Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando la verdad tarda 148 días, es que alguien ha tirado del freno.
EL SILENCIO QUE PROTEGE AL PODER
Han pasado 148 días y no existe ni rastro del informe que el Juzgado 19 de Madrid pidió a la UCO sobre Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. Casi medio año para iniciar una investigación por fraude fiscal, falsedad documental y posible corrupción en los negocios. Medio año de espera para algo tan sencillo como empezar a trabajar. Medio año que coincide, de forma inquietante, con un terremoto político: la condena al fiscal general del Estado por un bulo construido desde los pasillos más oscuros del poder.
La UCO ha decidido hablar, pero no para explicar por qué no ha investigado. Habla para justificar por qué no investiga. Y para culpar a otros. En su relato, reproducido en El Mundo, son víctimas de la lentitud judicial. Según sus palabras, llevaban desde el 27 de junio pidiendo las actuaciones necesarias para empezar las pesquisas, pero el juzgado no les habría dado acceso hasta el 8 de noviembre. La lógica implícita es sencilla: no investigaron porque no les dejaron investigar.
El mensaje es más revelador por lo que oculta que por lo que muestra. Porque admiten que en 148 días no habían iniciado ni un folio de la investigación. Y lo justifican apelando a la presión institucional y a un supuesto esfuerzo por evitar brechas dentro del Estado, una expresión que describe mejor un miedo a las consecuencias políticas que una dedicación al interés público.
Mientras tanto, el caso del fiscal general se resolvió en tiempo récord, con una celeridad impropia y con un resultado que ha dejado al poder judicial bajo sospecha. En cambio, la investigación sobre el entorno de la presidenta de la Comunidad de Madrid avanza a la velocidad que conviene a quienes mandan. La justicia en España funciona, pero no siempre para quien debe.
En El Mundo, las fuentes policiales intentan equilibrar daños recordando que entregaron material al Gobierno en otros casos, como el informe sobre Santos Cerdán o la imagen de la detención del presidente de la Diputación de Almería por fraude en mascarillas. La insinuación es transparente: también trabajan contra el PP cuando toca. Un alegato defensivo que no responde a la pregunta central: por qué no investigan lo que deben investigar ahora.
UNA INVESTIGACIÓN QUE SE DESHACE EN LAS MANOS
La UCO se queja también de las críticas de la opinión pública y del PSOE. De las palabras de Patxi López, que denunció informes recortados y la falta de diligencia para investigar a las más de 400 personas que tuvieron acceso al correo que se usó para acusar al fiscal general. López habló de una investigación “sin pies ni cabeza”, construida sobre intuiciones y relatos que parecían dictados desde algún despacho.
La UCO, lejos de desmontar aquella duda, insiste en la defensa preventiva. Sostiene que investigó a todo el mundo. Que no hubo desviaciones. Que el trabajo fue impecable. Y que cualquier crítica está impulsada por intereses partidistas. El patrón es conocido por las y los jueces, por las y los periodistas, por cualquier persona que haya visto cómo opera el poder en este país: primero se niega, luego se justifica, después se culpa a otros.
El relato oficial se blinda con una referencia al perito de Delitos Telemáticos, como si un dictamen técnico pudiese borrar el olor a maniobra política que desprende todo el proceso. El problema es estructural, no técnico. Cuando la investigación contra el fiscal avanza como un rayo y la investigación sobre el entorno de Ayuso no avanza en absoluto, la asimetría deja de ser casualidad para convertirse en evidencia.
La UCO asegura haber tomado “precauciones de más”. Y quizá esa frase sea involuntariamente honesta. Precauciones para no enfrentarse al poder político. Precauciones para no irritar a quienes controlan presupuestos, ascensos y presiones mediáticas. Precauciones para no abrir una brecha en un Estado que, en ocasiones, confunde estabilidad con sumisión.
La cuestión, sin embargo, no gira en torno a la UCO como cuerpo, sino a algo más profundo: la colonización política del aparato del Estado, un mal endémico que ni la llegada de gobiernos progresistas ha logrado deshacer. Cada caso que involucra a figuras poderosas de la derecha madrileña parece atrapado en un terreno resbaladizo donde el tiempo se detiene y las diligencias se esfuman.
Mientras tanto, el ciudadano común no tiene esos privilegios temporales. Si una enfermera, un profesor, un trabajador autónomo o una persona en paro tuviera una causa abierta por fraude, ningún juzgado esperaría cinco meses para permitir que la policía empezara a investigar. La justicia, cuando quiere, corre. Cuando no quiere, hiberna.
Y aquí, claramente, no quiere correr.
No lo hace porque cada día sin informe es un balón de oxígeno para Ayuso y su entorno. Porque cada retraso desvanece el foco mediático. Porque cada semana que pasa refuerza la idea de que todo quedará en nada, como tantas veces.
Este no es un debate técnico. No es una discusión sobre protocolos. Es una cuestión de poder. Y el poder, cuando se siente cuestionado, activa un mecanismo que en España conocemos demasiado bien: retrasar, ocultar, empantanar, agotar.
No hay mayor descripción de un sistema en decadencia que un aparato judicial que se mueve con dos velocidades: una para vigilar al poder, otra para protegerlo.
La pregunta es quién romperá este círculo.
La respuesta sigue pendiente, como el informe.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir