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Quieren levantar en suelo público un monumento al desprecio, al dolor y al esperpento.
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Vox y PP en Burgos quieren construir un toro de 300 metros de altura. Tres veces más alto que la catedral gótica que costó siglos y sangre. Tan alto como la Torre Eiffel original (312 metros). Más caro que un hospital. Más ridículo que un desfile militar con cabras. Lo llaman “icono turístico”, pero no es más que una provocación, una masturbación nacionalista financiada con dinero público.
¿Por qué no 500 metros? ¿Por qué no mil? ¿Por qué no un toro que nos aplaste a todas y todos?
Esta propuesta no es un desvarío aislado. Es la continuación lógica de un régimen que premia la brutalidad, que subvenciona la nostalgia del franquismo con traje nuevo, que convierte el sadismo ritual de la tauromaquia en símbolo nacional. En 2025, con el país empobrecido, la sanidad colapsada y las generaciones más jóvenes emigrando o medicadas por ansiedad, el Ayuntamiento de Burgos —gobernado por PP y Vox— propone dedicar suelo público a una escultura descomunal que celebra el maltrato animal y la mitología del macho ibérico.
Mientras la extrema derecha desmantela políticas sociales y los servicios públicos son convertidos en negocio privado, se propone gastar millones en una megalomanía hueca que parece sacada de una pesadilla distópica. El teniente de alcalde Fernando Martínez-Acitores (Vox) lo vende como una oportunidad económica. Como si levantar una estatua fascistoide fuera a resolver la precariedad estructural. Como si a los jóvenes les interesara un parque temático sobre tortura con forma de toro y olor a naftalina.
La Academia de Tauromaquia, tras ser rechazada en Madrid, ha encontrado en Burgos terreno fértil para su delirio.
LA CULTURA DE LA CRUELDAD COMO PROYECTO POLÍTICO
No es solo una escultura: es un síntoma. Un tumor ideológico. Una forma de violencia cultural. En lugar de destinar recursos a memoria democrática, a bibliotecas, a centros sociales, a viviendas asequibles o al rescate del medio rural, quieren levantar un monumento que recuerda —con trazo grueso y testosterona mal digerida— que este país aún no ha superado sus traumas.
La Academia de Tauromaquia que impulsa el proyecto es un lobby nostálgico, subvencionado y con poder institucional. Ya intentaron colocar el engendro en Madrid, donde fue rechazado. Ahora prueban suerte en Burgos, tierra histórica de resistencia y también de represión. No es casual: necesitan un enclave simbólico donde instalar su imaginario, donde proyectar el dominio de su narrativa.
El paralelismo es obsceno. Mientras cientos de pueblos de Castilla y León pierden población, escuelas y centros de salud, se habla de un toro de 300 metros como “revulsivo económico”. Es la versión taurina del pan y circo. La España vaciada convertida en escenario para el delirio reaccionario.
No hay informe de impacto ambiental. No hay estudio económico riguroso. No hay consulta vecinal. Solo hay propaganda, testosterona y un desprecio monumental a los principios democráticos más básicos. Porque esto no va de cultura, va de dominio. No va de arte, va de poder.
QUIÉN PAGA LA OBSCENIDAD
El presupuesto no ha sido anunciado. Sospechoso. Pero si se compara con proyectos similares, levantar un monstruo de acero y hormigón de 300 metros podría costar fácilmente entre 250 y 400 millones de euros, según las estimaciones técnicas de infraestructuras de gran altura. Como referencia, la construcción de la Torre Eiffel costó 7,8 millones de francos en 1889, el equivalente a unos 36 millones de euros actuales, y medía 312 metros.
¿Quién pagará este sinsentido? ¿Las enfermeras y enfermeros que no llegan a fin de mes? ¿Las y los pensionistas que sostienen a sus nietas? ¿Las escuelas rurales cerradas por falta de recursos?
¿Y luego qué? ¿Una pasarela para selfies taurinas? ¿Un centro de interpretación de la tortura? ¿Una tienda de souvenirs con banderillas? Esto no es desarrollo. Es una provocación. Es fango ideológico en forma de hormigón. Es una señal de hasta dónde están dispuestos a llegar para imponer su mundo.
Este país tiene más de 3.300 fosas comunes sin exhumar y una ultraderecha que en lugar de futuro ofrece nostalgia de cuero, sangre y cemento.
Y tú, ciudadana. Y tú, trabajador. Y tú, artista o docente o cuidadora. ¿De verdad crees que esto no va contigo?
No es un toro. Es una bandera clavada en lo más profundo del alma democrática.
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Horroroso
Soy de izquierdas y me gusta. El costo del proyecto es privado, todo lo que no salga de mis impuestos y tenga un carácter cultural es bien recibido. La tauromaquia es del pueblo y no tiene ideología camaradas.
Tu lo que eres es el t. del pueblo
Es una idea cojonuda y el sitio ideal sería el solar de la catedral, que ya está viejuna y habría que demolerla para dejar paso al Toro de la Modernidad
Camaradas, camaradas y camaradas, el arte y la cultura no tienen ideología.Ni la catedral de Burgos es de derechas, ni la plaza roja de Moscú era de izquierdas. Quitaros la mugre de los ojos y abrazad un proyecto que atraerá mucha gente a la que podréis tocar la flauta .
Muuuuuuuu