados a antiguos artefactos de piedra, y centró todas sus energías en hallar al artesano, al responsable de la factura de aquellos útiles líticos prehistóricos. Pero no apareció hasta que, en 1959, la arqueóloga Mary Leakey identificó los restos de un arcaico hominino.
A pesar de su clara anatomía simiesca, los Leakey determinaron que si había sido capaz de elaborar herramientas, solo podía ser algo muy parecido a un humano. Le bautizaron como Zinjanthropus boisei, el “humano de Zinj” (boisei hacía alusión al apellido del mecenas que financiaba los trabajos). Recibió el apodo de Cascanueces, y fue datado en 1 600 000 años. Eso significaba que las primeras herramientas de piedra tenían más de un millón y medio de años de antigüedad.
La llegada del Homo habilis
En 1960, y a escasa distancia del yacimiento Zinj, los Leakey descubrieron otro hominino coetáneo. Tras reconstruirlo llegaron a la conclusión de que se trataba de un individuo más grácil –-menos robusto-– que el Zinjanthropus, dotado también de una capacidad cerebral sensiblemente mayor. Como apareció asociado a herramientas de piedra, por primera vez en la historia de la paleontología se tuvo en cuenta un parámetro cultural en el momento de definir una nueva especie biológica. En efecto, recibió la clasificación taxonómica de Homo habilis: el “humano habilidoso”.
Con esta nueva especie, los Leakey rectificaron: el primer artesano de Oldupai –-y de todo el planeta-– no había sido el simiesco y robusto Cascanueces, sino el primer representante del género humano, Homo habilis. El Zinjanthropus pasó a ser llamado Australopithecus boisei (hoy Paranthropus boisei). Y se consideró que la primera cultura material, el Olduvayense, coincidía con la aparición de Homo.
Reconstrucción facial del Paranthropus boisei.
Cicero Moraes / Wikimedia Commons, CC BY-SA
El dogma del Homo faber pervivió: seguimos considerando que la herramienta marcaba la separación entre humanos y animales.
Las herramientas vegetales de los chimpancés
Así era hasta que un naturalista autodidacta, Jordi Sabater Pi, y una joven primatóloga también autodidacta llamada Jane Goodall, le dieron un vuelco al orden establecido. Sabater lo hizo desde Guinea, Goodall desde los bosques tanzanos de Gombe. En la misma década de los sesenta demostraron que los chimpancés eran capaces de fabricar herramientas. Aunque no de piedra, sino de naturaleza vegetal.
Jordi Sabater Pi, que acabaría siendo catedrático de Primatología de la Universitat de Barcelona, fue mucho más allá al afirmar que los instrumentos elaborados por el chimpancé eran tradiciones culturales.
Por otro lado, con el paso de los años, en varias localidades de Etiopía y Kenia se exhumaron herramientas de piedra con un amplio abanico de dataciones: entre 2,5 y 3,3 Ma. La prueba de que, antes de Homo, y como ocurre con nuestros primos vivos más cercanos –los chimpancés–, debieron existir homininos capaces de tallar la piedra: los australopitecinos.
Huesos para perforar termiteros
La reacción de la mayoría de especialistas pro-Homo ante la noticia no fue muy entusiasta. Tampoco reaccionaron bien ante un descubrimiento revolucionario: la identificación, en Etiopía, de una nueva especie de hominino. Se llamaba Australopithecus garhi, y estaba asociado a huesos de fauna con marcas de corte, la evidencia de que un australopitecino, hace 2,5 Ma, fabricó útiles líticos cortantes para descuartizar a sus presas animales.
Mientras, en yacimientos de Paranthropus robustus sudafricanos, no solo se hallaron herramientas líticas sino también vestigios de artefactos de hueso para perforar termiteros.
Un equipo codirigido por Camilo José Cela Conde (Universitat de les Illes Balears) y el firmante de estas líneas (HOMINID Grupo de Orígenes Humanos, Universitat de Barcelona / Universitat Oberta de Catalunya), nos desplazamos hasta las Tugen Hills (lago Baringo, Kenia) para trabajar en los sitios paleontológicos donde Brigitte Senut y Martin Pickford, del Instituto de Paleontología Humana de París, habían dado con los restos del Orrorin tugenensis (6 M.a. de antigüedad). El objetivo: intentar localizar utensilios no modificados de piedra (yunques y martillos) empleados, de la misma manera que entre chimpancés y humanos actuales, por los primeros representantes de nuestra línea evolutiva.
El Cascanueces recupera su honor
Ahora, nuevas noticias también procedentes de Kenia sirven para restituir, por fin, el honor arrebatado al Cascanueces de Oldupai.
En la localidad de Nyayanga, en Kenia, un equipo en el que participan Rick Potts y Thomas Plummer ha hallado herramientas de piedra de tipología olduvayense (o Modo 1) junto a restos fósiles de Paranthropus boisei.
La datación es de 2,9 Ma, lo que significa que es claramente anterior a la génesis del género Homo. Entre el material habría artefactos líticos probablemente utilizados para descarnar carcasas de hipopótamo –aparecen huesos con marcas de corte– y piedras no modificadas usadas para machacar vegetales.
Queda totalmente claro que los humanos no fuimos los primeros en fabricar herramientas.
Jordi Serrallonga Atset no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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